* Tot lumina, tot limina

9/30/2026

NÚMERO 145

       NÚMERO 145.  CURSO XVII  

OCTUBRE,  2026


 

VOLVER A LA METAFÍSICA DEL 


SENTIMIENTO DE HAECKER


Aprendimos en Eugenio d´Ors a ver la Literatura, el Arte y la Historia sometidos al vaivén sucesivo de épocas clásicas y de épocas barrocas. Para nuestro maestro al eón barroco se le opone y sucede el eón clásico. A una época clásica le sucede en el tiempo una época barroca o romántica (siendo esta una variedad del barroco) y a la inversa.

Quizá no hemos pasado del Romanticismo del siglo XIX y en él aún estamos, aunque en otra honda.

Como quiera de dónde vengamos, lo que no nos cabe duda es que estamos entrando en una época en la que predomina el sentimiento sobre la idea, los valores afectivos sobre conceptos, juicios y razonamientos; la gaita sobre la lira; la música y la palabra subjetiva frente a la geometría y la matemática.

Previamente, tenemos claro que el bien y el mal se relacionan directamente con la voluntad y que lo verdadero y lo falso se relacionan adecuadamente con el pensamiento, que es su domicilio.

Nos estamos preguntando: El sentimiento, ¿dónde habita?

Sabemos que la inteligencia y la voluntad miran hacia fuera, tienen frente a sí un objeto hacia el que marchan. Mientras que el sentimiento se queda en casa, apunta al ser, a su inquieta superficie o, si desciende, lo hace a la movediza profundidad del ser. La felicidad es su “forma”.

Hay colegios, por ejemplo, que se proponen como meta final de su ideario educador el hacer felices a sus alumnos. La miopía pedagógica en estos casos es letal para ellos y la Sociedad y, de algún modo, no hace sino dejarse llevar por el nuevo viento que sopla en nuestra época.

Quizá, por eso, y para empezar nos sería excelente preparación el volver a leer la “Metafísica del sentimiento” de Theodor Haecker que manejamos en nuestros años de magisterio. Estudiarla a fondo y, orientados, saber hacia dónde mirar, en esta nueva era: el domicilio en que hemos de vivir: pensar, sentir y querer. 



Menudencias significativas, cargadas de estilo



NO PARA LA ESCUELA 


SINO PARA EL ESTILO



Descúbranse y abrácense en la Escuela y mímeselas en la propia casa.

En estas, el hogar familiar (heim) en el mejor de los casos es acogedor (heimlich) y siempre, patria (heimat).

Por más que se haya nacido en un hospital, la propia casa es, contra toda evidencia, en la que se ha nacido al ser que uno es y se está naciendo al ser que uno adviene, de acuerdo con la distinción que considera al hombre como ser y como, tras estar siendo, llegar a ser.

El niño encuentra descanso en su casa, es más él. Encuentra el apoyo más seguro entre los suyos, con ellos se ensambla mejor. Allí le quieren, le escuchan, le dirigen, hasta le riñen, le van a defender, los suyos son suyos, cuenta con ellos.

Hasta lo inanimado adquiere en su casa sangre familiar. Quizá, el calor del hogar ha caldeado el chirrido estridente de la puerta del aparador, los flecos verdes de la lámpara del pasillo, el sofá callado, el grifo que a ratos gotea… Idéntica sangre circula por las mil venas invisibles de las cosas menudas e inimportantes: vocabulario propio, dicción propia, oraciones, canciones, cuentos, relatos, juegos, expresiones, anécdotas…

Estas insignificancias transportan el heim, significándolo, lo representan y lo crean. En el hogar, en su casa, el hombre es más él mismo. Lo que en él hay de más sustancial se reafirma. Se le dispara a borbollones una alegría de la propia esencia ante todo lo que le resulta familiar (heim). En todo se prolonga su ser, todo le es menudo espejo de su yo. 

Por todas estas insignificancias se le instala un estilo de vida propio, con raíces de heim. Vienen a ser esas menudencias signos sensibles, como los sacramentos, de realidades invisibles, recias y eficaces que abrazan al hombre por entero.

Y lo que se dice de la casa, del propio hogar, del heim, ha de llevarse a la escuela. Si la escuela no ha de estar de espaldas a la casa es porque no ha de estarlo a la vida.

Este es otro cantar, pero lindo y estiloso, también. Quede para un próximo artículo.

 
 

                                        CARLOS URDIALES RECIO

Maestro. Profesor de Lengua y literatura

Emérito UCJC

  



CARTA AL RECTOR DE LA CELA



En esta carta solo se pretende presentar el blog AFDA


 

Mi querido rector, Jaime Olmedo:

Solo pretendemos presentarle el blog AFDA.

Lo publicamos un grupo de personas que tuvimos la suerte de prepararnos para nuestro magisterio, pasión de nuestra vida, en una auténtica Escuela de Magisterio.

Allí se nos abrieron los ojos a la Educación. La vimos por dentro. El trabajo en diversos “centros de estudios” durante años nos confirmó en lo aprendido, nos hizo crecer en el magisterio y hacerlo poderoso en nosotros.

No hablamos el lenguaje de hoy. Pero, somos conscientes de que hoy la batalla de la educación vive en una nueva etapa en la que el sentimiento es su centro y en la que se patina sobre superficies sin descender al fondo de la caverna de Platón. En esa psicodialéctica estamos. 

Antepusimos la verdad y la realización de nuestros educandos a toda consideración, seguimos a los clásicos (que abordan almas, esencias diría Platón), y, por ello, algo aún tenemos que continuar pronunciando desde AFDA. Es lo que intentamos hacer. 

La Cultura y la Sociedad que no dan voces nos lo exigen. 

Exigencia que intenta cumplir el blog AFDA: que el alumno que llega a nosotros siga haciéndose las preguntas últimas y de cerca del filósofo con el que en su interior vino a este mundo.

 

 

Anselmo Duque de Aza  

  Maestro. Profesor de Escuela de Magisterio

 


Aspirantes a cultores


A nosotros como maestros nos define la Cultura, no precisamente como logro (¡ya quisiéramos!) sino como aspiración.

En la batalla por la Educación y la Cultura ya nos encantaría ser caballeros con caballo batallador. Nosotros no pasamos, la gran mayoría de nosotros, de infantes, de infantería de a pie: arma al brazo y en lo alto las estrellas.

La mayoría de nosotros, maestros y profesores, no ha llegado a la Sabiduría, por más que frecuentemos los libros sapienciales del Antiguo Testamento y nos embelese el sermón de la Montaña, semilla de los cuatro Evangelios del Nuevo.


No pasamos de lo que etimológicamente es un filósofo (f
ílos (φίλος), que se traduce como “amigo” o “amante” de la sophía (σοφία): meros aspirantes a la Sabiduría, cultores suyos, personas que la anhelan, la quieren y la buscan. Pero que todavía no llegaron a ella. Estamos solos en su camino, por más que nos sigan en la marcha y en su búsqueda una turba de alumnos que van acostumbrando sus ojos a la luz temprana de su amanecer.

La Sabiduría y su avenida la Cultura para nosotros y para nuestros alumnos no es el camino que hemos hecho sino el camino de lo que queremos encontrar. En el hoy de hoy, nos define no lo que efectivamente somos sino lo que queremos ser. Eso define nuestra intimidad profunda. Nuestra voluntad de ser es la definición más propia de nuestro ser y la de los nuestros que nos siguen. No lo que hemos sido, sino lo que ayer quisimos ser, lo que venimos anhelando y hoy queremos ser.

Con esta azada cavamos por destapar de su ocultamiento y de la noche en que duerme en oscuridad la Cultura, en búsqueda de la Sabiduría. Ese es el voluntario paraíso que queremos habitar. Eso cultivamos. De cultores, como maestros, no pasamos, pero su aspiración nos define del todo y por entero.

          

CARLOS UDIALES RECIO

Maestro. Profesor de Escuela de Magisterio

Emérito UCJC


  

TOT LUMINA, TOT LIMINA , 

id est


Descubierta la nueva estrella de
 una verdad, contaremos con ella en adelante. Nos pondrá en marcha.

Descubierto un nuevo mundo, iluminados por su existencia, lo habitaremos nosotros, nos instalaremos en él. Será nuestra nueva frontera. No lo abandonaremos. “Todo lo bueno es nuestro” (Virgilio).

Encendida una antorcha, donde alcance su luz, se señala el nuevo umbral que ha de pisar en adelante nuestro pensar, sentir y querer.




                                 AFDACUARELA                        octubre, 2026 


TEÓDULO G. rEGIDOR

      Se acerca el otoño

En el ciclo de las estaciones ha llegado el otoño… El final del verano ya nos ha avisado de que aquel verde que hizo bella la primavera se convertiría ahora en dorada belleza otoñal. Seguimos con una pequeña ventana abierta a la naturaleza. Cada acuarela –de hace tiempo o reciente- quiere ser un grito ecológico a favor de una naturaleza limpia, no contaminada ni expuesta a su deformación por intereses espurios, cuando no por prácticas devastadoras.   





5/31/2026

NÚMERO 144

NÚMERO 144.  AÑO XVII  

JUNIO,  2026 

 

   NUESTRA ESCUELA SE ADENSA EN SOLITARIO


 En la decadencia general del mundo, de Europa y de España ¿que podremos hacer nosotros, los que no tenemos más voz que la que nos dan las aulas de los colegios a los que acuden niños y muchachos aún no formados. Nos escuchan unos infantes que, por etimología, ni hablan. Al parecer solo predicamos en el desierto, para la arena y las pirámides que, desde que se plantaron, aguantan las tonterías que dicen los guías de turistas y callan, mudas y sordas. El desierto nos atraviesa, en él no hay manera de permanecer.

La pedagogía como ciencia universal, lenguaje que se habla hoy con palabras hechas, está por crearse, está por hacer. Ha habido intentos sueltos en la noche de los tiempos, logros parciales, maestros de una pieza, que llevaban a sus espaldas toda una tradición de cultura.

Tecnológicamente los humanos hemos avanzado mucho, pero moralmente somos un desastre como grupo y como sociedad; uno a uno, desastres, que ya apenas si tenemos conciencia de esta decadencia general.


¿Se puede hacer algo? Sí y mucho, si “el resto” (semejante al “resto de Israel” de que habla la Biblia) que queda de España, se pone en pie, se adensa en cada persona y surge en cada uno de nosotros, los que seamos (pocos, para empezar, luego muchos), al hidalgo que como españoles llevamos dentro y a la matrona española sin par que eran nuestras abuelas. Preguntad a los más viejos.

Es preciso volver a dibujar en el interior de cada uno al español que nos tocó en herencia. En el interior y por fuera, la pieza entera.

Habrá que recordar a Unamuno en la introducción de su Vida de don Quijote y Sancho. Lo que allí nos dice es muy seguro:


Ponte en marcha, solo. Todos los demás solitarios irán a tu lado, aunque no los veas. Cada cual creerá ir solo, pero formaréis batallón sagrado: el batallón de la santa e inacabable cruzada.

 


MAGISTERIO


                          Maxima debetur “linguae” reverentia
                                               

          NUEVE  AXIOMAS DIDÁCTICOS

          DE NUESTRA ESCUELA


 9  La declamación


1 En nuestra Escuela se trabaja la declamación y la elocuencia. Con la primera recitamos casi solo versos y con la segunda predominantemente hablamos prosa. Las dos nos importan para la formación personal y social del alumno.

2 Tanto en la declamación como en la expresión oral buscamos una pronunciación clara y correcta; la cadencia exacta en la entonación de una frase y el hacer danzar las sílabas con el ritmo interno de cada palabra y de su conjunto en la frase.

3 De ordinario, con textos clásicos, pretendemos fortalecer el personal pensamiento del alumno, afinar su sensibilidad natural y romper la timidez inicial del aprendiz.


Cicerón en el senado

Demóstenes

                       

4 Cinco elementos llevamos de calle: a) la recta pronunciación, b) la conveniente entonación, c) el sentido del ritmo, d) la expresividad del gesto y e) la compañía de una actitud corporal adecuada.

5 Las poesías que elegimos son clásicas y a la vez populares: de ritmo regular, bien marcado, con pausas parecidas, rima pegadiza y una línea melódica estable. De menor a mayor dificultad, según edades y aprendizaje.

6 Hay versos que han escrito los poetas que nos van como anillo al dedo y prosas que nos parecen trajes cortados a medida para mejor vestir al declamador. Anillo que se han de poner los aprendices y ropa con que vestirse a diario: repetir y repetir, hacerlo suyo.

                            

 

7 Toma en serio la declamación quien la vive por dentro, quien sale del personaje que es y se enfunda en otro valioso. Algo se va a llevar a su casa del otro cuando vuelva a ella.

8 Apréndase de memoria el texto que se va a declamar: el esfuerzo no ha de gastarse en recordar sus palabras sino en su mejor interpretación.

9 Conocer la biografía del autor, las circunstancias en las que compuso su texto y otros datos de su creación, ponen alas al vuelo de la declamación.



                 CARLOS URDIALES RECIO

  Maestro. Profesor de Lengua y  Literatura 

Emérito UCJC






                  

        
             NON SCHOLAE SED STILI

                  No para la Escuela sino para el estilo (9)

              

         Subiendo la escala de Max Scheler


En el último año de nuestra Escuela de Magisterio a los alumnos se nos sugirió la idea de realizar un trabajo a fondo de investigación y precisión. No se nos obligaba. Y tres de nosotros, optamos por uno de los temas sugeridos: “La Escuela lasaliana, escuela para la vida”.


Entre los libros que manejamos uno de ellos era “La Filosofía, hoy” de M. F. Sciacca. Allí encontramos algo que nos marcó ya de por vida y habría de marcar nuestro magisterio inmediato.

Fue como el manto que dejó caer el profeta Elías, en beneficio de Eliseo, tras el arrebato del carro de fuego que lo sacó de este mundo.

En adelante nuestra vida tendría una capa con estrellas, que cubriría toda nuestra existencia futura con un nuevo Estilo y sería una bandera para nuestro magisterio inminente.

El Director de la Escuela, que alentaba y “dirigía” nuestro trabajo, al terminarlo nos dijo que con él habíamos aprendido tanto o más que con la totalidad de las materias del curso. Era cierto.


Lo que encontramos en La Filosofía, hoy, fueron unos agudos análisis de páginas sugestivas de Max Scheler, sobre los valores, su jerarquía y su realización.

En concreto, nos entusiasmó la idea de que el acto más humilde y sencillo de la vida diaria podría dispararse hacia el Absoluto y convertirse en un homenaje perenne a Dios. Toda nuestra persona, sus pensamientos y actos, en el fondo, podrían ir cargados de una inspiración religiosa. Bastaba conque desde el grado ínfimo de los valores al realizar un valor positivo aspiráramos a la realización del valor inmediatamente superior y, siguiendo la escala, ir ascendiendo, de valor en valor, sucesivamente, hasta su cima: los valores religiosos.

Sería una manera de recoger todas las articulaciones de nuestra conciencia en una sola conjunción de voces, de infinitas tonalidades -música polifónica-, que vibrarían desde cuerdas vocales diferentes, pero coincidentes todas en su destino final, Dios.


A través de las cosas más inferiores y acostumbradas serviríamos al Altísimo. Saboreando un café, dando los buenos días, cediendo  el paso… explicando un verso de Lope, (lo que hermosearía el orbe, nos dispondría a favor de los clásicos)….; todo, completamente todo, podría hacernos mejores caballeros cristianos, prestos a serlo…: nuestro mañanero sorbo de café iría cargado desde su modesta acción de una inspiración religiosa. ¡Fantástico!

Entonces entendimos lo que en el ambiente de aquellos años se nos repetía de que “el hombre es portador de valores eternos”.

                                                                             CARLOS URDIALES RECIO

Maestro. Profesor de Lengua y literatura

Emérito UCJC

Corolarios

Primer colorario

El gran estilo venía a vestirnos a nosotros con un manto de estrellas que nos regalaba Max Scheler en 

el texto de Sciacca.

Segundo corolario

Max Scheler y el filósofo de Génova, M. F. Sciacca, en adelante serían amigos nuestros..

Tercer corolario

La existencia nuestra (y pronto la de nuestros alumnos) volvía a saltar desde el estilo al gran estilo.

                                                            







Servimos a un Señor que no se nos puede morir. 

En esto estamos en línea con el duque de Gandía, marqués de Lombay, grande de España 

y III General de la Compañía de Jesús, Francisco de Borja.

Que no se nos diga que hemos de ponernos a tono con los tiempos, 

porque contestaremos que los tiempos se pongan a tono con nosotros. La IA al servicio de la IN, por de pronto.

Nosotros hace tiempo que plantamos nuestros pensamientos y amores no sobre el césped que ha visto marchitar tantas primaveras; 

lo tendimos , como líneas sin peso y sin volumen, lanzados al ámbito eterno, 

a la Límina donde cantan los números su canción exacta y permanente.

No podemos ni queremos renunciar a Platón, a santo Tomás, al de Cusa, a Amós Comenio 

ni a La Salle, ni a Quevedo, ni a Calderón, ni a Unamuno, ni a Benedicto XVI… 

Indigentes y pordioseros de la Cultura, hace años que nos arrimamos a ellos

 y en su pelotón marchamos, a nuestro corto y modesto paso, pero nuestro, 

fascinados enteros por su Lúmina.




 AFDACUARELA                            juniO, 2026

                                                  TEÓDULO   


Tierra y cielo

Sin llegar a los “excesos” del Land Art o Arte de la tierra, que utiliza materiales naturales como tierra y rocas para modificar o “acercar” el pasaje -y para generar fuertes sensaciones-, y sin desear “la fusión de lo terrenal con lo celestial” que dicen los expertos… esta sencilla acuarela -sin árboles, sin ríos, sin casas- pretende hacer sentir la austera belleza de la tierra y el cielo.