MODÉLICAS ELEMENTALES ESCUELAS DE LA VERDAD
La Escuela, si lo es, trabaja los tres valores cósmicos que llama transcendentales: la verdad (razón pura en Kant), la belleza (juicio en Kant) y la bondad (razón práctica en Kant). Llevará de calle los tres.
Pero en nuestra Escuela la verdad va por delante de los otros dos valores. Tiras de la verdad y se te viene la belleza y el bien en el mismo racimo.
Nuestra vieja Escuela, cuando de verdad era Escuela, empezaba por enseñar a sus alumnos a leer, a escribir y a hacer cuentas. Con el estudio del Catecismo que se aprendía en la Escuela y el Refranero que se aprendía en casa y en la calle era más que suficiente para que la Escuela hiciera de sus alumnos, personas. Luego, buscaría ir más lejos, no mucho más.
Aprender a leer la verdad de...
La Escuela en el aprendizaje de la lectura no se contentaba con su dominio mecánico, primer paso; el alumno iniciado en la lectura se enteraba de lo que estaba leyendo, segundo paso; se le hacía pensar en lo que el autor había querido transmitir con su escrito, tercer paso; y en el mejor de los casos, cuando el contenido de la lectura tenía alma (caso del Quijote) en adelantarse hasta cuatro siglos (los que se necesitaron para entenderlo medio a fondo) y verlo por dentro, en su realidad y verdad, la suya, la cierta.
Aprender a redactar, en verdad
Para su trabajo de la redacción la Escuela enseñaba a escribir, a llamar a las cosas por sus nombres, a aplicarles el calificativo que les cuadraba y a dar con el verbo que les iba, primer paso; partiendo de la observación del entorno, se pasaba a las primeras redacciones (el río cantarín avanza; el puente romano sigue en pie; el pan candeal alimenta; las golondrinas rápidas planean; me encantan las uvas moscatel), segundo paso. En pasos sucesivos se aprendía a escribir, redacciones breves, con la objetividad de los científicos (enfoque objetivo), con la fantasía de los fabulistas (enfoque directo o fabulador) y con la creatividad de los poetas y escritores (enfoque intimista). Si el alumno seguía en la Escuela pasaría a redactar su primer ensayo previo al universitario, tras pasar por el trabajo de tres estilos: detallista, significativo y creacionista (que, paralelos, venían a ahondar los tres enfoques anteriores).
Cuentas y problemas, en triunfo y certeros
Catecismo, refranes y poco más, verdad en marcha
Con
el Catecismo, que de memoria llevábamos grabado a fuego, podíamos
respondernos sobre las más hondas preguntas que se hacen los
humanos. El Refranero ayudaba.
Si con el tiempo nos metía la Escuela en otros berengenales de asignaturas, lo hacía ahondando o creando cielos altos siempre desde el leer en verdad y a fondo, el redactar con estilo personal, las cuentas en triunfo, el catecismo feliz, para los grandes temas, y poco más.
"Quien planta encinas y cedros ha de consolarse pensando que darán sombra sobre su sepulcro, él mismo no verá más que flacos principios”
Holzner, J. Historia de San Pablo, heraldo de Cristo, Herder

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