LOS ENCUENTROS DE PRIMAVERA
Para quienes conocemos a don Carlos Urdiales, alma de este blog Afda, y hemos tenido la fortuna de disfrutarle, primero como profesor en la Escuela de Magisterio en nuestra primera juventud, y a lo largo de medio siglo después como singular amigo y compañero, han resultado especialmente gratificantes los “Encuentros de Primavera”. Desde que estos se iniciaron, en el 2010, se han venido desarrollando año tras año, en diferente marco pero siempre animados de un excelente espíritu. Pasan los años, las circunstancias cambian, aparecen los achaques y resulta inevitable que se vaya reduciendo el número de participantes. Pero se mantiene vivo el afecto que nos une y el deseo de seguir abrazados. El documento que os ofrezco recoge mis recuerdos de aquellos días.
Quiero pensar que entre los lectores de AFDA se encuentra el grupo de amigos que me han acompañado en los encuentros. A ellos principalmente van dirigidas estas breves crónicas que irán apareciendo en nuestro blog, desde esta publicación hasta la que Dios mediante cerrará la temporada el próximo mes de junio, con esta secuencia:
ENERO: encuentros en Madrid (2010) y Granada (2011)
FEBRERO: encuentros en Málaga (2012) y Madrid (2013)
MARZO: encuentros en Zaragoza (2014) y Sevilla (2015)
ABRIL: encuentros en Madrid (2016) y la Bahía (2017)
MAYO: encuentros en Trujillo, Cáceres y Plasencia (2018) y Madrid (2019)
JUNIO: encuentros en Jerez (2022), Antequera (2023), Madrid (2024) y Cádiz (2025)
ENCUENTRO EN MADRID, MAYO DEL 2010
Los Encuentros de Primavera son algo más que simples escapadas. Aparte de por la aportación cultural que suponen, por la oportunidad que nos brindan de compartir unos días con personas que desde nuestra adolescencia han tenido y siguen teniendo especial significación. En mayo del 2010 recibí una llamada inesperada. La hacía Pepe Muñoz, un compañero del escolasticado en Griñón, con quien coincidí un año en la escuela de magisterio, cuando él cursaba el tercer curso de magisterio y yo el primero. Me informaba de que junto con otros dos compañeros de su curso, Gonzalo Rodríguez y Gregorio Díez, estaban organizando un homenaje a Carlos Urdiales, profesor y subdirector de la Escuela durante nuestros estudios, muy querido, respetado y recordado por todos, y trataban de convocar al mayor número de alumnos posible. Acepté de inmediato la invitación. Habían transcurrido cuarenta y cinco años desde que en junio del 1065 acabé el Magisterio, y desde entonces no había conectado con los antiguos compañeros.
Celebramos una comida en Madrid, en un restaurante gallego cerca de la Plaza Mayor. Es fácil imaginar las emociones que surgieron en aquel encuentro, y comprender que aquel par de horas nos supieran a poco. Así que decidimos organizar cada año una quedada de varios días. Desde entonces únicamente la pandemia consiguió interrumpir los encuentros, a los que decidimos dar el nombre de “Encuentros de Primavera”, y que hemos venido celebrando en lugares diferentes de nuestra geografía, uno de cada tres en la Capital. Los asistentes pertenecen en su mayoría a aquel tercer curso, que por su general actitud un tanto inquieta conocemos como “La Borrasca”, aunque también asistimos alumnos de los dos cursos inferiores, que tuvimos también a Carlos como profesor. Concretamente de mi curso, solo cuatro asistentes: Diego Coca Morales, tristemente ya fallecido, Antonio Montero Sánchez, Martín Delgado Mariscal y yo mismo.
PRIMER ENCUENTRO, GRANADA
El primero de estos Encuentros tuvo lugar en Granada, en la primavera del 2011. Se encargaron de organizarlo Antonio Arriscado y su esposa Puri. Tristemente, Para Antonio sería el primero y único encuentro, pues meses después un cáncer nos lo arrebató. Visita a la Catedral, a la Capilla Real –a mí me correspondió actuar de guía en esta última- y a edificios emblemáticos como la Casa del Carbón. Un paseo junto al Darro y por el Albaicín, y tras la cena la visita nocturna a la Alhambra. He de confesar que esta última me causó cierta decepción, pues creo que se podía haber sacado bastante más partido a la iluminación. En el paseo por la Gran Vía nos encontramos con las caravanas que partían hacia el Rocío. Tuvimos ocasión de visitar una de ellas, invitados por las primas de Puri, que formaban parte de la comitiva. En el almuerzo del segundo día, algo que se ha convertido en tradición para todos los encuentros:
homenajes y discursos, amenizados con canciones que aprendimos cuando mozos. La visita al Mirador de Rolando, donde algunos habían vivido parte de su Noviciado Menor y a mí me correspondió hacerlo en mi segundo año de Noviciado, fue realmente emocionante. No faltó el canto al Fundador, San Juan Bautista de La Salle, ni faltaría después en ninguno de los encuentros. Y en la mañana del último día, para los más persistentes, la visita al Monasterio de la Cartuja, que, os aseguro, valió la pena.
ÁNGEL HERNÁNDEZ EXPÓSITO
Maestro. Doctor en Ciencias de la Educación
Emérito UCJC

___________________________"¿Queredes bine saber cúmo lo sabremos?
Oro, mira i acenso a él ofreceremos"
El Auto de los Reyes Magos. Mediados del XII_________



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