* Tot lumina, tot limina

10/31/2026

NÚMERO 146

 NÚMERO 146.  CURSO XVII  

NOVIEMBRE,  2026


                   

    LO QUE MÁS IMPORTA


A lo que hay que volver una y otra vez en el diario pálpito interior de los hogares, en las aulas de las Escuelas, en las homilías de los domingos, en los templos, en las plazas públicas, en los mercados, en los estadios… es a lo que más importa.

Nuevos Diógenes, jóvenes voluntarios que quieran empuñar una lámpara como la del filósofo de Sínope, del siglo IV a. de C., han de buscar de nuevo, a pleno día, en las Academias, en las Universidades, en el Congreso… y dar con lo que más importa.

Se nos anemia y muere España, se nos desmaya y fenece Europa y hay que meter a una y otra con urgencia en el quirófano del viejo y eterno Humanismo.

España, Europa, el mundo necesitan con urgencia hombres y mujeres, niños, jóvenes, personas maduras y viejos humanistas.

No hace mucho que cayó en mis manos el consejo de Séneca a su madre. Lo hacemos nuestro. Es este:

“Hemos de dar crédito a los más sabios que nos dijeron que no había otro consuelo para las miserias de la vida que las letras”.

Buscad este texto en Séneca y hacedlo vuestro para empezar y dar con lo que más importa.



Menudencias significativas, cargadas de estilo



NO PARA LA ESCUELA 


SINO PARA EL ESTILO (II)




Calderilla de la lengua cargada de heimlich 


No es lo mismo el “pin-pin, zarramaca pin, vino la coneja...” dentro de un heim que fuera de él. Pero es necesario reconocer la fuerza poética que en sí lleva esta insignificancia de la lengua para transportar contenidos de oro de heimlich, de patria. 

Insignificancias parecidas nos zambullen en una patria que no cambiaríamos por nada ni por otra feliz a estrenar, la patria de la lengua materna.

Si estos signos no tuvieran valor fuera de mundo del hogar o de la escuela, no nos interesarían aquí. Nos interesan porque pueden llevarse a la escuela y a la vida de la calle.

Como menudos que son, han de requerir nuestra atención. Es síntoma de tener ánimo débil y pequeño el necesitar para interesarse por alguna cosa, tener que considerarla la mejor del mundo o toda ella una buena parte de esa mejoría.

El inteligente sabe que a cada hora tenemos que ponernos en la conquista de las menudas circunstancias que nos rodean, en la lengua que manejamos de continuo: en casa, en la escuela, en la calle; que nos salva, nos ennoblece, nos hace egregios y nos convierte en el bosque de lo mejor de nuestra mismidad.

No hay nada en el orbe por diminuto y calderilla que parezca que no oculte en sí la almendra palpitante de un germen divino. La dificultad reside en saber cascar debidamente las palabras, el tono, los modismos... (cuanto pueda considerarse calderilla de la lengua) para dar con esa palpitación.

                 
 

Habría que recordar aquí el grito de Heráclito a sus amigos, recelosos de meterse en la cocina griega: “Entrad, entrad, también aquí hay dioses”. 


O traer las palabras de Ortega, que quería ver en la más nimia circunstancia, una fuente de grandeza y heroísmo: “Es menester que, donde quiera, subsista la posibilidad del heroísmo, y que todo hombre , si golpea con vigor la tierra donde pisan sus plantas, espere que salte una fuente. Para Moisés, el héroe, toda roca es hontanar”.

Este mundo de lo inmediato y breve en el que nos movemos, por ser hombres que se expresan mediante cuentos, versos sueltos, trabalenguas, adivinanzas y canciones, refranes, dichos y sentencias, etc. (en definitiva, calderilla de la lengua) levanta sus arquitecturas como nuestra patria menuda, nuestro heimlich, más que otros de bulto, grandes valores hieráticos, imponentes como dioses, grandiosas estatuas, pero para nosotros silenciosas estatuas.

                                                                             

La lengua que hablamos es nuestra patria, heimat. Su calderilla, al buen maestro de la lengua le suena y resuena, de modo que la trabaja con mimo y la valora como vaso capilar portador y fino creador del estilo de la persona.



CARLOS URDIALES RECIO

Maestro. Profesor de Lengua y literatura

Emérito UCJC



LAS RAZONES DE NUESTRO ESTILO


Simplificamos y hablamos de “nuestro estilo”.

Qué duda cabe que el estilo es personal: le style est l'homme même. Lo pensamos con las mismas y precisas palabras con las que un 25 de agosto de 1753, en su discurso de recepción en la Academia Francesa las pronunció Georges-Louis Leclerc de Buffon.


1ª razón: la transcendencia



Pero nos viene de lejos, de nuestra formación, la que nos preparó varios años al magisterio, y del hecho de que, de por vida, hemos ejercido y nos hemos considerado maestros. Por eso, el “nuestro” colectivo del estilo.

Afortunadamente el filósofo con el que nos nacieron sigue vivo en nosotros. Y si de él, de sus preguntas transcendentes y menos trascendentes, y de las respuestas satisfactorias que nos dio la formación recibida -que nosotros con total libertad ajustamos a nuestro personal yo- fue brotando nuestro estilo de hombres, se lo debemos a unas “verdades” (verdad, sentido bíblico, en quien y que se puede confiar) y a unos “amores” comunes: la fe católica, la Cristiandad, los clásicos, España, La Salle… poco más.


2ª razón: los clásicos

Si seguimos en pie, es fuerza y roca que a esas realidades lo debemos.¿Sus raíces?

Dios nos creó a su imagen y semejanza. Nos dotó de logos, de razón: nos hizo el filósofo que nos mantiene y no se contenta con meros conceptos, sino que asienta sus raíces en la intuición, que toca el fondo de las realidades, no su mera terminación límite o piel de ellas.

       

 La dimensión religiosa ha sido determinante en nuestras vidas. Marcó nuestra vida entera.


Los clásicos son nuestra mejor espalda. Nunca estamos solos. Nos acompañan. Nos prestan su pensamiento, incluso su lenguaje, sus palabras. Su herencia gravita fértil y feliz sobre nosotros. Son la riqueza con la que siempre contamos. Nos llevan sobre sus hombros. Gracias a ellos el mundo, la realidad la oteamos hermosa y enorme.


3ª razón: España

Ser españoles es una de las cosas serias y más nobles que nos regaló el Cielo. Queremos a España con amor inteligente y pretendimos y pretendemos que sea cima y esté ¡arriba!

 

Militamos en la Escuela de La Salle. Nos delata su estilo pues nos ceñimos con “sus doce virtudes del buen maestro”, su “reflexión de la mañana”, la “oración diaria antes de entrar en clase” (que pide los siete dones del Espíritu Santo para el maestro y los alumnos) y otros recursos eficaces; por ejemplo menor, pedimos que se nos permita mentar el silencio que nos detiene cuando explicamos algo valioso en el aula que no parece sino que el Espíritu planea y lo acogen los alumnos en silencio asombrado también…


4ª razón: La Salle

Nos caracteriza este estilo educador con raíces al que el filósofo, con el que nos nacieron y en el que se nos educó, más que haberlo logrado, sigue empeñado en lograrlo.

 

Cuatro raíces y el magisterio por bandera: 1ª la dimensión religiosa, 2ª los clásicos, 3ª España y 4ª La Salle.  



CARLOS URDIALES RECIO

Maestro. Universitas Lateranensis

Emérito UCJC







“Preguntarse si realmente 
han aprendido algo”


A lo mejor una de las grandes soluciones de la penuria general actual, cuando esta impera zonas de nuestra existencia, está en la vuelta a los clásicos.

En Pedagogía la vuelta a las ideas vertebrales de los mejores maestros de la educación.

Es preciso levantar los ojos del suelo de la actualidad, que nos preocupa y nos ocupa en exceso, levantar la vista que nos ata a los problemas del día y volver a escuchar las sabias palabras de los magnos maestros del magisterio. Agrandamos con ello el horizonte y fecundamos nuestro magisterio, sometido a la tiranía de las estrecheces actuales.

Se nos ocurre poner los ojos, para empezar y en aras de un ejemplo al azar, en Juan Amos Comenio, en su escrito de 1621, con apenas 29 años, “El laberinto del mundo y el paraíso del corazón”, en plena rebelión de Boemia, al principio de la Guerra de los Treinta Años.

De los 54 breves capítulos de esta obra, en el 16 Comenio hace a “El peregrino testigo de la graduación de maestros y doctores”.

Arranca el texto:

“Pero de repente se oyó el sonido de una trompeta que llamaba a celebración; y el Fisgalotodo se dio cuenta de lo que ocurría, y dijo: “Démonos la vuelta y regresemos a lo que va a suceder, algo digno de verse”. - “¿Qué va a pasar?” – “La Academia va coronar a aquellos que han sido más aplicados que el resto y han logrado llegar a la cúspide del arte”.

Y concluye:

“Pero yo quería, como siempre, ver qué iba a ser de aquella gente; me fijé en uno de los doctores, al que le estaban mandando que calculara cierta cosa, y no sabía; le mandaron medir, y no sabía; le mandaron nombrar las estrellas, y no sabía; le mandaron hacer silogismos, y no sabía; le mandaron hablar en otras lenguas, y no sabía; le mandaron disertar en su propia lengua, y no sabía; finalmente, le mandaron leer y escribir, y no sabía. – “¡Al diablo contigo!”, dije, “¡llamarse doctor en las siete artes y no saberse ni una sola de ellas!”. El Espejismo respondió: “Si este no lo sabe, lo sabrá el segundo, el tercero, el cuarto; no todo puede ser perfecto”. – “A ver si he entendido bien: después de pasar un buen tiempo en la escuela, después de gastarse dinero y hacienda, después de recibir el título, hay que preguntar si realmente han aprendido algo. ¡Por el amor de Dios, esto si que es organización!”.

 

Quizá Amos Comenio nos esté apuntando algo que en nuestra Escuela está claro: nosotros no transmitimos meros conceptos (terminación límite y piel de la realidad) sino intuiciones (la entraña de la realidades que trabajamos).



CARLOS URDIALES RECIO

Maestro. Profesor de Lengua y literatura

Emérito UCJC



          

En nuestro método de redacción, Sistema Redacta, ofrecíamos una vez una deliciosa página de Ortega, tomada de En viaje, Notas del vago estío, que dice:

¡La gran delicia, rodar por los caminos de Castilla! Como la tierra está tan desnuda, se ve a los caminos en cueros ceñirse a las ondulaciones del planeta. Se lanzan de cabeza, audazmente por el barranco abajo (...). Hay momentos en que sobre los anchos paisajes amarillos y rojos, parecen la firma del pintor.

Pero tienen también los caminos sus sufrimientos, morales unos, corporales otros. Así, de pronto, un camino se encuentra con otros dos o tres -la encrucijada, el trivio, el cuadrivio-. ¿Qué hacer? ¿Qué camino tomará el camino? ¡Es tan penosa la perplejidad!

Anotamos hoy algo muy urgente que nos vuelve a preguntar “¿qué camino tomará el camino?”



                                        

       TEÓDULO G. REGIDOR

               AFDACUARELA                    NOVIEMbre, 2026 



 Fundidos

Entre la escasa producción de este año siento una predilección especial por esta pequeña acuarela; pequeña en dimensiones, pero amplia y enorme para mis gustos pictóricos. Se trata de un paisaje sencillo, casi simple, pero de un resultado acuarelístico, en mi opinión, completo y notable:  la tonalidad violeta que domina el conjunto, el sol naciente apenas destacado y, sobre todo, los fundidos de que definen este sencillo y  ….   amanecer…  definen este pequeño cuadro.




9/30/2026

NÚMERO 145

       NÚMERO 145.  CURSO XVII  

OCTUBRE,  2026


 

VOLVER A LA METAFÍSICA DEL 


SENTIMIENTO DE HAECKER


Aprendimos en Eugenio d´Ors a ver la Literatura, el Arte y la Historia sometidos al vaivén sucesivo de épocas clásicas y de épocas barrocas. Para nuestro maestro al eón barroco se le opone y sucede el eón clásico. A una época clásica le sucede en el tiempo una época barroca o romántica (siendo esta una variedad del barroco) y a la inversa.

Quizá no hemos pasado del Romanticismo del siglo XIX y en él aún estamos, aunque en otra honda.

Como quiera de dónde vengamos, lo que no nos cabe duda es que estamos entrando en una época en la que predomina el sentimiento sobre la idea, los valores afectivos sobre conceptos, juicios y razonamientos; la gaita sobre la lira; la música y la palabra subjetiva frente a la geometría y la matemática.

Previamente, tenemos claro que el bien y el mal se relacionan directamente con la voluntad y que lo verdadero y lo falso se relacionan adecuadamente con el pensamiento, que es su domicilio.

Nos estamos preguntando: El sentimiento, ¿dónde habita?

Sabemos que la inteligencia y la voluntad miran hacia fuera, tienen frente a sí un objeto hacia el que marchan. Mientras que el sentimiento se queda en casa, apunta al ser, a su inquieta superficie o, si desciende, lo hace a la movediza profundidad del ser. La felicidad es su “forma”.

Hay colegios, por ejemplo, que se proponen como meta final de su ideario educador el hacer felices a sus alumnos. La miopía pedagógica en estos casos es letal para ellos y la Sociedad y, de algún modo, no hace sino dejarse llevar por el nuevo viento que sopla en nuestra época.

Quizá, por eso, y para empezar nos sería excelente preparación el volver a leer la “Metafísica del sentimiento” de Theodor Haecker que manejamos en nuestros años de magisterio. Estudiarla a fondo y, orientados, saber hacia dónde mirar, en esta nueva era: el domicilio en que hemos de vivir: pensar, sentir y querer. 



Menudencias significativas, cargadas de estilo



NO PARA LA ESCUELA 


SINO PARA EL ESTILO



Descúbranse y abrácense en la Escuela y mímeselas en la propia casa.

En estas, el hogar familiar (heim) en el mejor de los casos es acogedor (heimlich) y siempre, patria (heimat).

Por más que se haya nacido en un hospital, la propia casa es, contra toda evidencia, en la que se ha nacido al ser que uno es y se está naciendo al ser que uno adviene, de acuerdo con la distinción que considera al hombre como ser y como, tras estar siendo, llegar a ser.

El niño encuentra descanso en su casa, es más él. Encuentra el apoyo más seguro entre los suyos, con ellos se ensambla mejor. Allí le quieren, le escuchan, le dirigen, hasta le riñen, le van a defender, los suyos son suyos, cuenta con ellos.

Hasta lo inanimado adquiere en su casa sangre familiar. Quizá, el calor del hogar ha caldeado el chirrido estridente de la puerta del aparador, los flecos verdes de la lámpara del pasillo, el sofá callado, el grifo que a ratos gotea… Idéntica sangre circula por las mil venas invisibles de las cosas menudas e inimportantes: vocabulario propio, dicción propia, oraciones, canciones, cuentos, relatos, juegos, expresiones, anécdotas…

Estas insignificancias transportan el heim, significándolo, lo representan y lo crean. En el hogar, en su casa, el hombre es más él mismo. Lo que en él hay de más sustancial se reafirma. Se le dispara a borbollones una alegría de la propia esencia ante todo lo que le resulta familiar (heim). En todo se prolonga su ser, todo le es menudo espejo de su yo. 

Por todas estas insignificancias se le instala un estilo de vida propio, con raíces de heim. Vienen a ser esas menudencias signos sensibles, como los sacramentos, de realidades invisibles, recias y eficaces que abrazan al hombre por entero.

Y lo que se dice de la casa, del propio hogar, del heim, ha de llevarse a la escuela. Si la escuela no ha de estar de espaldas a la casa es porque no ha de estarlo a la vida.

Este es otro cantar, pero lindo y estiloso, también. Quede para un próximo artículo.

 
 

                                        CARLOS URDIALES RECIO

Maestro. Profesor de Lengua y literatura

Emérito UCJC

  



CARTA AL RECTOR DE LA CELA



En esta carta solo se pretende presentar el blog AFDA


 

Mi querido rector, Jaime Olmedo:

Solo pretendemos presentarle el blog AFDA.

Lo publicamos un grupo de personas que tuvimos la suerte de prepararnos para nuestro magisterio, pasión de nuestra vida, en una auténtica Escuela de Magisterio.

Allí se nos abrieron los ojos a la Educación. La vimos por dentro. El trabajo en diversos “centros de estudios” durante años nos confirmó en lo aprendido, nos hizo crecer en el magisterio y hacerlo poderoso en nosotros.

No hablamos el lenguaje de hoy. Pero, somos conscientes de que hoy la batalla de la educación vive en una nueva etapa en la que el sentimiento es su centro y en la que se patina sobre superficies sin descender al fondo de la caverna de Platón. En esa psicodialéctica estamos. 

Antepusimos la verdad y la realización de nuestros educandos a toda consideración, seguimos a los clásicos (que abordan almas, esencias diría Platón), y, por ello, algo aún tenemos que continuar pronunciando desde AFDA. Es lo que intentamos hacer. 

La Cultura y la Sociedad que no dan voces nos lo exigen. 

Exigencia que intenta cumplir el blog AFDA: que el alumno que llega a nosotros siga haciéndose las preguntas últimas y de cerca del filósofo con el que en su interior vino a este mundo.

 

 

Anselmo Duque de Aza  

  Maestro. Profesor de Escuela de Magisterio

 


Aspirantes a cultores


A nosotros como maestros nos define la Cultura, no precisamente como logro (¡ya quisiéramos!) sino como aspiración.

En la batalla por la Educación y la Cultura ya nos encantaría ser caballeros con caballo batallador. Nosotros no pasamos, la gran mayoría de nosotros, de infantes, de infantería de a pie: arma al brazo y en lo alto las estrellas.

La mayoría de nosotros, maestros y profesores, no ha llegado a la Sabiduría, por más que frecuentemos los libros sapienciales del Antiguo Testamento y nos embelese el sermón de la Montaña, semilla de los cuatro Evangelios del Nuevo.


No pasamos de lo que etimológicamente es un filósofo (f
ílos (φίλος), que se traduce como “amigo” o “amante” de la sophía (σοφία): meros aspirantes a la Sabiduría, cultores suyos, personas que la anhelan, la quieren y la buscan. Pero que todavía no llegaron a ella. Estamos solos en su camino, por más que nos sigan en la marcha y en su búsqueda una turba de alumnos que van acostumbrando sus ojos a la luz temprana de su amanecer.

La Sabiduría y su avenida la Cultura para nosotros y para nuestros alumnos no es el camino que hemos hecho sino el camino de lo que queremos encontrar. En el hoy de hoy, nos define no lo que efectivamente somos sino lo que queremos ser. Eso define nuestra intimidad profunda. Nuestra voluntad de ser es la definición más propia de nuestro ser y la de los nuestros que nos siguen. No lo que hemos sido, sino lo que ayer quisimos ser, lo que venimos anhelando y hoy queremos ser.

Con esta azada cavamos por destapar de su ocultamiento y de la noche en que duerme en oscuridad la Cultura, en búsqueda de la Sabiduría. Ese es el voluntario paraíso que queremos habitar. Eso cultivamos. De cultores, como maestros, no pasamos, pero su aspiración nos define del todo y por entero.

          

CARLOS UDIALES RECIO

Maestro. Profesor de Escuela de Magisterio

Emérito UCJC


  

TOT LUMINA, TOT LIMINA , 

id est


Descubierta la nueva estrella de
 una verdad, contaremos con ella en adelante. Nos pondrá en marcha.

Descubierto un nuevo mundo, iluminados por su existencia, lo habitaremos nosotros, nos instalaremos en él. Será nuestra nueva frontera. No lo abandonaremos. “Todo lo bueno es nuestro” (Virgilio).

Encendida una antorcha, donde alcance su luz, se señala el nuevo umbral que ha de pisar en adelante nuestro pensar, sentir y querer.




                                 AFDACUARELA                        octubre, 2026 


TEÓDULO G. rEGIDOR

      Se acerca el otoño

En el ciclo de las estaciones ha llegado el otoño… El final del verano ya nos ha avisado de que aquel verde que hizo bella la primavera se convertiría ahora en dorada belleza otoñal. Seguimos con una pequeña ventana abierta a la naturaleza. Cada acuarela –de hace tiempo o reciente- quiere ser un grito ecológico a favor de una naturaleza limpia, no contaminada ni expuesta a su deformación por intereses espurios, cuando no por prácticas devastadoras.