* Tot lumina, tot limina

4/30/2026

NÚMERO 143

  NÚMERO 143.  AÑO XVII  


MAYO,  2026 

 

   NUESTRA ESCUELA NO ES UNA MÁS 

 

A nuestra Escuela le va el gran horizonte. No deseamos que se la elija por excelente ni por sus éxitos académicos ni por su didáctica... En esas tres posibles virtudes o fuerzas suyas podría ser una más y hasta sobresalir entre excelencias. Podría sobresalir en otras cualidades educadoras. Lo que a nuestra Escuela únicamente le va es el gran horizonte.

Quienes vienen a nuestras escuelas que se descalcen de sus andares de aldea o de ciudadanos de a pie y que se pongan alas o turbos potentes porque en nuestras pistas se despega hacia grandes horizontes.


El lema de nuestra Escuela para quien sepa algún latín lo dice clarito: tot lumina, tot limina.                                                                                             

Nosotros estamos con Unamuno en su “Vida de don Quijote y Sancho” cuando nos está diciendo desde su prólogo: ¡Poneos en marcha! ¿Que adónde vais? La estrella os lo dirá. No la pedagogía, sino la estrella: la lumina que termina en limina.

En nuestra Escuela hacemos a la letra con nuestros maestros y profesores lo que más adelante en ese su libro nos viene diciendo Unamuno: Si alguno intenta durante la marcha tocar pífano o dulzaina o caramillo o vihuela o lo que fuere, rómpele el instrumento y échale de filas, porque estorba a los demás oír el canto de la estrella. Y es, además, que él no lo oye. Y quien no oiga el canto del cielo no debe ir en busca del sepulcro del Caballero.

A nosotros nos consume, como a los cruzados de Unamuno, la fiebre incesante, la sed de océanos insondables y sin riberas, un hambre de universos, un gran horizonte.

 

 Nosotros no fuimos a la Escuela del Magisterio para “formarnos”, menguada tarea. Tampoco a nuestros alumnos tratamos de “formarles”, sino de lanzarles al gran horizonte, a su estrella, a la que en el cielo luce para ellos y brilla para todos. En marcha estamos. La estrella, el gran horizonte es lo que nos habla, dice y señala la meta y el gran horizonte que nos hizo ver el Cielo y hacia el que marchamos.

Nuestra Escuela sigue tras esa luz. No es una más. Es ella.




MAGISTERIO


                          Maxima debetur linguae” reverentia
                                                 


8. Calderilla literaria

1 Lo que nosotros llamamos calderilla de la lengua hoy está en retroceso en el mundo de la escuela y se desestima. No así entre nosotros.

2 No suele darse particular importancia a estas menudencias del trabajo de la lengua. Los profesores despiertos y experimentados aprecian el valor de esta calderilla: giros del lenguaje, modismos, dichos, sentencias, refranes, adivinanzas, greguerías, trabalenguas, canciones populares, declamaciones, versos memorizados, etc.

3 Reducir el trabajo de la lengua a su estudio científico es quedarse en su esqueleto y no dar paso a su cuerpo serrano: sistema cerebral, sangre que circula por minúsculos vasos sanguíneos, etc.


4. “Con los refranes, Sancho Panza habría gobernado su ínsula más discreta y felizmente que los políticos hábiles con sus reglas de Estado y con su más sutil astucia(Herder). Refranero exhaustivo es el de Luis Martínez Kleiser. Recoge 65.083 refranes: Refranero general ideológico español, Ed. Labor, 1953.

5 Los refranes, cargados de filosofía aldeana, fueron mucho tiempo un medio didáctico popular, rudimentario y conciso, una guía de buenas costumbres, como en su tiempo lo fueron el gnomo griego o el proverbio hebreo. Hoy siguen rezumando la saladísima gracia de nuestra tierra.

6 La calderilla literaria, además de sonar agradablemente y de estar menos encorsetada por exámenes, deja detrás de sí una estela de amabilidad, posibilidad de juego y momentánea alegría.

 

                                              


7 Por ejemplo, en castellano los modismos se cuentan por millares. El ingenio popular engendró y sigue engendrando nuevos modismos. Dígase lo mismo de refranes, adivinanzas, trabalenguas... Tienen siglos de vigencia. Han circulado, desde siglos atrás, por aldeas, pueblos y ciudades de la geografía española, donde suelen ser moneda de ley de justeza, ingenuidad y bien decir.

8 La calderilla literaria tira de la tiesura de la lengua académica y la descargan de su rigidez, mediante ráfagas de ingenio y de travesura.

9 La lectura de greguerías y su composición por los alumnos, inicialmente rudos y torpes, agudiza la observación de objetos, desarrolla la imaginación que los perfora, desemboca con frecuencia en humor gratificante y en la necesidad escolar de un saludable triunfo creativo.

 

 

CARLOS URDIALES RECIO

Maestro. Profesor de Lengua y  Literatura 

Emérito UCJC


 


           Palabras y personas (II)

       Propósito de buena conducta de un anciano, 

                       en otro tiempo maestro


En nuestras vidas, maestros y maestras que ya vamos avanzando por edad, jubilados y entrando en la ancianidad, en nuestras vidas a veces falta personalizar la esperanza. Llegamos a vivir como si la esperanza no tuviera sentido. Claro: si todo es medible según el dos más dos, cuatro. Por eso lo del dedo y el contrapicado.

Por eso más de una vez resulta que no hemos asumido que las verdades lo son en cuanto nos capacitan para seguir buscando otras, matizar las conocidas, fascinarnos ante las todavía por conocer, empequeñecer o relativizar lo poseído, descubrir su motor, su alma de deseo por encima de su ambición de exactitud definitiva.

No es fácil, nada fácil, sobre todo cuando tu vida no ha transcurrido cerca de otras, es decir, cuando las vidas a tu alrededor eran más de personas que trabajaban contigo que personas de las que dependiera el sentido de tu vida.

Como tal experiencia es profundamente insatisfactoria o frustrante, entonces te resistes a extender la mano abierta para saludar y /o pedir, así como a bajar del escalón en el que te habías instalado. Ofrecer toda la mano y dejar la tarima suponen enfrentarte con realidades que te faltan, realidades cuya ausencia puede incluso angustiarte.

Ocurre que en la vida una cosa es saber cosas, conocer hechos, tener datos… y otra, diferente, poder conocer, poder memorizar, poder demostrar. Poder, ser capaces de: esto segundo es lo más importante pero más de una vez lo olvidamos en nuestra profesión.

El maestro debe ayudar a que su alumno descubra y ejercite su propia capacidad de llegar a los saberes. No le hace ningún favor transmitiéndole los que él domina, si no le ayuda a ver cómo es vivir buscando las cosas, las palabras, los motivos, los remedios. Si no le ayuda a ver la importancia de la búsqueda de todo eso que él sabe, entonces ha fallado.

Esto segundo es lo que le constituye en maestra o maestro: ser testigos de la necesidad y la posibilidad de conocer. Educar es ante todo mostrar la vida, su necesidad y su satisfacción, su camino entre carencias y posesiones. Educar es ayudar al alumno a descubrir la melodía que une todas las notas de una canción y hace de todas ellas una sola realidad. Y es llamativo cómo los alumnos, cuando lo perciben, aprenden mucho mejor todo lo demás.

Por eso a veces nos cuesta tanto, a los maestros, envejecer. Por no habernos ejercitado, como maestros, en descubrir las melodías de la vida.


Así creemos que seguimos disponiendo de conocimientos cuando lo que debemos mostrar es la capacidad de llegar a ellos. Eso es: la persona en lugar de los datos.

La felicidad reside en vivir ese paso: descubrir que tu vida ha sido precisamente eso que ahora mismo sigue estando a tu alcance. Porque hoy sigues pudiendo dejarte ver y además puedes hacerlo sin ni siquiera preocuparte de estarlo haciendo. Basta que seas tú mismo, tú misma, mirando la vida con interés, conociendo y juzgando en silencio, construyendo tu visión sin programa ni didáctica, coordinando tus recuerdos de otro tiempo y tus sorpresas de hoy mismo, viva y vivo.

Seguramente hoy, a tu alrededor, hablan una lengua que tú desconoces pero que aparentemente suena igual que la tuya, con otra gramática y sorpresas en el vocabulario. Por eso tus palabras parece que suenan, pero significan otra cosa. Mejor callar.

Tu rostro, en cambio, tu mirar y escuchar, tu silencio, eso sí se entiende. Exactamente igual que hace cuarenta años: la verdad, como la vida, estaba más en las personas que en las enciclopedias.

- Breve estrambote: hay maestros que, cuando perciben todo esto y todavía están en ejercicio, dejan de ser maestros y se reducen a procedimientos para que sus alumnos memoricen cosas. También, también pasa, sí.

PEDRO MARÍA GIL LARRAÑAGA

Maestro, teólogo


                             

        
   NON SCHOLAE SED STILI

No para la Escuela sino para el estilo (8)

              

                   Del estilo al "gran estilo"


A la hora de los atajos o de echar campo a través para conseguir para nuestros alumnos el gran estilo del que hacemos meta en nuestro magisterio, siempre acudimos a la misma fuente: a San Manuel Bueno, mártir, al diálogo entre Angelina y Don Manuel:

«Pero, ¿es usted, usted, el sacerdote, el que me aconseja que finja?». Él, balbuciente: «¿Fingir? ¡Fingir, no!, ¡eso no es fingir! Toma agua bendita, que dijo alguien, y acabarás creyendo».

En La tía Tula, aunque menos citado, Unamuno nos apunta algo parecido:

Porque ella creía que no era el suelo, sino el cielo, a lo que había que mirar antes de plantar un retoño; no al mantillo de la tierra, sino a las razas (1) de lumbre que del sol le llegaran, y que crece mejor el arbolito que prende sobre la roca al solano dulce del mediodía, que no el que sobre un mantillo vicioso y graso se alza a la umbría.


Nosotros sabemos que el noble señor de La Salle, que abrió sus Escuelas cristianas para los hijos de los artesanos y pobres de la Francia de su tiempo, bastó con que a la enseñanza que les daba añadiera el ejercicio de los modales y el moderado ceremonial de sus costumbres nobles para que desatara la envidia y los malos modales de los “maestros calígrafos”. La Escuela Cristiana educaba y cambiaba a sus discípulos. Había que acabar con aquellas EE. CC. que ennoblecían a los hijos de los artesanos y a los pobres.

Quizá hoy hay que seguir el ejemplo de hace cinco siglos: empezar por instaurar en la Escuela el ceremonial de buenos y nobles modales: vocabulario digno, porte y modales, dosis suficientes de urbanidad y deferencia, cierta gravedad, jerarquías, silencios, pulcra y completa presentación de ejercicios, limpieza en todo, uniforme o vestido impecables, etc.

                                ¡Por el estilo, al gran estilo! 

CARLOS URDIALES RECIO

Maestro. Profesor de Lengua y literatura

Emérito UCJC

     

(1) En la Colección Primera Biblioteca recogimos nosotros que la palabra razas viene del bajo latín, radius, rayo.         Rayos que entran por una abertura.



 Nosotros marchamos como los que llenan la calle sobre la que va el soneto.

Pero en nosotros hay una llama interior que nos quema el alma y nos alumbra el sentido de la marcha.

Desde la pasión por Cristo, por España y por el Magisterio -lumina- avanzamos

compactos, cantando nuestra hermosa canción de la Luz -del limina- hacia la que vamos. 


                                           AFDACUARELA                            MAYO, 2026

                                                                                                                                                                                                                 TEÓDULO                  

                                                                                                                                      

PRIMAVERA

 

He visto brotar la primavera en la primera flor blanca de un almendro madrileño. Luego, puntuales, otras flores blancas, rosadas, amarillas… y la primera rosa, madrugadora, del rosal. Pero Madrid estrena la primavera vistiéndose de verde -calles, parques y jardines- suavemente, intensamente… como con acierto cantó A. Machado: “la primavera besaba suavemente la arboleda y el verde nuevo brotaba como como una verde humareda”.       
                                       

3/30/2026

NÚMERO 142

          NÚMERO 142.  AÑO XVII  

ABRIL,  2026

 

 

   la santa tradición

 


Estamos por los clásicos. Estamos con Quevedo escuchando con los ojos a los muertos y viviendo en conversación con los difuntos. Estamos con Virgilio. Ahora con su Eneida, mientras arde de nuevo la Troya del siglo XXI, la que nos toca vivir. 

Como en la Troya de Eneas, en la nuestra  no es solo una ciudad la que arde, arde una civilización, una memoria histórica una forma de habitar el mundo. En una sola noche, las murallas de la Troya de Eneas ceden, el humo oscurece el cielo limpio, pasa su esponja de nube que quiere borrar el recuerdo de lo que fue grande. Eneas comprende que no hay defensa posible, que no se trata de salvar las piedras sino de salvar el alma de Troya, lo más profundo y frágil.  

En ese instante Virgilio nos ofrece un gesto grandioso. No va a huir solo de aquel fuego infernal. Carga con su padre. Es un peso, le resta agilidad. Ha de hacerlo. El poeta se dice y el orbe entero contiene la respiración: “Et sublato montes genitore petivi. Y, habiendo cargado con mi padre, me dirigí hacia los montes.»


No abandona al padre. No puede abandonar el origen, la tradición. ¡No! Toma a su progenitor y lo carga sobre sus hombros cuando todo parece perdido. Lo lleva, precisamente, porque todo parece perdido.

En la Eneida tenemos nuestro espejo. En él nos miramos. Con Quevedo escuchamos con los ojos a los muertos. 

De lo que en Educación fue históricamente nuestra Troya salvaremos el alma.  




MAGISTERIO


                          Maxima debetur linguae” reverentia
                                                 


DE NUESTRA ESCUELA




1 El progreso en la expresión escrita es siempre lento y de difícil evaluación.


2 Aquí tampoco se aprende a escribir, escribiendo, sino solo escribiendo bien. De ordinario, en nuestra didáctica, se logra de forma graduada y sistemática.

 

3 En cuanto los niños se han soltado un poco en la escritura es posible hacerles escribir verdaderas redacciones: frases sencillas, enumeraciones. 

 

4 Se parte de carriles de nombres, adjetivos y verbos: Mi clase tiene profesor, mesas, dos puertas La lluvia es fina, tenaz La manzana huele, ruedaEn estos primeros pasos no habrá que buscar originalidades. Que el alumno descubra que la nieve es blanca puede ser un hallazgo que celebrar.

 

                                                           


5 La enumeración enriquece el vocabulario del alumno, desarrolla su espíritu de observación, le lleva a puntuar debidamente y hasta puede conseguir con ella poesía. La enumeración es una figura literaria.


6 Eugenio d´Ors nos lo dijo y dejó dicho para nosotros: Redactar, redactar, redactar; del redactar provienen después privilegios y primacías.

 

7 Una de las claves de nuestro trabajo de la expresión escrita es la morosidad: montaje pieza a pieza, selección, articulación minuciosa, orden de tiempos y de espacios.

 

8 En Europa el único sistema sistemático y graduado para el aprendizaje completo de la expresión escrita es nuestro Sistema Redacta. Lo premió con elogios el Colegio de Doctores y Licenciados de Madrid en 1988.

 

9 Deslizarse por los clásicos, copiarlos, recopiarlos, imitarlos, volver sobre ellos: son una pista de despegue para levantarse a los logros personales de la expresión escrita.  

    


CARLOS URDIALES RECIO

Maestro. Profesor de Lengua y  Literatura 

Emérito UCJC





         Palabras y personas (I)

       Propósito de buena conducta de un anciano, 

                       en otro tiempo maestro


Es de sobra sabido de casi todos los maestros y maestras, cuando se toman su profesión como cosa propia, tienden a vivir con el dedo índice enhiesto y mirando un poco por encima a todos los demás mortales. Es una pena, pero es así.

Se lo va dejando su profesión: viven señalando cómo son y cómo deben ser las cosas a personas que todavía no lo saben. Por eso lo del dedo, que señala dónde está la verdad, y la mirada en picado, de arriba hacia abajo.

En realidad, así debe ser, mientras se es maestra o maestro. No son amigos de sus alumnos. No pueden serlo, porque la amistad supone cierto nivel de igualdad, y en el diálogo educativo esa igualdad no puede existir, por principio.

Un paréntesis: otra cosa es, ciertamente, el amor entre maestro y discípulo. Incluso, como decía La Salle, el amor tierno. Debe amarse tiernamente, como padres y madres o tal vez hermano, pero mayor. Pero nunca ese amor puede suprimir el desnivel entre uno y otro de sus polos. Nunca.

Pues bien. Resulta que, en cuanto nos descuidamos, introyectamos tanto el dedo como la mirada y salimos a vivir con aires de quien conoce todas o casi todas las claves y está ahí para señalárselas a gentes que no llegan a ellas.

Claro que, cuando un maestro tiene, además de su profesión, otros ámbitos de vida, otras experiencias fuertemente identificadoras, entonces puede superar con cierta normalidad las deformaciones de su quehacer diario. Lo uno le enseña a enseñar y en lo otro aprende a pertenecer. Juntos los dos, enseñar y aprender, la vida del maestro tiene sentido, coherencia, equilibrio, unidad. Entre los dos.

El problema aparece cuando lo otro, es decir, esa otra vida en la que el maestro se sabe necesitado y perteneciente, cuando esa otra vida no tiene tanta densidad. Cuando no pesa tanto, cuando no contribuye a aplomar su vida, entonces el maestro vuela por los vacíos, dejando tras de sí un aura, entre encantadora y ridícula: es buena persona, sí, pero se imagina que todo está ya dicho y hecho. Y que él o ella están ahí para recordárselo a todo el mundo.

Entonces habla, examina, programa, evalúa, propone, recompone, difunde, vocea, escribe… cosas que en parte son verdad y en parte no. Son verdad en cuanto vienen de una experiencia honesta, larga y contrastada. Pero no lo son por cuanto que les falta el punto de sospecha, duda, debilidad, escucha, esperanza, inexactitud… de todas las cosas de la vida.

Sin darse cuenta, trata como alumnos a cuantos encuentra. Y no se da cuenta porque tal vez en su vida no ha ejercitado otra manera de relacionarse. Se ha hecho de tal manera uno con su profesión, que su propia persona se ha reducido a muy poco.

Pedro Gil

Maestro, teólogo


                             

        
   NON SCHOLAE SED STILI

No para la Escuela sino para el estilo (7)


Saltamos al

Primer ensayo del bachiller

(Etapa nº 4. Final)


Deslizado el aprendiz de escritor por carriles, que enumeraron nombres, calificativos y verbos; ejercitado reiteradamente en los tres enfoques que abrazan la totalidad de los frentes de su necesaria expresión personal y social; interiorizados los enfoques científico, fabulador e intimista, le lanzamos a algo que no sobrepase la medida del músculo expresivo alcanzado. Le pedimos un primer ensayo.

 

🎇 No le lanzaremos sino a lo que pueda dominar con soltura, por más que pensemos que ya puede volar solo.


🎇🎇 De propósito le haremos pasar por obras de arte maestras, hitos del arte clásico, expresiones literariamente cimas.

 

 

1. Detenida lectura literaria. Le sugerimos La noche, como tema. Le pasamos la Noche serena de Fray Luis, como punto de partida. Que la lea, se entere con detalle de su autor, lugar y momento de su composición, estilo, vocabulario de la oda, estructura, valor literario, etc.


2. Otros poemas. Que busque él o le ponemos nosotros a tiro -trabajamos con él- otros poemas literarios valiosos como La noche oscura del alma, La noche de la fe de San Juan de la Cruz, el Nocturno de Borges y el de Gabriela Mistral o del venezolano Osorio, el Crepúsculo de la tarde de José Zorrilla, La revelación de Pemán, La noche de los que se separan de Rosalía de Castro, un par de Rimas de Bécquer, A media noche, de Salvador Rueda, Noche de Todos los Santos de J.R.J., Anoche cuando dormía de A. Machado, la Oda a la noche de Borges... No mucho más. Le pueden dar pistas originales y descubrirle que la noche varía a la luz de silenciosos candiles o de faros poderosos.

De todo tomará nota escrita. Es su primer ensayo, serio, riguroso.


3. Estudio de la noche desde la lengua calderilla. Se dedicará luego al estudio de la palabra noche: raíces, etimología, derivadas, modismos, refranes...


4. Estudio de la noche en las artes. Buscará la noche en la Biblia y en la Historia que trabajó como bachiller (Noche triste, Noche de San Bartolomé, de San Daniel). La noche en el teatro: Shakespeare, Lope, Pemán... En las Bellas Artes: iconografía, mitología, pintura y escultura (la Adoración de los pastores, la Ronda de noche, el Martirio de San Lorenzo del Tiziano, los Fusilamientos del 3 de mayo de Goya, la Catedral de Ruán de Monet, la Noche estrellada de Van Gogh, la Noche de Miguel Ángel. La noche en la música: Nocturnos, Chopin, Debussy etc. Lo tendrá delante, tomará notas.

 

Agota a su medida el tema. Lo ha hecho con seriedad, deteniéndose en los detalles. Tiene de la noche noticia más que suficiente, la que cabe en su cerebro de bachiller. No era el momento de componer una tesina. Un paso más y estará preparado para componerla. Será su primer ensayo. Eso sí: serio, riguroso, pensado, bien expresado, pues aprendió a hacerlo en las tres etapas anteriores.


5. Redacción final personal. Cierra su meditación-estudio monográfico, en el que ha hecho detenidamente suyas las intuiciones felices de los grandes artistas de la noche. No es que las vaya a sintetizar. Su página final, el documento que abrocha su ensayo ha de ser la expresión escrita de su experiencia personal enriquecida con las experiencias de la Humanidad en sus momentos cumbres. En él hablará desde su yo profundo. No buscábamos una redacción más, ni tampoco una obra de arte digna de la historia de la literatura; pretendíamos solamente un primer ensayo cifra.

Trabajos de este rigor y hondura, tras la frecuentación con obras maestras del arte, que duda cabe que preparan el Gran Estilo educador de la persona a que tiende nuestra Escuela. Experiméntese y se verá que no proponemos algo que se lleva el viento.

Este camino no es como el de Villarmentero, que en Castilla oí decir que no iba a ningún sitio: corona un estilo y facilita el Gran Estilo.

CARLOS URDIALES RECIO

Maestro. Profesor de Lengua y literatura

Emérito UCJC




                    

       AFDACUARELA                     ABRIL, 2026

                                                                                                                                            TEÓDULO


Se fue el invierno

El invierno siempre nos ofrece la textura de las tierras de Castilla y su color. Tierras de color ocre pálido o pequeñas laderas de un verde incierto. Tierras que han estado cubiertas por la nieve, pero que pronto ofrecerán pequeñas flores amarillas, rojas amapolas dispersas o el violeta de las flores de los cardos. Y el suelo será todo verde hasta que llegue el verano y madure la mies. Son tierras con humildes piedras cenicientas y apenas arbolado. Son los campos de Castilla que esperan esparcir los olores –“tomillo, romero, salvia, espliego…” que sintió y cantó Machado.