139 Heidegger (IV)

                                                


 

La analítica existencial del Dasein

                                                      (Parte II)                                                          

El mes pasado vimos cómo Heidegger andaba en busca de nuevas categorías fundamentales para caracterizar el ser, tomando al Dasein como fundamento de su sentido. A estas nuevas categorías ontológicas Heidegger las denominó “existeniciarios” (Existenziall). Tratamos, por tanto, de ver cómo vive el hombre el ser a partir de su experiencia del mundo. Dijimos, también, que el Dasein vive su ser como pura posibilidad, es decir: el ser del hombre consiste en estar referido a sus posibilidades de ser como su ser más propio. La forma en la que explora sus posibilidades es interactuando con su mundo. No se trata únicamente de constatar un hecho evidente (“los humanos vivimos en el mundo”), sino de manifestar cómo el Dasein no puede relacionarse con su ser sin que se vea como parte del mundo. La forma de existir propia del Dasein, según la cual vive proyectándose, tiene como condición de posibilidad la existencia de un mundo en el que poderse realizar él mismo como proyecto. Así es como Heidegger llega a una de las estructuras fundamentales del ser del Dasein, nuestro primer existenciario, a saber: el ser-en-el-mundo.

El mundo es una parte integral de Dasein, de manera que la resolución de la pregunta por el ser se vuelve imposible si con ella no nos referimos al mundo como una categoría ontológica. Repitamos que esto no es ninguna “perogrullada”. Para Heidegger, la forma de existencia del Dasein (consistente en la proyección de posibilidades) es inseparable de su condición de intramundano, de manera que “estar en el mundo” no es distinguible de existir como pura posibilidad. Porque nuestra forma de ser es mediante la posibilidad, tenemos mundo. Esto implica que solo el Dasein “es en el mundo”, en tanto que es el único ente que se relaciona con su ser de esta manera. El resto de los entes, en tanto que no viven el ser de esta manera (que sepamos), y se limitan únicamente a existir, carecen de mundo. Por eso dirá Heidegger que los animales no tienen mundo. De manera que el “mundo” es una categoría que ha de ser deducida, y no tomada de hecho como algo evidente. El mundo no es simplemente un conjunto de coordenadas determinadas espacialmente: es aquello animado por el vivir cotidiano del hombre. Es una estructura de relaciones tejida por los proyectos de los hombres en constante interacción y determinándose recíprocamente.

Para hablar del ser del Dasein, tenemos que mirar al mundo que le rodea. El mundo que se expande ante nuestros ojos está poblado de cosas. La pregunta que hemos de perseguir ahora es ¿qué papel juegan las cosas en la comprensión cotidiana del ser que tiene el Dasein? Para Heidegger, lo que caracteriza al ser de las “cosas” es su condición de “útiles”. De manera espontánea, el ser humano se relaciona manualmente con el ser de las cosas. La existencia de las cosas que nos rodean se manifiesta ante nosotros como “al alcance de la mano” (Zuhandenheit). Y esto no solo se limita a las entidades materiales, sino también a las ideales. Nosotros nos relacionamos con ideas manualmente: se encuentran “al alcance de la mano” de uno, para poder disponer de ellas como uno vea conveniente.

Heidegger pone como ejemplo el ser del martillo. Nosotros no nos relacionamos espontáneamente con la idea de “ser” del martillo. No pensamos en el ser del martillo cuando lo utilizamos. Ni siquiera pensamos en cómo se utiliza un martillo cuando hacemos uso de él. Simplemente lo utilizamos. Y esto es porque el martillo se presenta ante nosotros como algo disponible para ser utilizado de cierta manera, es decir: un útil para algo. Y este “para algo” hace referencia directa a las posibilidades del Dasein en su vivir mundano. Así, el martillo forma parte de las posibilidades del Dasein de materializar sus proyectos de alguna manera. El ser del martillo está condicionado por las posibilidades de uso que le da el Dasein. Por eso es por lo que el Dasein no se relaciona con su ser como si este fuera un dato objetivo de la naturaleza. Así como el hecho de que esté hecho de hierro sí constituye un dato del martillo presentado “ante los ojos” (Vorhandenheit), el ser del martillo es realizado en relación de dependencia con los proyectos del hombre y de la existencia de otros objetos. Así como el martillear exige que el martillo sea utilizado de cierta manera, también presupone la existencia de otras “cosas” que determinan su uso, de manera que la existencia del martillo está en relación de estricta interdependencia con el resto de cosas del mundo.

Al mismo tiempo, los proyectos del Dasein están condicionados por el propio martillo (y el resto de las entidades que le rodean). Es decir, el Dasein no puede construir su mundo a su arbitrio, sino que se encuentra determinado por las entidades de su mundo, que constriñen y posibilitan sus proyectos. Esta relación paradójica entre el Dasein y el mundo arrojará luz sobre otros existenciarios que trataremos en el siguiente AFDA. Entre ellos, veremos cómo el ser humano se encuentra en un estado de “arrojado” en el mundo. Y, cómo, a su vez, existen formas propias e impropias de ser en el mundo.


Nicky Arnell León

Estudiante de Filosofía

Universidad de Málaga

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                                                     "Otra nocte me lo cataré, si es verdad bine lo sabré"


  El Auto de los Reyes Magos. Mediados del XII_____________________

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