145 Análisis temático del Quijote

 

ANÁLISIS TEMÁTICO SOBRE 

LA HISTORIA DEL INGENIOSO HIDALGO


             Estimados lectores de AFDA:


Cuando hace unos años me embarqué en la tarea, ciertamente atrevida, de intentar una versión de El Quijote, trasladando la prosa al verso endecasílabo y procurando la mayor aproximación al texto original, no sabía que lo que se presentaba como una ardua tarea habría de convertirse en labor ilusionante. Hoy los 52.000 versos, agrupados en 13.000 estrofas de cuatro versos con rima asonante en los pares, que no responden a ninguna estructura métrica clásica, están maquetados e ilustrados y conforman sendos volúmenes con el título de Don Quijote en endecasílabos, a la espera de algún editor que quiera apostar por ellos.

Acabado el trabajo, me rondó la idea de una nueva labor: realizar un análisis temático de la obra: características de los personajes, relación entre ellos, contexto social en que se desenvuelven…, referenciando cada elemento del análisis con citas tomadas de esta nueva versión. El trabajo está en marcha, con más de 700 citas extraídas y sistematizadas, y estructurado el esquema en que pretendo presentarlas. En esta primera entrega os quiero hacer llegar el que podría suponer el inicio del ensayo, con cuanto sobre la condición de caballero andante se comenta, por parte del propio Alonso Quijano y de otros actores, en la novela de Cervantes. Confío en que os resulte de interés.

Una aclaración: en los paréntesis que siguen a cada cita aparecen dos cifras en números romanos. La primera corresponde a cada una de las dos partes de la obra; la segunda, al capítulo de la que está tomada.


      1. EL CABALLERO ANDANTE

Los libros de caballería, valorados por unos y denostados por otros -como se verá claramente reflejado a lo largo de este análisis-, supuso el género épico y narrativo representativo de la época medieval y renacentista. El protagonista, caballero aventurero -que esto viene a significar el apelativo de ‘andante’-, aglutina en su persona una serie de valores que lo engrandecen y mitifican: valiente hasta el heroísmo, defensor a ultranza del honor, con vocación de servicio, amante de la belleza, respetuoso con el amor… Las fabulosas hazañas de caballeros legendarios, como Amadís, Palmerín o Belianís, por citar algunos, dieron para muchas historias y llenaron cientos de páginas, que a algunos, como veremos, les dejaron admirados, y para otros representaron fútiles fantasías de mentes calenturientas. 

Son pocos, a juicio de don Quijote, los verdaderos caballeros, aunque abunden ‘los de alquimia’, que quieran hacerse pasar por tales.         


                                                
      Muchos son los andantes –dijo Sancho.

-Muchos son los andantes, en efecto

-replicó don Quijote-; pero pocos

los que pueden llamarse caballeros. (II, VIII)

     No todo el que se dice caballero 

lo es del todo. Algunos son de oro

y otros de alquimia, y toque de piedra 

verdadera no la verás en todos.

   Hay hombres bajos que por parecer

caballeros revientan, cuando hay otros

que siendo caballeros nos parecen

hombres bajos, pues no son orgullosos. (II, VI)

 

Grandes son las exigencias que se esperan del caballero andante. No basta con que se muestre valiente y esforzado; ha de ser versado en materias de carácter científico, como en asuntos de leyes, de teología o de herboristería, pongo por caso. Así se lo comenta don Quijote al joven don Lorenzo, aspirante a poeta e hijo de don Diego de Miranda, el ‘Caballero del verde Gabán’, en una distendida conversación.

            Es una ciencia –dijo don Quijote-

que dentro encierra todas las demás 

ciencias del mundo, y quien la profesa 

jurisperito debe ser, saber 

     leyes de justicia distributiva 

y conmutativa, para poder

ceder a cada uno lo que es suyo

y lo que le conviene. Y ha de ser

     teólogo, a fin de dar razón

muy clara de la cristiana ley 

que profesa, clara y discretamente

adonde quiera que se le pidiera.

    Ha de ser médico, y ser herbolario

para saber acerca de las yerbas

que en despoblado crecen y desiertos,

para curar las heridas con ellas. (II, XVIII)


Ser auténtico caballero andante supone -comenta don Quijote a su escudero- gran honor para quien ostenta tal condición.

     Qué poco sabes –dijo don Quijote-,

sobre caballería; aguanta y calla;

días vendrán donde tus ojos vean

cuán honroso es estar en esta andanza.

     Dime si puede haber mayor contento

que salir vencedor en la batalla.

Triunfar del enemigo es, no lo dudes,

una satisfacción que nada iguala. (I, XVIII)

 

Honor que enorgullece a don Quijote, y que le coloca por encima del caballero que vence en justas y torneos cortesanos, como se desprende con claridad de estas palabras dirigidas a Sancho, su escudero:

     Por bueno hay que tener el que un gallardo

caballero a los ojos de su rey

en mitad de una gran plaza haya dado

una feliz lanzada a un bravo toro;

     o que, de armas brillantes pertrechado,

en las justas delante de las damas

orgulloso la tela haya pasado;

     o que en los ejercicios militares

diviertan, alegren y hayan honrado

con sus hechos lasa cortes de sus príncipes.

     Más sobre ellos, asoma destacado

un caballero andante, que desiertos 

y grandes soledades ha pasado, 

y por encrucijadas, selva y montes 

     sin encontrar descanso anda buscando

grandes y peligrosas aventuras, 

para poder lograr de esta manera

dichosa y bien aventurada cima

y una fama gloriosa y duradera.

     Mejor parece un caballero andante

socorriendo a una viuda en despoblado,

que ver a un caballero cortesano

a una joven doncella requebrando. (II, XVII)

 

La condición de caballero andante comporta exigencias, una serie de virtudes que ha de tener y manifestar, como ser afable, cortés, comedido, humilde, caritativo, generoso… Así se lo hace saber don Quijote a su sobrina, en una de sus conversaciones:

     Para mostrar el caballero pobre

que es caballero, solo hay un camino:

ser virtuoso, afable, bien criado,

oficioso, cortés y comedido; 

     no aparecer soberbio ni arrogante, 

no murmurar, y ser caritativo. 

Con dos maravedís que entregue al pobre 

con agrado, serán bien recibidos, (II, VI)

 

También a Sancho, insistiendo en la generosidad ante el vencido, y en la necesidad de mantener el temple y contener la ira:


      Así, oh, Sancho, todas nuestras obras

no pasarán del límite que ha puesto

la religión que siempre profesamos.

Por lo que en los gigantes deberemos

     matar la soberbia, contra la envidia

gran generosidad demostraremos,

tendremos reposado continente

y sin ira tranquilos quedaremos. (II, VIII)


Se espera del buen caballero el espíritu de sacrificio propio de un verdadero asceta,


      Con el ayuno y el mucho velar,

a la gula y al sueño venceremos

y la lujuria y lascivia ha de apartar

la mucha lealtad que guardaremos

      a aquellas que señoras hemos hecho

y son dueñas de nuestros pensamientos.

A la pereza, andando por el mundo

busquemos la ocasión que pueda hacernos 

     sobre fieles cristianos, que ya somos, 

muy dignos y valientes caballeros. 

Esta es, Sancho, la forma de alcanzar 

el honor y la fama más extremos. (II, VIII)

 

que ha de mantenerse fiel a la verdad, hasta defenderla, si preciso fuere, con la propia vida.

      Sufrido en los trabajos, con los pobres

caritativo, y siempre mantener

la verdad, aunque tenga por hacerlo

que la vida arriesgar y hasta perder.

     Mas a Dios rogaré le dé a entender

cuán provechosos y cuán necesarios

fueron al mundo tales caballeros

andantes en los tiempos ya pasados,

     y qué útiles resultarían ahora

si se usaran. Mas triunfan los pecados

de las gentes, y reinan la pereza,

la ociosidad, la gula y el regalo.                     (II, XVIII)


Al caballero andante se le exigen una serie de obligaciones, difíciles de arrostrar en muchos casos, y que lo colocan en permanente riesgo. Así se lo hace saber a su sobrina,

     Conozco los difíciles trabajos

que la caballería representa,

mas sé también los infinitos bienes

que el caballero logrará con ella.

     Que el camino del vicio es espacioso,

y la senda de la virtud estrecha;                     (II, VI)

a Sancho, en otra ocasión,

     Has de saber, amigo Sancho Panza,

que no hay en este mundo algún estado

más peligroso que el de aventureros,

y ese es el que yo he profesado. (I, XX)

 

al pastor Vivaldo, cuando se disponen a enterrar a Grisóstomo,


     -La profesión que ejerzo –respondió-

exige caminar como yo ando.

El paseo, el regalo y el reposo

quedan para los blandos cortesanos;

…………...................……………………

     Así, andando voy por despoblados

en busca de aventuras, con el ánimo

de que a flacos y menesterosos

pueda ofrecer ayuda con mi brazo.

.......................................

     Y puesto que las cosas de la guerra

no se pueden llevar sino sudando,

aquellos que trabajan y se afanan

más lograrán que solo a Dios rogando.

     No quiero yo decir que aquel que lucha

más ha de merecer que el encerrado

religioso. Mas sí diré que el caballero

andante más trabajo se ha tomado. (I, XIII)


al cura y al barbero, justificando la liberación de los galeotes,

      Hallé un rosario de gente mohína

y desdichada. Traté de ayudarlos

conforme lo pide mi religión,

sin que lo demás me importara un rábano.

     Quien haya pensado que no debí hacerlo

-salvo la persona del buen licenciado-,

es que nada sabe de caballería

y cual hideputa miente el desgraciado. (I, XXX)


o a Maritornes, a la ventera y a la hija de esta, tratando de consolar su aflicción ante el maltrato que don Quijote hubo de soportar en la venta.

      No lloréis por mí –dijo el caballero-,

que estas desdichas que estoy soportando

suelen suceder a quien pertenece

a la orden de andante que yo he profesado. 

…...…………………………….. 

      Perdonad, señoras, si yo por descuido 

un desaguisado os he provocado. 

Que nunca a sabiendas y por voluntad 

molestias a nadie habría causado. 

      Rogad por mí a Dios y solicitadle 

que de esta prisión me vaya sacando, 

a la que injustamente me ha traído 

un encantador malintencionado. (I, LXVII)


Exposición y riesgo que en bastantes ocasiones supone quedar sometido al maltrato: burlas, manteamiento, apedreamiento… pero que el caballero soporta con dignidad, lo que no le impide hacer frente con los medios de que dispone, para tratar de salir airoso o lo menos lastimado posible.

Así, manifiesta sentirse dichoso tras recibir la paliza por parte de unos mercaderes, entendiendo que de alguna forma queda acreditaba su condición de caballero.

     Mas pensando que aquella era desgracia

de andantes caballeros, se tenía

por dichoso, y a error de su caballo

que no al suyo, tal duelo atribuía. (I, IV)


Así se lo hace saber a Sancho, tratando de levantar el ánimo decaído de este:

      -Sábete, amigo Sancho, que la vida

de andante caballero –respondió

don Quijote- sujeta está a peligros

y desventuras que prueban su valor.

      Mas la experiencia dice que también

le es posible tener el gran honor

de ser en un momento convertido,

por sus hazañas, en rey o emperador. (I, XV)

 

Convencimiento que le infunde valor para enfrentarse a los cuadrilleros que en nombre de la autoridad tienen intención de apresarlo.

     -Venid, gente soez y malnacida.

¿Salteador de caminos vais llamando

a quien da la libertad a los presos

que por la fuerza van encadenados,

      socorre a miserables, a caídos

levanta y a los pobres va tratando

de hallarles remedio? ¡Ah, gente infame,

digna de que el cielo no os haya dado

      conocimiento del valor que encierra

la andante caballería, ni hablado

nunca de la ignorancia y el pecado

que supone no haber reverenciado (I.XLV)


Tan acendrado es ese convencimiento, que el propio Sancho se muestra dispuesto a seguir a su amo, aceptando las consecuencias, ciertamente desagradables, que ya ha tenido ocasión de experimentar. Así lo comenta con su esposa, Teresa Sancha, al regreso de su primer viaje con don Quijote.


                          Tan solo te diré, así de paso,

que no hay cosa mejor, que más agrada,

que ser el escudero de un señor

que en busca de aventuras siempre anda;

     aunque es verdad que las que no suceden

cual quisieras son las que más se hallan.

Que de cien aventuras que se encuentran,

noventa y nueve suelen salir malas,

     aviesas y torcidas. Lo sé bien

por todo aquello que a mí me pasaba

En ocasiones salí manteado

y otras veces molido me quedaba.

      Mas con todo, resulta interesante

esperar sucesos sin saber qué pasa.

atravesar los montes, pisar peñas,

escudriñar selvas, ver un alcázar,

alojarse en ventas sin que al ventero

ni al diablo haya que pagar nada… (I, LII)

 

De alguna forma, el caballero, sujeto a obligaciones y rigores, se siente compensado con determinados privilegios. Cuenta con el beneplácito de las damas a las que favorece, y hasta de personas de la más alta alcurnia, que no dudarían en sentarlo a su mesa. Así se lo hace saber a los cuadrillero

     ¿Quién fue, vuelvo a decir, el mentecato?

Que no hay ejecutoria para hidalgo,

ni mayor preeminencia ni exenciones

que las que tiene un caballero armado

 .............................................

Qué rey no le hará sentar a su mesa?

¿Qué doncella no se le aficionara

y rendida a su talante y deseo

al caballero no se le entregara? (I, XLV)


Un caballero andante, asegura a Sancho don Quijote, puede aspirar a lo más alto.

     -Tienes razón, Sancho –le respondió

don Quijote-. Un caballero andante,

como tenga dos dedos de ventura,

potencia tiene de poder alzarse

hasta ser el mejor señor del mundo. (II, XXXIX)


Y aunque es cierto que en ocasiones don Quijote duda sobre la realidad de su condición, y se siente alejado de la realidad,


     -Mira, Sancho-respondió don Quijote-.

Por lo que has jurado, también yo juro

que tu entendimiento es el más corto

que tuvo en el mundo escudero alguno.

     ¿Es posible que no hayas visto aún,

en todo este tiempo que andas conmigo,

que cuanto a caballero andante toca,

necedad es, quimera y desatino? (I, XXV)


defiende la labor del caballero andante,

     -Quisiera yo tener aquí delante

a quienes no consienten en creer

lo provechosos que son para el mundo

los caballeros que luchan en él.

     No sé qué habría sido de Gaiferos

si aquí no hubiera estado yo presente,

pues tanto Melisendra como él

hubieran sido muy posiblemente

     heridos por los perros, y a los dos

un buen desaguisado les hicieran.

¡Que viva la caballería andante

sobre todas las cosas de la tierra!

     -¡Viva en hora buena! –con voz muy débil

y enfermiza repitió Maese Pedro-,

y muera yo, pues soy tan desdichado

que con el rey Rodrigo iré diciendo: (II, XXVI)


aspira a serlo desde un principio, entusiasmado por lo que descubre en la lectura de sus libros, y desea con toda su alma ser armado caballero,

                         Desafíos y duelos releía,

y dentro de ellos él se imaginaba;

las heridas del héroe sufría,

pues en su propia carne las notaba.

….....................................

     Llegó a embelesarse tanto en la lectura,

que las noches en blanco las pasaba;

y de tanto leer y releer,

su cerebro y su juicio se secaban.

     Requiebros o pendencias por amor

soñaba, y desafíos y batallas;

disparates, soñadas invenciones

que, en su enajenación, por ciertas daba. (I, I)





lo que le lleva a ponerse manos a la obra, desempolvando las armas de sus antepasados, abandonadas desde hacía tiempo en el desván.

     Llegó a tal punto el mal de don Alonso,

tan grave desvarío lo aquejaba,

que decidió tornarse en caballero

y vestir armadura, escudo y lanza,

     por mejorar su honra y la República

y agravios deshacer, correr andanzas,

peligros arrostrar, y de este modo

lograr muy gran honor y eterna fama. (I,I)


Don Quijote se siente orgulloso, tras haber conseguido ser armado caballero.

      Venturosos y muy felices tiempos

fueron aquellos en que el caballero

muy audaz don Quijote de la Mancha

echose al mundo a deshacer entuertos. (I, XXVIII)


Orgullo que no duda en manifestar cada vez que tiene ocasión, y que llevan a diferentes personajes a procurarse algún encuentro con el caballero y a solicitar su amparo. El propio Duque anima al escudero Trifaldín a solicitar la ayuda del hidalgo, en favor de la condesa Trifaldi, la ‘dueña Dolorida’,

            Hace ya muchos días, escudero

Trifaldín –respondió el duque-, me llega

información sobre la gran desgracia

que a la condesa Trifaldi le aqueja,

     por la que algún encantador la llama

la dueña Dolorida. Escudero,

decidle que entre, pues aquí ha de hallar

alojado al valiente caballero

     don Quijote de la Mancha, del cual

puede esperar seguridad, amparo

y ayuda. Él con mi favor ya cuenta,

siempre que este le sea necesario,

     por ser caballero. Y está obligado,

por el hecho de serlo, a socorrer

y hacer favor, en cualquier circunstancia,

sin más, a cualquier clase de mujer. (II, XXXVI)


pues el Duque dice estar convencido -aunque en la novela se reconoce que tal actitud es parte de una broma-de que la fama de don Quijote es tal que se extiende a todos los confines de la tierra, razón por la que desde todas partes acuden a solicitar su favor.

sino

     -Famoso caballero, las tinieblas

de la malicia o los de la ignorancia

no pueden encubrir ni oscurecer

la luz de la virtud que os acompaña.

     Seis días hace apenas que llegasteis

al castillo, y de lejanas tierras

os vienen a buscar, y no en carrozas

ni en altos dromedarios se presentan, 

     sino a pie y en ayunas, afligidos

y tristes, confiados en hallar

en vuestro fuerte brazo el remedio

que confían les habrá de sacar

     de todos sus trabajos y sus cuitas.

Y lo hacen por las hazañas vuestras,

que se conocen, corren y se extienden

por todos los rincones de la tierra. (II, XXXVI)


Don Quijote se reconoce como auténtico caballero, y lo confiesa abiertamente, sin remilgo alguno, ante el señor canónigo. Cabría decir coloquialmente que don Quijote ‘no tenía abuela’.

    De mí diré que desde que me vi

en caballero andante ser armado,

valiente soy, liberal, generoso,

comedido, cortés y bien criado, 

     atrevido, paciente, a veces blando,

sufridor de prisiones, de trabajos

y de encantos. Y aunque me vi cual loco

ser tratado y en jaula me encerraron,

     pienso que con el cielo a mi favor,

la fortuna y el valor de mi brazo… (I, L)

 

El propio Sancho está convencido de servir a un auténtico caballero, lo que califica, hablando consigo mismo, de auténtica fortuna.


     ¿Y de parte de quién la buscarás?

De parte del famoso caballero

don Quijote de la Mancha, el que trata

de ir deshaciendo todos los entuertos 

     el que da de beber a quien sed tiene

y de comer al que se encuentra hambriento.

¿Y por suerte la viste alguna vez?

Ni mi amo ni yo la conocemos. (II, X) 


No tiene empacho alguno don Quijote en presentarse como caballero andante, ante cualquiera y en cualquier ocasión que se le presenta. Ante los pueblos enfrentados a consecuencia de los rebuznos de sus alcaldes,

                                                                                                                     -Yo soy, señores, caballero andante,

y mi ejercicio es el de las armas;

mi profesión, a los necesitados

favorecer y a los que lo demandan.

      Supe hace días de vuestra desgracia

y la razón que siempre os ha movido

a tomar a cada paso las armas

para vengaros de los enemigos

     Y habiendo discurrido muchas veces

mi entendimiento sobre vuestro caso,

os digo que según la ley del duelo

no deberéis sentiros afrentados.

     Ningún particular puede afrentar

a un pueblo por entero, no sabiendo

quién hizo la traición por la que habría

de combatir en merecido duelo. (II, XXVII)


ante los Duques que le colman de atenciones,

     Ya desde el primer día conoció

y más creyó y más se aseguraba

ser verdadero caballero andante

y no irreal, pues le consideraban

del mismo modo que en pasados siglos

a un caballero andante le trataban. (II, XXXI)


o ante personajes de muy distinta clase y condición, como en el caso de la dueña doña Rodríguez, quien al entrar en el aposento del caballero auxiliada por la luz de una vela, teme encontrarse en presencia de un fantasma.

trat                                                                                                                 -Conjúrote, fantasma, o lo que seas,

a que aclares quién eres y me digas

qué es lo que quieres. Si eres alma en pena,

dímelo; que por ti yo habré de hacer

todo cuanto mis fuerzas alcanzaren.

     -Caballero cristiano, es mi deber 

tratar de hacerle bien a todo el mundo;

que para eso profesé la orden

de caballero andante, cuyo oficio

consiste en ir haciendo el bien 

a donde sea menester, ayudando incluso

hasta a las ánimas del purgatorio. (II, XLVIII)


Consecuente con el espaldarazo que ha recibido y que le confirma como caballero, don Quijote está convencido de haber nacido para mejorar la sociedad y convertir la que podría calificarse de ‘edad de hierro’ en una magnífica ‘edad de oro’,

     -Has de saber, amigo, que nací

-lo quiso el cielo- en esta edad de hierro,

para lograr que de oro se tornara

y edad de oro la llamaran luego. (I, XX)


y se muestra dispuesto a aceptar cualquier sacrificio que le exija su condición de caballero, por difícil que resulte.

     De serlo yo doy infinitas gracias

al cielo, y he de aceptar sin reparo

cualquier desmán que pueda sucederme,

e igual he de aceptar cualquier trabajo. (II, XXXVI)


Quedaría claramente incompleta la exposición sobre lo que representa ser verdadero caballero andante, si no hiciésemos referencia a la necesidad que le acompaña de tener en su presencia o en su memoria la imagen de una dama a la que invocar en su auxilio, a la que ofrecer sus victorias y conquistas y con la que compartir sueños e ilusiones. En su momento dedicaremos todo un capítulo para referirnos a Aldonza Lorenzo, la Dulcinea de Alonso Quijano, y cómo esta labradora, convertida en singular dama en la imaginación del caballero, se convierte en la inspiración de este y en la razón que anima e impulsa su afán por deshacer entuertos y mejorar la sociedad.

Todo caballero que se precie ha de tener su dama, y así se lo hace saber don Quijote a su escudero, cuando descansando a la sombra de unos árboles, tras su encuentro con la carreta de las cortes de la Muerte, escuchan el canto melancólico del Caballero del Bosque, nostálgico por la ausencia de su amada.

     -A buena fe que sí –respondió Sancho-.

Este hombre parece enamorado.

-Ningún andante caballero hay

que no lo esté –le respondió el hidalgo-. (II, XII)

                       


                                         ÁNGEL HERNÁNDEZ EXPÓSITO

Maestro. Doctor en Ciencias de la Educación

Emérito UCJC

 

                               

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