NÚMERO 145. CURSO XVII
VOLVER A LA METAFÍSICA DEL
SENTIMIENTO DE HAECKER
Aprendimos
en Eugenio d´Ors a ver la Literatura, el Arte y la Historia
sometidos al vaivén sucesivo de épocas clásicas y de épocas
barrocas. Para nuestro maestro al eón barroco se le opone y sucede
el eón clásico. A una época clásica le sucede en el tiempo una
época barroca o romántica (siendo esta una variedad del barroco) y
a la inversa.
Quizá no hemos pasado del Romanticismo del siglo XIX y en él aún estamos, aunque en otra honda.
Como quiera de dónde vengamos, lo que no nos cabe duda es que estamos entrando en una época en la que predomina el sentimiento sobre la idea, los valores afectivos sobre conceptos, juicios y razonamientos; la gaita sobre la lira; la música y la palabra subjetiva frente a la geometría y la matemática.
Previamente, tenemos claro que el bien y el mal se relacionan directamente con la voluntad y que lo verdadero y lo falso se relacionan adecuadamente con el pensamiento, que es su domicilio.
Nos estamos preguntando: El sentimiento, ¿dónde habita?
Sabemos que la inteligencia y la voluntad miran hacia fuera, tienen frente a sí un objeto hacia el que marchan. Mientras que el sentimiento se queda en casa, apunta al ser, a su inquieta superficie o, si desciende, lo hace a la movediza profundidad del ser. La felicidad es su “forma”.
Hay
colegios, por ejemplo, que se proponen como meta final de su ideario
educador el hacer felices a sus alumnos. La miopía pedagógica en
estos casos es letal para ellos y la Sociedad y, de algún modo, no
hace sino dejarse llevar por el nuevo viento que sopla en nuestra
época.
Quizá, por eso, y para empezar nos sería excelente preparación el volver a leer la “Metafísica del sentimiento” de Theodor Haecker que manejamos en nuestros años de magisterio. Estudiarla a fondo y, orientados, saber hacia dónde mirar, en esta nueva era: el domicilio en que hemos de vivir: pensar, sentir y querer.
Menudencias significativas, cargadas de estilo
NO PARA LA ESCUELA
SINO PARA EL ESTILO
Descúbranse y abrácense en la Escuela y mímeselas en la propia casa.
En estas, el hogar familiar (heim) en el mejor de los casos es acogedor (heimlich) y siempre, patria (heimat).
Por más que se haya nacido en un hospital, la propia casa es, contra toda evidencia, en la que se ha nacido al ser que uno es y se está naciendo al ser que uno adviene, de acuerdo con la distinción que considera al hombre como ser y como, tras estar siendo, llegar a ser.
El niño encuentra descanso en su casa, es más él. Encuentra el apoyo más seguro entre los suyos, con ellos se ensambla mejor. Allí le quieren, le escuchan, le dirigen, hasta le riñen, le van a defender, los suyos son suyos, cuenta con ellos.
Hasta lo inanimado adquiere en su casa sangre familiar. Quizá, el calor del hogar ha caldeado el chirrido estridente de la puerta del aparador, los flecos verdes de la lámpara del pasillo, el sofá callado, el grifo que a ratos gotea… Idéntica sangre circula por las mil venas invisibles de las cosas menudas e inimportantes: vocabulario propio, dicción propia, oraciones, canciones, cuentos, relatos, juegos, expresiones, anécdotas…
Estas insignificancias transportan el heim, significándolo, lo representan y lo crean. En el hogar, en su casa, el hombre es más él mismo. Lo que en él hay de más sustancial se reafirma. Se le dispara a borbollones una alegría de la propia esencia ante todo lo que le resulta familiar (heim). En todo se prolonga su ser, todo le es menudo espejo de su yo.
Por todas estas insignificancias se le instala un estilo de vida propio, con raíces de heim. Vienen a ser esas menudencias signos sensibles, como los sacramentos, de realidades invisibles, recias y eficaces que abrazan al hombre por entero.
Y lo que se dice de la casa, del propio hogar, del heim, ha de llevarse a la escuela. Si la escuela no ha de estar de espaldas a la casa es porque no ha de estarlo a la vida.
Este es otro cantar, pero lindo y estiloso, también. Quede para un próximo artículo.
Maestro. Profesor de Lengua y literatura
Emérito UCJC
CARTA AL RECTOR DE LA CELA
En esta carta solo se pretende presentar el blog AFDA
Mi querido rector, Jaime Olmedo:
Solo pretendemos presentarle el blog AFDA.
Lo publicamos un grupo de personas que tuvimos la suerte de prepararnos para nuestro magisterio, pasión de nuestra vida, en una auténtica Escuela de Magisterio.
Allí se nos abrieron los ojos a la Educación. La vimos por dentro. El trabajo en diversos “centros de estudios” durante años nos confirmó en lo aprendido, nos hizo crecer en el magisterio y hacerlo poderoso en nosotros.
No hablamos el lenguaje de hoy. Pero, somos conscientes de que hoy la batalla de la educación vive en una nueva etapa en la que el sentimiento es su centro y en la que se patina sobre superficies sin descender al fondo de la caverna de Platón. En esa psicodialéctica estamos.
Antepusimos la verdad y la realización de nuestros educandos a toda consideración, seguimos a los clásicos (que abordan almas, esencias diría Platón), y, por ello, algo aún tenemos que continuar pronunciando desde AFDA. Es lo que intentamos hacer.
La Cultura y la Sociedad que no dan voces nos lo exigen.
Exigencia que intenta cumplir el blog AFDA: que el alumno que llega a nosotros siga haciéndose las preguntas últimas y de cerca del filósofo con el que en su interior vino a este mundo.
Anselmo Duque de Aza
Maestro. Profesor de Escuela de Magisterio
A nosotros como maestros nos define la Cultura, no precisamente como logro (¡ya quisiéramos!) sino como aspiración.
En la batalla por la Educación y la Cultura ya nos encantaría ser caballeros con caballo batallador. Nosotros no pasamos, la gran mayoría de nosotros, de infantes, de infantería de a pie: arma al brazo y en lo alto las estrellas.
La mayoría de nosotros, maestros y profesores, no ha llegado a la Sabiduría, por más que frecuentemos los libros sapienciales del Antiguo Testamento y nos embelese el sermón de la Montaña, semilla de los cuatro Evangelios del Nuevo.
No pasamos de lo que etimológicamente es un filósofo (fílos (φίλος), que se traduce como “amigo” o “amante” de la sophía (σοφία): meros aspirantes a la Sabiduría, cultores suyos, personas que la anhelan, la quieren y la buscan. Pero que todavía no llegaron a ella. Estamos solos en su camino, por más que nos sigan en la marcha y en su búsqueda una turba de alumnos que van acostumbrando sus ojos a la luz temprana de su amanecer.
La Sabiduría y su avenida la Cultura para nosotros y para nuestros alumnos no es el camino que hemos hecho sino el camino de lo que queremos encontrar. En el hoy de hoy, nos define no lo que efectivamente somos sino lo que queremos ser. Eso define nuestra intimidad profunda. Nuestra voluntad de ser es la definición más propia de nuestro ser y la de los nuestros que nos siguen. No lo que hemos sido, sino lo que ayer quisimos ser, lo que venimos anhelando y hoy queremos ser.
Con esta azada cavamos por destapar de su ocultamiento y de la noche en que duerme en oscuridad la Cultura, en búsqueda de la Sabiduría. Ese es el voluntario paraíso que queremos habitar. Eso cultivamos. De cultores, como maestros, no pasamos, pero su aspiración nos define del todo y por entero.
TOT LUMINA, TOT LIMINA ,
id est
Descubierta la nueva estrella de una verdad, contaremos con ella en adelante. Nos pondrá en marcha.
Descubierto un nuevo mundo, iluminados por su existencia, lo habitaremos nosotros, nos instalaremos en él. Será nuestra nueva frontera. No lo abandonaremos. “Todo lo bueno es nuestro” (Virgilio).
Encendida una antorcha, donde alcance su luz, se señala el nuevo umbral que ha de pisar en adelante nuestro pensar, sentir y querer.
AFDACUARELA octubre, 2026
En
el ciclo de las estaciones ha llegado el otoño… El final del
verano ya nos ha avisado de que aquel verde que hizo bella la
primavera se convertiría ahora en
dorada belleza otoñal. Seguimos con una pequeña ventana abierta a
la naturaleza. Cada acuarela –de hace tiempo o reciente- quiere ser
un grito ecológico a favor de una naturaleza limpia, no contaminada
ni expuesta a su deformación por intereses espurios, cuando no por
prácticas devastadoras.



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