139 Lo que abrazamos como estudiantes. Moeller


 Lo QUE NOS DIO ALAS  EN NUESTRA JUVENTUD           

       nos mantiene en vuelo EN SENECTUD  


ANTOINE DE SAINT-EXUPÉRY


Como estudiantes de magisterio Le petit prince nos pareció un libro escrito para nosotros. Hablaba nuestro lenguaje, era sencillo y hondo a la vez, poético e infantil. Lo llevaríamos con nosotros, prendido en el corazón y desde su inteligencia, a la Escuela. Había ocupado un puesto de honor en el centro de nuestra decidida vocación de futuros maestros. Su autor, un aviador, nos daba una visión del desierto y de la infancia que sintonizaba con la que nos íbamos formando. Descubríamos en ella al hombre y su universo, suverdad campesina, muy por encima de un fácil y empalagoso lirismo infantil.

La dificultad, que estábamos aprendiendo que era un valor, nos impulsaba en él a no desdeñar lo difícil. En Terre des hommes, p. 9, había escrito en 1935:La tierra nos enseña sobre nosotros mismos más que todos los libros. Porque nos pone resistencia. El hombre se descubre cuando se mide por el obstáculo.

Nos enseñó Antoine de Saint-Exupéry el desinterés, el buscar la obra hermosa por su belleza precisamente. Nos hacía distinguir entre lo que él llamaba inteligencia y espíritu: La inteligencia se mueve por interés, lo suyo es el cálculo; el espíritu se mueve por amor y su acto es con frecuencia el sacrificio: el grano se sacrifica y muere en el surco para que surjan la espiga y el trigal.

Ni el principito, ni el niño, que nos aguardaba tras la Escuela de Magisterio, eran de este mundo sino de otra fuerte realidad. Cuando el niño con tarugos de madera monta una flota naval o en pleno desierto levanta una torre no está `jugando´, está creando cosas dotadas de un poder misterioso.

Nos fascinó leer en Antoine de Saint-Exupéry


Entonces comprendí que quien reconoce la sonrisa de la estatua o la belleza de un paisaje o el silencio de un templo, a quien encuentra es a Dios. Supera el objeto para alcanzar una clave y supera las palabras para oír el canto no aprendido y la noche y las estrelllas
para experimentar la eternidad. Pues Dios es, sobre todo, sentido de tu lenguaje, y tu lenguaje, si cobra sentido, te muestra a Dios. (Citadelle, p. 221).


En este mismo libro nos regalaba los oídos leer:

Cuando me muera, Señor, llegaré a ti, pues trabajé en tu nombre.

Para Ti la siembra.

Yo he construido el cirio. Te toca a Ti encenderlo.

Yo construí este templo. A Ti te corresponde habitar su silencio. 


 Charles Moeller

Literatura del siglo XX y Cristianismo

Ed. Gredos, Madrid. vol. V, pp. 144-177.



CARLOS URDIALES RECIO

Maestro. Profesor de Escuela de Magisterio

Emérito UCJC 

                                         

                                                                                            En Lyon
 
                            _________________________
         "Tal estrela non es in celo,
                             d'esto só yo bono strelero"

 El Auto de los Reyes Magos. Mediados del XII _________

No hay comentarios:

Publicar un comentario