NÚMERO 146. CURSO XVII
A lo que hay que volver una y otra vez en el diario pálpito interior de los hogares, en las aulas de las Escuelas, en las homilías de los domingos, en los templos, en las plazas públicas, en los mercados, en los estadios… es a lo que más importa.
Nuevos
Diógenes, jóvenes voluntarios que quieran empuñar una lámpara
como la del filósofo de Sínope, del siglo IV a. de C., han de
buscar de nuevo, a pleno día, en las Academias, en las
Universidades, en el Congreso… y dar con lo
que más importa.
Se nos anemia y muere España, se nos desmaya y fenece Europa y hay que meter a una y otra con urgencia en el quirófano del viejo y eterno Humanismo.
España,
Europa, el mundo necesitan con urgencia hombres y mujeres, niños,
jóvenes, personas maduras y viejos
humanistas.
No hace mucho que cayó en mis manos el consejo de Séneca a su madre. Lo hacemos nuestro. Es este:
“Hemos de dar crédito a los más sabios que nos dijeron que no había otro consuelo para las miserias de la vida que las letras”.
Buscad este texto en Séneca y hacedlo vuestro para empezar y dar con lo que más importa.
Menudencias significativas, cargadas de estilo
NO PARA LA ESCUELA
SINO PARA EL ESTILO (II)
Calderilla
de la lengua cargada de heimlich
No es lo mismo el “pin-pin, zarramaca pin, vino la coneja...” dentro de un heim que fuera de él. Pero es necesario reconocer la fuerza poética que en sí lleva esta insignificancia de la lengua para transportar contenidos de oro de heimlich, de patria.
Insignificancias parecidas nos zambullen en una patria que no cambiaríamos por nada ni por otra feliz a estrenar, la patria de la lengua materna.
Si estos signos no tuvieran valor fuera de mundo del hogar o de la escuela, no nos interesarían aquí. Nos interesan porque pueden llevarse a la escuela y a la vida de la calle.
Como menudos que son, han de requerir nuestra atención. Es síntoma de tener ánimo débil y pequeño el necesitar para interesarse por alguna cosa, tener que considerarla la mejor del mundo o toda ella una buena parte de esa mejoría.
El inteligente sabe que a cada hora tenemos que ponernos en la conquista de las menudas circunstancias que nos rodean, en la lengua que manejamos de continuo: en casa, en la escuela, en la calle; que nos salva, nos ennoblece, nos hace egregios y nos convierte en el bosque de lo mejor de nuestra mismidad.
No hay nada en el orbe por diminuto y calderilla que parezca que no oculte en sí la almendra palpitante de un germen divino. La dificultad reside en saber cascar debidamente las palabras, el tono, los modismos... (cuanto pueda considerarse calderilla de la lengua) para dar con esa palpitación.

Habría que recordar aquí el grito de Heráclito a sus amigos, recelosos de meterse en la cocina griega: “Entrad, entrad, también aquí hay dioses”.
Este mundo de lo inmediato y breve en el que nos movemos, por ser hombres que se expresan mediante cuentos, versos sueltos, trabalenguas, adivinanzas y canciones, refranes, dichos y sentencias, etc. (en definitiva, calderilla de la lengua) levanta sus arquitecturas como nuestra patria menuda, nuestro heimlich, más que otros de bulto, grandes valores hieráticos, imponentes como dioses, grandiosas estatuas, pero para nosotros silenciosas estatuas.

La lengua que hablamos es nuestra patria, heimat. Su calderilla, al buen maestro de la lengua le suena y resuena, de modo que la trabaja con mimo y la valora como vaso capilar portador y fino creador del estilo de la persona.
Maestro. Profesor de Lengua y literatura
Emérito UCJC
LAS RAZONES DE NUESTRO ESTILO
Simplificamos y hablamos de “nuestro estilo”.
Qué duda cabe que el estilo es personal: le style est l'homme même. Lo pensamos con las mismas y precisas palabras con las que un 25 de agosto de 1753, en su discurso de recepción en la Academia Francesa las pronunció Georges-Louis Leclerc de Buffon.
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1ª razón: la transcendencia |
Pero nos viene de lejos, de nuestra formación, la que nos preparó varios años al magisterio, y del hecho de que, de por vida, hemos ejercido y nos hemos considerado maestros. Por eso, el “nuestro” colectivo del estilo.
Afortunadamente el filósofo con el que nos nacieron sigue vivo en nosotros. Y si de él, de sus preguntas transcendentes y menos trascendentes, y de las respuestas satisfactorias que nos dio la formación recibida -que nosotros con total libertad ajustamos a nuestro personal yo- fue brotando nuestro estilo de hombres, se lo debemos a unas “verdades” (verdad, sentido bíblico, en quien y que se puede confiar) y a unos “amores” comunes: la fe católica, la Cristiandad, los clásicos, España, La Salle… poco más.
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2ª razón: los clásicos |
Si seguimos en pie, es fuerza y roca que a esas realidades lo debemos.¿Sus raíces?
Dios nos creó a su imagen y semejanza. Nos dotó de logos, de razón: nos hizo el filósofo que nos mantiene y no se contenta con meros conceptos, sino que asienta sus raíces en la intuición, que toca el fondo de las realidades, no su mera terminación límite o piel de ellas.
La dimensión religiosa ha sido determinante en nuestras vidas. Marcó nuestra vida entera.
Los clásicos son nuestra mejor espalda. Nunca estamos solos. Nos acompañan. Nos prestan su pensamiento, incluso su lenguaje, sus palabras. Su herencia gravita fértil y feliz sobre nosotros. Son la riqueza con la que siempre contamos. Nos llevan sobre sus hombros. Gracias a ellos el mundo, la realidad la oteamos hermosa y enorme.
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3ª razón: España |
Ser españoles es una de las cosas serias y más nobles que nos regaló el Cielo. Queremos a España con amor inteligente y pretendimos y pretendemos que sea cima y esté ¡arriba!
Militamos en la Escuela de La Salle. Nos delata su estilo pues nos ceñimos con “sus doce virtudes del buen maestro”, su “reflexión de la mañana”, la “oración diaria antes de entrar en clase” (que pide los siete dones del Espíritu Santo para el maestro y los alumnos) y otros recursos eficaces; por ejemplo menor, pedimos que se nos permita mentar el silencio que nos detiene cuando explicamos algo valioso en el aula que no parece sino que el Espíritu planea y lo acogen los alumnos en silencio asombrado también…
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4ª razón: La Salle |
Nos caracteriza este estilo educador con raíces al que el filósofo, con el que nos nacieron y en el que se nos educó, más que haberlo logrado, sigue empeñado en lograrlo.
Cuatro raíces y el magisterio por bandera: 1ª la dimensión religiosa, 2ª los clásicos, 3ª España y 4ª La Salle.
CARLOS URDIALES RECIO
Maestro. Universitas Lateranensis
Emérito
UCJC
A lo mejor una de las grandes soluciones de la penuria general actual, cuando esta impera zonas de nuestra existencia, está en la vuelta a los clásicos.
En Pedagogía la vuelta a las ideas vertebrales de los mejores maestros de la educación.
Es preciso levantar los ojos del suelo de la actualidad, que nos preocupa y nos ocupa en exceso, levantar la vista que nos ata a los problemas del día y volver a escuchar las sabias palabras de los magnos maestros del magisterio. Agrandamos con ello el horizonte y fecundamos nuestro magisterio, sometido a la tiranía de las estrecheces actuales.
Se nos ocurre poner los ojos, para empezar y en aras de un ejemplo al azar, en Juan Amos Comenio, en su escrito de 1621, con apenas 29 años, “El laberinto del mundo y el paraíso del corazón”, en plena rebelión de Boemia, al principio de la Guerra de los Treinta Años.
De los 54 breves capítulos de esta obra, en el 16 Comenio hace a “El peregrino testigo de la graduación de maestros y doctores”.
Arranca el texto:
“Pero de repente se oyó el sonido de una trompeta que llamaba a celebración; y el Fisgalotodo se dio cuenta de lo que ocurría, y dijo: “Démonos la vuelta y regresemos a lo que va a suceder, algo digno de verse”. - “¿Qué va a pasar?” – “La Academia va coronar a aquellos que han sido más aplicados que el resto y han logrado llegar a la cúspide del arte”.
Y concluye:
“Pero yo quería, como siempre, ver qué iba a ser de aquella gente; me fijé en uno de los doctores, al que le estaban mandando que calculara cierta cosa, y no sabía; le mandaron medir, y no sabía; le mandaron nombrar las estrellas, y no sabía; le mandaron hacer silogismos, y no sabía; le mandaron hablar en otras lenguas, y no sabía; le mandaron disertar en su propia lengua, y no sabía; finalmente, le mandaron leer y escribir, y no sabía. – “¡Al diablo contigo!”, dije, “¡llamarse doctor en las siete artes y no saberse ni una sola de ellas!”. El Espejismo respondió: “Si este no lo sabe, lo sabrá el segundo, el tercero, el cuarto; no todo puede ser perfecto”. – “A ver si he entendido bien: después de pasar un buen tiempo en la escuela, después de gastarse dinero y hacienda, después de recibir el título, hay que preguntar si realmente han aprendido algo. ¡Por el amor de Dios, esto si que es organización!”.
Quizá Amos Comenio nos esté apuntando algo que en nuestra Escuela está claro: nosotros no transmitimos meros conceptos (terminación límite y piel de la realidad) sino intuiciones (la entraña de la realidades que trabajamos).
CARLOS URDIALES RECIO
Maestro. Profesor de Lengua y literatura
Emérito UCJC
En nuestro método de redacción, Sistema Redacta, ofrecíamos una vez una deliciosa página de Ortega, tomada de En viaje, Notas del vago estío, que dice:
¡La gran delicia, rodar por los caminos de Castilla! Como la tierra está tan desnuda, se ve a los caminos en cueros ceñirse a las ondulaciones del planeta. Se lanzan de cabeza, audazmente por el barranco abajo (...). Hay momentos en que sobre los anchos paisajes amarillos y rojos, parecen la firma del pintor.
Pero tienen también los caminos sus sufrimientos, morales unos, corporales otros. Así, de pronto, un camino se encuentra con otros dos o tres -la encrucijada, el trivio, el cuadrivio-. ¿Qué hacer? ¿Qué camino tomará el camino? ¡Es tan penosa la perplejidad!
Anotamos hoy algo muy urgente que nos vuelve a preguntar “¿qué camino tomará el camino?”
TEÓDULO G. REGIDOR
AFDACUARELA NOVIEMbre, 2026Entre la escasa producción de este año siento una predilección especial por esta pequeña acuarela; pequeña en dimensiones, pero amplia y enorme para mis gustos pictóricos. Se trata de un paisaje sencillo, casi simple, pero de un resultado acuarelístico, en mi opinión, completo y notable: la tonalidad violeta que domina el conjunto, el sol naciente apenas destacado y, sobre todo, los fundidos de que definen este sencillo y …. amanecer… definen este pequeño cuadro.





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