ANÁLISIS TEMÁTICO SOBRE
LA HISTORIA DEL INGENIOSO HIDALGO
Estimados lectores de AFDA:
Cuando hace unos años me embarqué en la tarea, ciertamente atrevida, de intentar una versión de El Quijote, trasladando la prosa al verso endecasílabo y procurando la mayor aproximación al texto original, no sabía que lo que se presentaba como una ardua tarea habría de convertirse en labor ilusionante. Hoy los 52.000 versos, agrupados en 13.000 estrofas de cuatro versos con rima asonante en los pares, que no responden a ninguna estructura métrica clásica, están maquetados e ilustrados y conforman sendos volúmenes con el título de Don Quijote en endecasílabos, a la espera de algún editor que quiera apostar por ellos.
Acabado el trabajo, me rondó la idea de una nueva labor: realizar un análisis temático de la obra: características de los personajes, relación entre ellos, contexto social en que se desenvuelven…, referenciando cada elemento del análisis con citas tomadas de esta nueva versión. El trabajo está en marcha, con más de 700 citas extraídas y sistematizadas, y estructurado el esquema en que pretendo presentarlas. En esta primera entrega os quiero hacer llegar el que podría suponer el inicio del ensayo, con cuanto sobre la condición de caballero andante se comenta, por parte del propio Alonso Quijano y de otros actores, en la novela de Cervantes. Confío en que os resulte de interés.
Una aclaración: en los paréntesis que siguen a cada cita aparecen dos cifras en números romanos. La primera corresponde a cada una de las dos partes de la obra; la segunda, al capítulo de la que está tomada.
1. EL CABALLERO ANDANTE
Los libros de caballería, valorados por unos y denostados por otros -como se verá claramente reflejado a lo largo de este análisis-, supuso el género épico y narrativo representativo de la época medieval y renacentista. El protagonista, caballero aventurero -que esto viene a significar el apelativo de ‘andante’-, aglutina en su persona una serie de valores que lo engrandecen y mitifican: valiente hasta el heroísmo, defensor a ultranza del honor, con vocación de servicio, amante de la belleza, respetuoso con el amor… Las fabulosas hazañas de caballeros legendarios, como Amadís, Palmerín o Belianís, por citar algunos, dieron para muchas historias y llenaron cientos de páginas, que a algunos, como veremos, les dejaron admirados, y para otros representaron fútiles fantasías de mentes calenturientas.
Son pocos, a juicio de don Quijote, los verdaderos caballeros, aunque abunden ‘los de alquimia’, que quieran hacerse pasar por tales.
Muchos son los andantes –dijo Sancho.
-Muchos son los andantes, en efecto
-replicó don Quijote-; pero pocos
los que pueden llamarse caballeros. (II, VIII)
No todo el que se dice caballero
lo es del todo. Algunos son de oro
y otros de alquimia, y toque de piedra
verdadera no la verás en todos.
Hay hombres bajos que por parecer
caballeros revientan, cuando hay otros
que siendo caballeros nos parecen
hombres bajos, pues no son orgullosos. (II, VI)
Grandes son las exigencias que se esperan del caballero andante. No basta con que se muestre valiente y esforzado; ha de ser versado en materias de carácter científico, como en asuntos de leyes, de teología o de herboristería, pongo por caso. Así se lo comenta don Quijote al joven don Lorenzo, aspirante a poeta e hijo de don Diego de Miranda, el ‘Caballero del verde Gabán’, en una distendida conversación.
Es una ciencia –dijo don Quijote-
que dentro encierra todas las demás
ciencias del mundo, y quien la profesa
jurisperito debe ser, saber
leyes de justicia distributiva
y conmutativa, para poder
ceder a cada uno lo que es suyo
y lo que le conviene. Y ha de ser
teólogo, a fin de dar razón
muy clara de la cristiana ley
que profesa, clara y discretamente
adonde quiera que se le pidiera.
Ha de ser médico, y ser herbolario
para saber acerca de las yerbas
que en despoblado crecen y desiertos,
para curar las heridas con ellas. (II, XVIII)
Ser auténtico caballero andante supone -comenta don Quijote a su escudero- gran honor para quien ostenta tal condición.
Qué poco sabes –dijo don Quijote-,
sobre caballería; aguanta y calla;
días vendrán donde tus ojos vean
cuán honroso es estar en esta andanza.
Dime si puede haber mayor contento
que salir vencedor en la batalla.
Triunfar del enemigo es, no lo dudes,
una satisfacción que nada iguala. (I, XVIII)
Honor que enorgullece a don Quijote, y que le coloca por encima del caballero que vence en justas y torneos cortesanos, como se desprende con claridad de estas palabras dirigidas a Sancho, su escudero:
Por bueno hay que tener el que un gallardo
caballero a los ojos de su rey
en mitad de una gran plaza haya dado
una feliz lanzada a un bravo toro;
o que, de armas brillantes pertrechado,
en las justas delante de las damas
orgulloso la tela haya pasado;
o que en los ejercicios militares
diviertan, alegren y hayan honrado
con sus hechos lasa cortes de sus príncipes.
Más sobre ellos, asoma destacado
un caballero andante, que desiertos
y grandes soledades ha pasado,
y por encrucijadas, selva y montes
sin encontrar descanso anda buscando
grandes y peligrosas aventuras,
para poder lograr de esta manera
dichosa y bien aventurada cima
y una fama gloriosa y duradera.
Mejor parece un caballero andante
socorriendo a una viuda en despoblado,
que ver a un caballero cortesano
a una joven doncella requebrando. (II, XVII)
La condición de caballero andante comporta exigencias, una serie de virtudes que ha de tener y manifestar, como ser afable, cortés, comedido, humilde, caritativo, generoso… Así se lo hace saber don Quijote a su sobrina, en una de sus conversaciones:
Para mostrar el caballero pobre
que es caballero, solo hay un camino:
ser virtuoso, afable, bien criado,
oficioso, cortés y comedido;
no aparecer soberbio ni arrogante,
no murmurar, y ser caritativo.
Con dos maravedís que entregue al pobre
con agrado, serán bien recibidos, (II, VI)
También a Sancho, insistiendo en la generosidad ante el vencido, y en la necesidad de mantener el temple y contener la ira:
Así, oh, Sancho, todas nuestras obras
no pasarán del límite que ha puesto
la religión que siempre profesamos.
Por lo que en los gigantes deberemos
matar la soberbia, contra la envidia
gran generosidad demostraremos,
tendremos reposado continente
y sin ira tranquilos quedaremos. (II, VIII)
Se espera del buen caballero el espíritu de sacrificio propio de un verdadero asceta,
Con el ayuno y el mucho velar,
a la gula y al sueño venceremos
y la lujuria y lascivia ha de apartar
la mucha lealtad que guardaremos
a aquellas que señoras hemos hecho
y son dueñas de nuestros pensamientos.
A la pereza, andando por el mundo
busquemos la ocasión que pueda hacernos
sobre fieles cristianos, que ya somos,
muy dignos y valientes caballeros.
Esta es, Sancho, la forma de alcanzar
el honor y la fama más extremos. (II, VIII)
que ha de mantenerse fiel a la verdad, hasta defenderla, si preciso fuere, con la propia vida.
Sufrido en los trabajos, con los pobres
caritativo, y siempre mantener
la verdad, aunque tenga por hacerlo
que la vida arriesgar y hasta perder.
Mas a Dios rogaré le dé a entender
cuán provechosos y cuán necesarios
fueron al mundo tales caballeros
andantes en los tiempos ya pasados,
y qué útiles resultarían ahora
si se usaran. Mas triunfan los pecados
de las gentes, y reinan la pereza,
la ociosidad, la gula y el regalo. (II, XVIII)
Al caballero andante se le exigen una serie de obligaciones, difíciles de arrostrar en muchos casos, y que lo colocan en permanente riesgo. Así se lo hace saber a su sobrina,
Conozco los difíciles trabajos
que la caballería representa,
mas sé también los infinitos bienes
que el caballero logrará con ella.
Que el camino del vicio es espacioso,
y la senda de la virtud estrecha; (II, VI)
a Sancho, en otra ocasión,
Has de saber, amigo Sancho Panza,
que no hay en este mundo algún estado
más peligroso que el de aventureros,
y ese es el que yo he profesado. (I, XX)
al pastor Vivaldo, cuando se disponen a enterrar a Grisóstomo,
-La profesión que ejerzo –respondió-
exige caminar como yo ando.
El paseo, el regalo y el reposo
quedan para los blandos cortesanos;
…………...................……………………
Así, andando voy por despoblados
en busca de aventuras, con el ánimo
de que a flacos y menesterosos
pueda ofrecer ayuda con mi brazo.
.......................................
Y puesto que las cosas de la guerra
no se pueden llevar sino sudando,
aquellos que trabajan y se afanan
más lograrán que solo a Dios rogando.
No quiero yo decir que aquel que lucha
más ha de merecer que el encerrado
religioso. Mas sí diré que el caballero
andante más trabajo se ha tomado. (I, XIII)
al cura y al barbero, justificando la liberación de los galeotes,
Hallé un rosario de gente mohína
y desdichada. Traté de ayudarlos
conforme lo pide mi religión,
sin que lo demás me importara un rábano.
Quien haya pensado que no debí hacerlo
-salvo la persona del buen licenciado-,
es que nada sabe de caballería
y cual hideputa miente el desgraciado. (I, XXX)
o a Maritornes, a la ventera y a la hija de esta, tratando de consolar su aflicción ante el maltrato que don Quijote hubo de soportar en la venta.
No lloréis por mí –dijo el caballero-,
que estas desdichas que estoy soportando
suelen suceder a quien pertenece
a la orden de andante que yo he profesado.
…...……………………………..
Perdonad, señoras, si yo por descuido
un desaguisado os he provocado.
Que nunca a sabiendas y por voluntad
molestias a nadie habría causado.
Rogad por mí a Dios y solicitadle
que de esta prisión me vaya sacando,
a la que injustamente me ha traído
un encantador malintencionado. (I, LXVII)
Exposición y riesgo que en bastantes ocasiones supone quedar sometido al maltrato: burlas, manteamiento, apedreamiento… pero que el caballero soporta con dignidad, lo que no le impide hacer frente con los medios de que dispone, para tratar de salir airoso o lo menos lastimado posible.
Así, manifiesta sentirse dichoso tras recibir la paliza por parte de unos mercaderes, entendiendo que de alguna forma queda acreditaba su condición de caballero.
Mas pensando que aquella era desgracia
de andantes caballeros, se tenía
por dichoso, y a error de su caballo
que no al suyo, tal duelo atribuía. (I, IV)
Así se lo hace saber a Sancho, tratando de levantar el ánimo decaído de este:
-Sábete, amigo Sancho, que la vida
de andante caballero –respondió
don Quijote- sujeta está a peligros
y desventuras que prueban su valor.
Mas la experiencia dice que también
le es posible tener el gran honor
de ser en un momento convertido,
por sus hazañas, en rey o emperador. (I, XV)
Convencimiento que le infunde valor para enfrentarse a los cuadrilleros que en nombre de la autoridad tienen intención de apresarlo.
-Venid, gente soez y malnacida.
¿Salteador de caminos vais llamando
a quien da la libertad a los presos
que por la fuerza van encadenados,
socorre a miserables, a caídos
levanta y a los pobres va tratando
de hallarles remedio? ¡Ah, gente infame,
digna de que el cielo no os haya dado
conocimiento del valor que encierra
la andante caballería, ni hablado
nunca de la ignorancia y el pecado
que supone no haber reverenciado (I.XLV)
Tan acendrado es ese convencimiento, que el propio Sancho se muestra dispuesto a seguir a su amo, aceptando las consecuencias, ciertamente desagradables, que ya ha tenido ocasión de experimentar. Así lo comenta con su esposa, Teresa Sancha, al regreso de su primer viaje con don Quijote.
Tan solo te diré, así de paso,que no hay cosa mejor, que más agrada,
que ser el escudero de un señor
que en busca de aventuras siempre anda;
aunque es verdad que las que no suceden
cual quisieras son las que más se hallan.
Que de cien aventuras que se encuentran,
noventa y nueve suelen salir malas,
aviesas y torcidas. Lo sé bien
por todo aquello que a mí me pasaba
En ocasiones salí manteado
y otras veces molido me quedaba.
Mas con todo, resulta interesante
esperar sucesos sin saber qué pasa.
atravesar los montes, pisar peñas,
escudriñar selvas, ver un alcázar,
alojarse en ventas sin que al ventero
ni al diablo haya que pagar nada… (I, LII)
De alguna forma, el caballero, sujeto a obligaciones y rigores, se siente compensado con determinados privilegios. Cuenta con el beneplácito de las damas a las que favorece, y hasta de personas de la más alta alcurnia, que no dudarían en sentarlo a su mesa. Así se lo hace saber a los cuadrillero
¿Quién fue, vuelvo a decir, el mentecato?
Que no hay ejecutoria para hidalgo,
ni mayor preeminencia ni exenciones
que las que tiene un caballero armado
.............................................
Qué rey no le hará sentar a su mesa?
¿Qué doncella no se le aficionara
y rendida a su talante y deseo
al caballero no se le entregara? (I, XLV)
Un caballero andante, asegura a Sancho don Quijote, puede aspirar a lo más alto.
-Tienes razón, Sancho –le respondió
don Quijote-. Un caballero andante,
como tenga dos dedos de ventura,
potencia tiene de poder alzarse
hasta ser el mejor señor del mundo. (II, XXXIX)
Y aunque es cierto que en ocasiones don Quijote duda sobre la realidad de su condición, y se siente alejado de la realidad,
-Mira, Sancho-respondió don Quijote-.
Por lo que has jurado, también yo juro
que tu entendimiento es el más corto
que tuvo en el mundo escudero alguno.
¿Es posible que no hayas visto aún,
en todo este tiempo que andas conmigo,
que cuanto a caballero andante toca,
necedad es, quimera y desatino? (I, XXV)
defiende la labor del caballero andante,
-Quisiera yo tener aquí delante
a quienes no consienten en creer
lo provechosos que son para el mundo
los caballeros que luchan en él.
No sé qué habría sido de Gaiferos
si aquí no hubiera estado yo presente,
pues tanto Melisendra como él
hubieran sido muy posiblemente
heridos por los perros, y a los dos
un buen desaguisado les hicieran.
¡Que viva la caballería andante
sobre todas las cosas de la tierra!
-¡Viva en hora buena! –con voz muy débil
y enfermiza repitió Maese Pedro-,
y muera yo, pues soy tan desdichado
que con el rey Rodrigo iré diciendo: (II, XXVI)
aspira a serlo desde un principio, entusiasmado por lo que descubre en la lectura de sus libros, y desea con toda su alma ser armado caballero,
Desafíos y duelos releía,y dentro de ellos él se imaginaba;
las heridas del héroe sufría,
pues en su propia carne las notaba.
….....................................
Llegó a embelesarse tanto en la lectura,
que las noches en blanco las pasaba;
y de tanto leer y releer,
su cerebro y su juicio se secaban.
Requiebros o pendencias por amor
soñaba, y desafíos y batallas;
disparates, soñadas invenciones
que, en su enajenación, por ciertas daba. (I, I)
lo que le lleva a ponerse manos a la obra, desempolvando las armas de sus antepasados, abandonadas desde hacía tiempo en el desván.
Llegó a tal punto el mal de don Alonso,
tan grave desvarío lo aquejaba,
que decidió tornarse en caballero
y vestir armadura, escudo y lanza,
por mejorar su honra y la República
y agravios deshacer, correr andanzas,
peligros arrostrar, y de este modo
lograr muy gran honor y eterna fama. (I,I)
Don Quijote se siente orgulloso, tras haber conseguido ser armado caballero.
Venturosos y muy felices tiempos
fueron aquellos en que el caballero
muy audaz don Quijote de la Mancha
echose al mundo a deshacer entuertos. (I, XXVIII)
Orgullo que no duda en manifestar cada vez que tiene ocasión, y que llevan a diferentes personajes a procurarse algún encuentro con el caballero y a solicitar su amparo. El propio Duque anima al escudero Trifaldín a solicitar la ayuda del hidalgo, en favor de la condesa Trifaldi, la ‘dueña Dolorida’,
Hace ya muchos días, escudero
Trifaldín –respondió el duque-, me llega
información sobre la gran desgracia
que a la condesa Trifaldi le aqueja,
por la que algún encantador la llama
la dueña Dolorida. Escudero,
decidle que entre, pues aquí ha de hallar
alojado al valiente caballero
don Quijote de la Mancha, del cual
puede esperar seguridad, amparo
y ayuda. Él con mi favor ya cuenta,
siempre que este le sea necesario,
por ser caballero. Y está obligado,
por el hecho de serlo, a socorrer
y hacer favor, en cualquier circunstancia,
sin más, a cualquier clase de mujer. (II, XXXVI)
pues el Duque dice estar convencido -aunque en la novela se reconoce que tal actitud es parte de una broma-de que la fama de don Quijote es tal que se extiende a todos los confines de la tierra, razón por la que desde todas partes acuden a solicitar su favor.
sino
-Famoso caballero, las tinieblas
de la malicia o los de la ignorancia
no pueden encubrir ni oscurecer
la luz de la virtud que os acompaña.
Seis días hace apenas que llegasteis
al castillo, y de lejanas tierras
os vienen a buscar, y no en carrozas
ni en altos dromedarios se presentan,
sino a pie y en ayunas, afligidos
y tristes, confiados en hallar
en vuestro fuerte brazo el remedio
que confían les habrá de sacar
de todos sus trabajos y sus cuitas.
Y lo hacen por las hazañas vuestras,
que se conocen, corren y se extienden
por todos los rincones de la tierra. (II, XXXVI)
Don Quijote se reconoce como auténtico caballero, y lo confiesa abiertamente, sin remilgo alguno, ante el señor canónigo. Cabría decir coloquialmente que don Quijote ‘no tenía abuela’.
De mí diré que desde que me vi
en caballero andante ser armado,
valiente soy, liberal, generoso,
comedido, cortés y bien criado,
atrevido, paciente, a veces blando,
sufridor de prisiones, de trabajos
y de encantos. Y aunque me vi cual loco
ser tratado y en jaula me encerraron,
pienso que con el cielo a mi favor,
la fortuna y el valor de mi brazo… (I, L)
El propio Sancho está convencido de servir a un auténtico caballero, lo que califica, hablando consigo mismo, de auténtica fortuna.
¿Y de parte de quién la buscarás?
De parte del famoso caballero
don Quijote de la Mancha, el que trata
de ir deshaciendo todos los entuertos
el que da de beber a quien sed tiene
y de comer al que se encuentra hambriento.
¿Y por suerte la viste alguna vez?
Ni mi amo ni yo la conocemos. (II, X)
No tiene empacho alguno don Quijote en presentarse como caballero andante, ante cualquiera y en cualquier ocasión que se le presenta. Ante los pueblos enfrentados a consecuencia de los rebuznos de sus alcaldes,
-Yo soy, señores, caballero andante,
y mi ejercicio es el de las armas;
mi profesión, a los necesitados
favorecer y a los que lo demandan.
Supe hace días de vuestra desgracia
y la razón que siempre os ha movido
a tomar a cada paso las armas
para vengaros de los enemigos
Y habiendo discurrido muchas veces
mi entendimiento sobre vuestro caso,
os digo que según la ley del duelo
no deberéis sentiros afrentados.
Ningún particular puede afrentar
a un pueblo por entero, no sabiendo
quién hizo la traición por la que habría
de combatir en merecido duelo. (II, XXVII)
ante los Duques que le colman de atenciones,
Ya desde el primer día conoció
y más creyó y más se aseguraba
ser verdadero caballero andante
y no irreal, pues le consideraban
del mismo modo que en pasados siglos
a un caballero andante le trataban. (II, XXXI)
o ante personajes de muy distinta clase y condición, como en el caso de la dueña doña Rodríguez, quien al entrar en el aposento del caballero auxiliada por la luz de una vela, teme encontrarse en presencia de un fantasma.
trat -Conjúrote, fantasma, o lo que seas,
a que aclares quién eres y me digas
qué es lo que quieres. Si eres alma en pena,
dímelo; que por ti yo habré de hacer
todo cuanto mis fuerzas alcanzaren.
-Caballero cristiano, es mi deber
tratar de hacerle bien a todo el mundo;
que para eso profesé la orden
de caballero andante, cuyo oficio
consiste en ir haciendo el bien
a donde sea menester, ayudando incluso
hasta a las ánimas del purgatorio. (II, XLVIII)
Consecuente con el espaldarazo que ha recibido y que le confirma como caballero, don Quijote está convencido de haber nacido para mejorar la sociedad y convertir la que podría calificarse de ‘edad de hierro’ en una magnífica ‘edad de oro’,
-Has de saber, amigo, que nací
-lo quiso el cielo- en esta edad de hierro,
para lograr que de oro se tornara
y edad de oro la llamaran luego. (I, XX)
y se muestra dispuesto a aceptar cualquier sacrificio que le exija su condición de caballero, por difícil que resulte.
De serlo yo doy infinitas gracias
al cielo, y he de aceptar sin reparo
cualquier desmán que pueda sucederme,
e igual he de aceptar cualquier trabajo. (II, XXXVI)
Quedaría claramente incompleta la exposición sobre lo que representa ser verdadero caballero andante, si no hiciésemos referencia a la necesidad que le acompaña de tener en su presencia o en su memoria la imagen de una dama a la que invocar en su auxilio, a la que ofrecer sus victorias y conquistas y con la que compartir sueños e ilusiones. En su momento dedicaremos todo un capítulo para referirnos a Aldonza Lorenzo, la Dulcinea de Alonso Quijano, y cómo esta labradora, convertida en singular dama en la imaginación del caballero, se convierte en la inspiración de este y en la razón que anima e impulsa su afán por deshacer entuertos y mejorar la sociedad.
Todo caballero que se precie ha de tener su dama, y así se lo hace saber don Quijote a su escudero, cuando descansando a la sombra de unos árboles, tras su encuentro con la carreta de las cortes de la Muerte, escuchan el canto melancólico del Caballero del Bosque, nostálgico por la ausencia de su amada.
-A buena fe que sí –respondió Sancho-.
Este hombre parece enamorado.
-Ningún andante caballero hay
que no lo esté –le respondió el hidalgo-. (II, XII)
ÁNGEL HERNÁNDEZ EXPÓSITO
Maestro. Doctor en Ciencias de la Educación
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