NÚMERO 140. AÑO XVII
Nuestra Escuela JUEGA
Nuestra Escuela (σχολή, sjole, -schole, escriben quienes no tienen jota con sonido jota en su lengua-) plenamente es lo que su etimología dice: ocio, tiempo libre, contemplación.
A la Escuela, como en los tiempos de Grecia y Roma, lejos de trabajos manuales, se viene a jugar.
Que nadie se escandalice. Se viene con la actitud que el juego tiene en la infancia. Se viene a sometere a la disciplina de seriedad que exige el juego infantil. El juego para el niño es seriedad y aprendizaje.
En el juego toma la actitud de aviador, que no es. Su juego infantil es un “como si”.
Jugará como si las cosas fueran lo que no son: como si él fuera ya padre que trabaja y su hermanita, como si ella fuera una madre que amamanta a su muñeca.
El niño, de suyo, no hubiera creado el juguete. El juguete le roba poesía, lo que las cosas tienen y él descubre. El niño de suyo es serio. El juguete se parece a lo hecho, a lo acostumbrado, a ser lo que es. Con dificultad se puede hacer de él lo que no es, pues que ya es lo que es: muñeca que ríe, habla y hasta suda o tren que silba, se detiene, enciende sus luces…
Poco a poco, pasada esta primera etapa que parece más lúdica, en el Colegio el niño sigue jugando. Juega de otra manera. No se va a contentar en nuestra Escuela con entender las nociones de las cosas, a estar de acuerdo con ellas y a hacerlas suyas: no descansará hasta dominar los elementos de las cosas, combinarlos, barajarlos y jugar con ellos.
Su aprendizaje en nuestra Escuela se lo hemos trazado para tres etapas: noción, asimilación y juego.
Colegio que no alcanza esta tercera etapa, que no juega, no es colegio. Queda apuntado. Si se precisan explicaciones, se darán.
MAGISTERIO |
DE NUESTRA ESCUELA
1 Lengua y Gramática son dos cosas diferentes. La lengua es un arte. La Gramática, una ciencia.
2 Las ciencias exigen observación, estudio e investigación. Las artes, además de observación, piden práctica constante y lograda.
3 La Gramática debe seguir al uso y no el uso a la Gramática, como la descripción botánica a la planta y no la planta a la descripción botánica.
4 La Gramática, ciencia difícil y abstracta, creada después de la lengua , debe ser enseñada después de ella (Spencer).
5 La Gramática ha de aprenderse a partir de la lengua y no la lengua a partir de la Gramática.
6 Para nosotros la Gramática apenas debería trabajarse en la Escuela primaria. En la Gramática hay muchos puntos que no son accesibles a la inteligencia de la primera edad. Esto lo decía ya Andrés Bello, que además de ser gramático era maestro.
7 Nos place el verbo “desgramaticalizar” aplicado a la Escuela actual. Hicimos una campaña en esta dirección. Con escaso éxito.
8 Muchos profesores optan por la mecánica de la sintaxis. Les asusta el vuelo de espacios abiertos de la lengua y de la literatura, en los que han de crear.
9 Si la práctica de la gramática no desemboca en que el alumno aprecie el valor psicológico y la fuerza intelectual y moral de la palabra, es que erró su camino.
Maestro. Profesor de Lengua y Literatura.
Emérito UCJC
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" Salido el sol por oriente
de rayos acompañado"
Baltasar del Alcázar, siglo XVI. Su modo de vivir en la vejez ________________
EL MAESTRO RURAL
El maestro era viejo. Ya se había curtido
en hermosas tareas de alfarero infantil,
pero aún conservaba su corazón florido
como las dulces flores de junio, mayo, abril.
El maestro era sabio. Rodeado de cuentos
le habían visto siempre lleno de soledad,
esa dama pendiente que ofrece los momentos
más sutiles al hombre de la tercera edad.
El maestro era noble, placentero, idea.
Se llevaba a los niños a las eras verdosas
con un libro de versos de Gabriela Mistral
y allí les enseñaba los lirios y las rosas.
El maestro era bueno. Como el sol. Como el pan.
En su frente volcada sobre la mesa inquieta
acumulaba frases de Cristo y de San Juan
que le daban un aire de bíblico profeta.
El maestro era antiguo, tan antiguo y potente
como las esculturas de la Grecia de Atenas
modeladas a golpes de lisura insistente
en claro y duro mármol de veteadas venas.
Las madres le recuerdan con una agenda enana
y un boli azul y rojo apuntando los nombres
de sus hijos, los árboles, la luz de la mañana…
el trabajo estevado del campo de sus hombres.
Aquel que les hacía escribir y soñar
sigue en pie y peina canas muy blancas y muy lábiles,
y al borde la de la escuela, con un hondo penar,
recuerda los esfuerzos de sus alumnos hábiles.
Adiós, adiós al mundo, dice el maestro, adiós.
Que os vaya bonito, que me dejéis tranquilo.
Solo confía en uno: en el Supremo Dios
que le tienda la mano, la eternidad al filo.
El maestro evocado era sabio, era bueno,
era viejo y paciente, era muy natural,
era limpio y creyente, era humano y sereno…
era, pero no es… ¡el maestro rural!
Estación Términi
APULEYO SOTO PAJARES
Maestro, poeta, periodista, juglar
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por agua, blando y caliente "
Baltasar del Alcázar, siglo XVI. Su modo de vivir en la vejez _________
Max Scheler nos enseñó una teoría preciosa por la que cuanto hacemos, por modesto que sea, puede llevar en su entraña el más alto vuelo. La cosa más humilde como es el hecho de alimentarse una tarde para merendar con pan y chocolate puede llevar encendida en su propósito un aliento de inefable misterio. Podemos cumplir en ella el lema de Paul Claudel (“Ne impedias musicam” tomadas sus tres palabras del inicio de un salmo de la Biblia. El versículo advierte que no se haga ruido, que se va a cantar un salmo. No es momento de mostrarse revoltosos ni de alborotar. Que suene y que se oiga solamente su música y su letra) de no impedir la música de las esferas en vertiginoso vuelo dentro del Cosmos, de concordar con ella. Que “suene de continuo”, como le dice Fray Luis de León a su amigo el músico Salinas, catedrático como él en la prestigiosa Universidad de Salamanca.
Y es que si disparamos los fines y en detalle el merendar, lo hacemos con el fin inmediato de alimentarnos; y si nos alimentamos, lo haremos con el fin de estar físicamente sanos; y si queremos estar sanos, será porque nuestra mente esté despierta y despejada, y esto lo queremos como medio para el fin de que salte nuestra intuición y podamos percibir la armonía que producen los astros en su danza por el Cosmos, con los que vamos a sintonizar; y si damos un paso más, daremos con su Todopoderoso y Hermosura Soberana, el Creador: hemos puesto una inspiración espiritual de alto vuelo en el modesto hecho de merendar. Por donde los prosaicos mordiscos que le estamos dando al pan y a las onzas del chocolate de nuestra merienda cumplen con una aspiración de armonía cósmica, y en último caso, nos zambullen en el Misterio de la Real Creación.
De hecho, las finalidades, escalón a escalón, definen nuestro estilo y forma de estar en este mundo.
El animal no es capaz de subir esta escala. Es naturaleza. Nosotros somos libertad. El hombre es, a diferencia del animal, el inventor y autor de su propia vida, responde de ella. Esto quiere decir que, cuando hacemos algo –y vivir es siempre hacer algo–, imprimimos a todo lo que hacemos una finalidad, una determinada modalidad peculiar que la naturaleza misma no nos enseña, sino que se deriva de nuestra personal participación en el espíritu, en las finalidades de nuestros pensamientos, imágenes y hechos.
Y a esto es a lo que llamamos estilo. El estilo es la imagen ideal del ser humano que quisiéramos ser. Somos lo que somos, pero, en último término, nos define el ser al que aspiramos, el estilo. Por ahí se nos conoce a fondo, por el aliento que en nosotros es suspiro, anhelo. De eso podemos presumir, con razón que nos sobra.
Esa imagen, transcendente e inmanente al mismo tiempo, esa imagen invisible, pero presente en todos los momentos de nuestra vida, ese nuestro «mejor yo», que acompaña de continuo a nuestro yo real y material, que está siempre a nuestro lado, en todo acto nuestro, en todo esfuerzo, en todo pensamiento y obra, imprime la huella de su ser ideal a todo lo que hacemos y producimos: es el estilo, nuestro estilo, el que nos caracteriza.
Un paso más. Cuando conviven juntos en intimidad de vida muchos hombres, durante algún tiempo, y entre ellos cuaja una como coincidencia esencial en las preferencias absolutas y los ideales humanos concuerdan en ciertos rasgos generales, entonces está latente y actuante un estilo colectivo.
En uno de nuestros casos, el estilo español, único en el orbe, y el estilo de educador de la Institución Educativa SEK o el de las Escuelas Cristianas de La Salle.
Por eso, todo cuanto hacemos tiene estilo. En cada profesor individual podemos, pues, descubrir siempre su estilo propio, el sello de ese auténtico aunque oculto ser, que se refleja en todo lo que el hombre real hace y produce, desde el gesto, el ademán y el porte del cuerpo y, también, un estilo colectivo de hablar y de actuar.
El filósofo que llevamos dentro continuamente va plantando fines a nuestros comportamientos personales y singulares y fines como educadores dentro de la institución desde la que servimos a la Sociedad, en la que navegamos y, con ello, vamos dejando una estela detrás de nosotros, nuestro estilo, mientras navegamos por los altamares de nuestra existencia personal y colectiva.
CARLOS URDIALES RECIO
Maestro, coordinador de Teoría del conocimiento
Emérito UCJC
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"con dos tragos del que suelo
llamar yo néctar divino”
Baltasar del Alcázar, siglo XVI. Su modo de vivir en la vejez ________________
Seguimos pensando que bien recorrido el camino sistemático y variopinto de nuestro "Sistema Redacta" terminará en el poblado del estilo personal que, si nos interesa su inmediato logro como redacción, nos interesa más como final estilo de la Escuela y de la persona.
Pasamos a los enfoques
En nuestro proceso de aprendizaje de la redacción, después de haber hecho reiterados y suficientes ejercicios de enumeración, pasamos a lo que nosotros llamamos etapa de los enfoques.
Los abordamos de distintas maneras. Los aprendices han de variar y con frecuencia encontrar un juego nuevo. Por eso, si insistimos en las enumeraciones, la calidad literaria ya es otra. Ahora les pedimos que la amplíen o que la condensen, que le encuentren sus sinónimos o antónimos, que hiperbolicen el texto o que lo normalicen, que lo llenen de admiraciones o de sensaciones no visuales, etc.
Los enfoques que vamos a trabajar son tres: el objetivo o científico , el fabulador o director y el intimista o subjetivo. Hemos abierto el abanico del todo, no precisan más. Los tres abrazan la etapa del aprendizaje de la expresión escrita. El aprendiz que busca su estilo ha de pasar por lo que de ningún modo considere tres horcas caudinas, sino tres portalones que van a dar a todo el horizonte posible de la redacción:
Ejercitarse en mentar las cosas como las define el diccionario, las expresa el científico riguroso, como las cosas son a los ojos de un observador exacto y certero. Enfoque científico.
Ejercitarse en hacer hablar a los animales y a las cosas desde nosotros, en primera persona, como hacen los fabulistas. Hablan ellos, no nosotros. Enfoque directo.
Ejercitarse en los resplandores que el objeto de la redacción nos proyecta sobre el espejo de nuestra percepción subjetiva. Enfoque intimista.
Los tres enfoques vienen a ser tres tipos de ejercicios gimnásticos de estilo que abrazan.
Una persona que pretenda escribir con algún estilo, de una u otra forma ha de pasar por estos tres enfoques.
(Enfoque científico) Precisión de las verdades que emita (corrección, persona de palabra).
(Enfoque directo) amabilidad en el diálogo (flexibilidad de horizontes, todo le habla) y ella escucha.
(Enfoque intimista) fondo que alegre, vivifique y no aburra en su derredor (caballero o dama español, hechos y derechos).
Su práctica le vendrá como anillo al dedo para el estilo de persona que deberá serle natural.
CARLOS URDIALES RECIO
Maestro. Profesor de Lengua y literatura
Emérito UCJC
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“a quién otros llaman vino
porque nos vino del cielo”
Baltasar del Alcázar, siglo XVI. Su modo de vivir en la vejez __________________
AFDACUARELA FEBRERO, 2026
Un lugar pisado por mí muchas veces sin que haya descubierto su belleza y sin haber experimentado la transparencia y los matices de sus colores de invierno. Son esos sitios a los que no hemos considerado paisajes hasta que un día, un instante tan solo, descubrimos algo que penetra en nosotros y, sin saber muy bien qué, permanece como un sentimiento imborrable, íntimo.










