145 Cartas a una nueva timonel (V)

 


CARTA A QUIEN ESTÁ LLAMADA UN DÍA A GOBERNAR

UNA ESCUADRA DE NAVES DE LA EDUCACIÓN

DESDE SU PUENTE DE MANDO

N.º 5


¡EL  FILÓSOFO INTERIOR!

          Mi querida Lourdes:

 En nuestro Ideario, el alumno es el centro de la acción pedagógica de los colegios. Punto primero.

¿Y qué trae en su interior al llegar a nosotros? La fruta trae su hueso y el niño, un filósofo.

Esto has de tenerlo claro, diáfano, fijo en tu mente: que a los niños que acuden a tus colegios les nacieron filósofos, llevan en su interior vivo al filósofo con el que nacieron.

Luego, en muchos casos, los avatares de la vida y las mil tontadas que nos hacen de sonajero, hacen que nos olvidemos de esta hermosa realidad y terminemos ahogando al filósofo que llevamos dentro.


En busca de felicidades que no acaban de llegar (como Diógenes en pleno día ateniense con su lámpara encendida rodeado de hombres en busca del hombre), van muchos hombres paseando por la vida el cadáver de un filósofo muerto dentro del pecho. Y ya solo son capaces de preguntas inmediatas o penúltimas y en pocas ocasiones, o en ninguna, de preguntas últimas.

Estamos rodeados de gente. Pero solo con ojos especialmente penetrantes acertaríamos a ver en sus pechos los ataúdes de caoba, encerrados en el pecho, que transportan muchos en nuestro entorno, en los que mantienen dentro el cadáver frío y muerto del filósofo con el que les nacieron.

No hagas de tus centros iniciales cementerios de cadáveres de filósofos muertos por falta de preguntas. Escucha las preguntas últimas que te van a estar haciendo en cuanto franqueen las puertas de tus colegios. Las grita su alma. Te las lanzan sus ojos. Las quieren asir sus manos. El oído lo tienen a punto y atentos a lo que el filósofo que llevan dentro quiere y necesita escuchar.

Te parecerá que preguntan otras cosas curiosas, insignificantes o significativas. Ni ellos mismos sabrán, en la mayoría de los casos, lo que en el fondo están queriendo y buscando sin saber lo que buscan.

Al fin, y en definitiva, todo hombre solo ansía una plenitud: la Sabiduría.

La meta de tus centros educativos, lo he oído decir ya muchos años y lo profesáis, ha de ser la Sabiduría. Pero has de saber que, desde que el niño busca afanoso el pezón de la madre que lo alimente, lo que está buscando no es la leche materna sino la Sabiduría, que su condición de filósofo le viene imponiendo desde los nueve meses de su gestación.

Al fin, y en definitiva, todo hombre, aunque quiera ignorarlo, solo ansía una plenitud: la Sabiduría.


Grábate esto a fondo. Tenlo presente. Sin tenerlo en cuenta, tus colegios no serán colegios, serán otra cosa, no colegios, ni centros de estudio, ni focos de cultura.

Si no estás convencida de que el niño, tus alumnos, llegan a tus colegios con el filósofo interior que les nacieron, que tú has de mantener vivo y vigente, cierra tus colegios y dedícate a otro afán. Este es demasiado hermoso y demasiado hondo para ti.

Sé que no es tu caso. Demasiado lo sé y eso alegra mis muchos años. Sigue cavando en esta dirección de profundidad. Aunque a ratos parezca que nos movemos en pleno día, la lámpara que encendió Diógenes nos sugiere que la tengamos encendida. Enciende tú la espléndida tuya.

Carlos Urdiales Recio


Maestro. Profesor de Escuela de Magisterio

Emérito UCJC

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