EL MAGNÍFICAT
Que hayamos escuchado como alumnos y leído posteriormente, entre 1937 y 1988 al menos, el Magnificat, es el texto del Nuevo Testamento más estudiado. Por delante, incluso, de la parábola del buen samaritano, la del hijo pródigo y el encantador episodio de los discípulos de Emaús.
Le preceden y recuerdan tres cánticos veterotestamentarios. Recuerda el canto de María, la hermana de Moisés (Éxodo 15:1-21); el de la profetisa Débora (Jue 5, 2-31) y, particularmente, el de Ana, la madre de Samuel (1 Sam 2,1-11).
Los biblistas afirman que es un texto muy hebreo por su ritmo, por su estilo, por su construcción y por sus referencias al Antiguo Testamento.
Leyéndolo, a fondo, como se debe leer, estamos ante la mejor fotografía que pudiéramos tener de la Gloriosa Virgen María. Para José Luis Martín Descalzo es el mejor retrato de María de que disponemos.
Charles Maurras felicitaba a la Iglesia por conservar en latín el Magnificat y por haberle puesto música, con lo que, a su juicio, el efecto era “atenuarle su veneno”.
En efecto es un himno subversivo, revolucionario: humillación de los soberbios, exaltación de los humildes. Se adelanta al Hijo de Dios que predicará el Evangelio de las bienaventuranzas. Los humildes -los anawin- son los que sólo cuentan con Dios, los que se refugian en Él, los que lo buscan. Revolución del nuevo Reino, alegre, redentora, sumadora.
Para Raymond Brown, miembro de la Pontificia Comisión Bíblica, el Magnificat sería un cántico compuesto dentro del grupo hebreo de los anawin, los verdaderamente piadosos entre los hebreos a los que Dios les promete la salvación; etimológicamente: humildes, doblados, genuflexos ante Dios.
¿Lo compuso María? Ciertamente es un himno de la primitiva Iglesia cristiana que Lucas pone en labios de Ntra. Señora. ¿Se lo inventó San Lucas como anticipo de las Bienaventuranzas y del Evangelio de Jesús, mirándole al fondo de los ojos a la Gloriosa?
CARLOS URDIALES RECIO
Maestro. Universitas Lateranensis
Emérito UCJC
NB. De conocer a fondo y la fuerza bíblica propia de la Madre de Dios, la Falange, en vez de tomar como su patrona a Santa Teresa, se hubiera puesto bajo el amparo desde luego de Isabel la Católica, pero ciertamente el de la Virgen María, intrépida mujer sobre la Tierra y los Cielos. Uno de sus himnos, sería el Magníficat, por su razón “revolucionaria”. “María es el ser más animoso y original de la Tierra” afirmaba Lilí Álvarez, “el más bravo y decidido”. Y del gran mariólogo René Laurentin es la afirmación de que “cierto culto a María nos ha perjudicado grandemente” por su tono infantil y “femenino”.







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