145 Educación Física

 

 127                   Deshidratación y calor

La deshidratación en ambiente de calor durante la práctica del ejercicio físico, sobre todo si es prolongado, puede generar bajo rendimiento al someter al organismo a situaciones de estrés fisiológico. También es extrapolable a personas que no hacen ejercicio sometidas a altas temperaturas.

Durante el ejercicio físico prolongado, existe una señal que nos incita a ingerir carbohidratos cuando los niveles de glucosa sanguínea descienden. Esa señal es muy sensible a las necesidades del músculo; sin embargo, el mecanismo que nos incita a beber es menos sensible a las necesidades de nuestro cuerpo. Y el practicante de ejercicio puede llegar a deshidratarse hasta niveles peligrosos antes de que aparezca la sensación de sed. Puede perderse hasta un 10 % del volumen sanguíneo por deshidratación antes de que se sienta la necesidad de beber.

Al beber, la sensación de sed desaparece antes de que el líquido ingerido se vacíe del estómago y pase a recuperar el volumen sanguíneo ¡¡El corredor, o cualquier otra persona al borde de la deshidratación, puede dejar de beber sin haber completado su rehidratación!! Por tanto, la sed por sí misma, no es un indicador fiable para conocer las necesidades de líquido en situación de calor.

              

Deshidratarse implica que se tiene menos “refrigerante” para poder enfriar el cuerpo durante el ejercicio. Ese déficit hídrico produce una elevación de la temperatura interna por encima de lo normal; por tanto, el ejercicio prolongado en un ambiente caluroso sin la adecuada rehidratación implica un déficit de líquido corporal con el consiguiente incremento de la temperatura interna debido a una reducida capacidad de disipar calor muscular. 1

El calor producido en el músculo durante su contracción es transferido a la sangre. Y la sangre que regaba al músculo termina llegando a la piel; y desde ésta, disipa el calor al ambiente externo. Un incremento del calentamiento de la sangre hace que se pongan en funcionamiento reflejos que permiten aumentar el flujo de sangre a la piel y se produzca la sudoración. El calor corporal se elimina con la evaporación del sudor.

El ejercicio físico con calor provoca pérdidas de plasma sanguíneo que obliga al sistema cardiovascular a realizar ajustes para reducir el flujo sanguíneo a órganos que no utilizan mucha sangre durante el esfuerzo, como son los riñones o el hígado. La sangre se traslada con preferencia a la circulación cutánea para disipar el calor.

La pérdida de fluido corporal que provoca el sudor durante el ejercicio afecta a todos los sistemas orgánicos y, en última instancia, al sistema metabólico y al rendimiento deportivo, puesto que este proceso requiere agua corporal.

Durante el ejercicio prolongado en el calor, por encima de 20 minutos, la frecuencia cardíaca aumenta, aunque la intensidad del esfuerzo se mantenga. Eso se denomina deriva cardíaca; y tiene como consecuencia una disminución del volumen de sangre que sale del corazón en cada latido. La deriva cardíaca también está producida por una reducción del volumen de sangre que se tiene en circulación debido a la pérdida de dicho volumen a consecuencia de la deshidratación.1

     Cuando el deportista llega a sudar hasta un 4 % de su peso corporal –2,8 kg para un atleta de 70 kg–, la pérdida de líquido provoca una reducción del flujo sanguíneo al músculo protagonista de la actividad coincidiendo con una reducción de la presión sanguínea… y la aparición de la fatiga.

El sistema cardiovascular es muy sensible a la pérdida de líquidos. Los efectos perniciosos de la deshidratación en el sistema cardiovascular durante el ejercicio son bastante evidentes: disminuye la presión de llenado del corazón, así como el volumen sistólico; y aumenta la frecuencia cardíaca y la viscosidad de la sangre.

La deshidratación, por ligera que sea, afecta al funcionamiento del sistema de disipación del calor –sistema termorregulador–. Así mismo, la pérdida de líquido a través del sudor retrasa el tiempo en el que el deportista comienza a activar el mecanismo del sudor para eliminar el calor generado en el ejercicio. Por último, la deshidratación también afecta al ritmo de utilización de carbohidratos como fuente de energía.

Se conocen tres grupos de personas practicantes de ejercicio físico que tienen mayor riesgo por intolerancia al calor: las mujeres, los deportistas veteranos y los niños.

Las mujeres, por su menor tasa de sudoración y mayor superficie corporal; los deportistas veteranos, debido a que el envejecimiento disminuye la tolerancia al calor y la percepción de sed; y los niños, debido a la inmadurez de sus mecanismos de regulación del calor. 1




 Francisco Sáez Pastor

Universidad de Vigo


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