NÚMERO 122
Febrero, 2024
SINTONÍA CÓSMICA
Si la Sabiduría he de ser la estrella polar por la que se rija todo el tinglado educativo desde los cimientos sobre los que descansa el centro escolar hasta el color del tono con el que se explica un alumno que en este preciso momento está hablando a toda la clase. Todo en la Escuela ha de estar ordenado en dirección a la Sabiduría, apuntar y converger en la Sabiduría.
Pero es preciso que la Sabiduría que es meta presuponga la indiscutible idea educadora de que la vida sabia termine en dominar la Creación y no solo en su superficie, sino sacando a luz la entraña que la subyace.
Si existe una armonía exterior, no es menor la interna del Cosmos. El alumno ha de contribuir a esa armonía entrañal, no impedirla, al menos (recuérdese el lema de Paul Claudel que pensaba en la cósmica música del Universo: Ne impedias musicam), y a la total, física y transcendente.
El Firmamento de millones de estrellas sirven al minúsculo planeta Tierra, embellecen sus noches, recuerdan y sugieren al hombre el Creador de tales inmensidades y hermosuras, le sirven una armonía hecha, equilibrio que imitar en su existencia personal y singular.
La flor canta a su modo con el pájaro que vuela, el río corre hacia la mar y el mar que no se llena, el anciano fallece y el bebé rompe a vivir con su primer grito, muestra que respira y está vivo…: todo está en función de todo, todo sirve al conjunto y mantiene la armonía del Cosmos.
Nada es sin el otro. Física y transcendentemente somos solidarios. No solamente los hombres (que en términos bíblico diremos que somos hermanos, todos hijos de Dios) sino todo, toda realidad en acto o en potencia marcha y gira en torno a la Sabiduría.

Y en esa marcha y giro, ha de estar el alumno de nuestra Escuela, en sintonía cósmica y entrañal con la Sabiduría.
💥MAGISTERIO💥
400
o 500 millones
Hace unos días, el Presidente del Gobierno anunciaba un refuerzo presupuestario de 400 o 500 millones para mejorar los niveles escolares en lectura y matemáticas. Y yo, automáticamente, me acordé de Voltaire. Sí, el francés del XVIII, el de los días del Despotismo Ilustrado.
Resulta que Voltaire tenía un amigo o un conocido o un antiguo compañero llamado La Chalotais, que era algo así como Gobernador en otra zona de Francia, en Normandía.
La Chalotais era un burgués ilustrado y con cargos de gobierno. Había escrito un libro titulado Essai d’éducation nationale o Plan de Estudios para la Juventud. Lo publicó hacia 1763 o 64, con ocasión de la supresión de los Jesuitas. Quería proponer algo semejante a la Ratio Studiorum que los suprimidos usaban o habían usado. Se lo hizo conocer a Voltaire y se cruzaron algunas cartas con el tema. Voltaire debía residir por esos días en su hacienda en Ferney, Francia pegando a Suiza.
En aquellas cartas La Chalotais abogaba por que a cada estamento social se le diera los niveles educativos que le correspondían por su estatus. No para cambiar su posición en la sociedad, de ningún modo, sino para seguir en su sitio provechosamente. Y así se lo decía a Voltaire, que era de la misma opinión.
En un momento determinado La Chalotais se mostraba enfadado, especialmente incómodo. Le decía a su corresponsal que, desde hacía unos años había en su zona unos Frères Ignorantins que habían venido a deshacerlo todo, enseñando a los grumetes (ellos decían ‘matelots’) y marineros cosas que no necesitaban para hacer lo que tenían que hacer. Y que eran los culpables de que ahora ya no fuera posible encontrar grumetes para el puerto y para los barcos.
Voltaire le contestó que tenía toda la razón del mundo y que mejor estarían los tales Frères Ignorantins en su granja de Ferney, tirando de carros o de algún arado. Mejor en carros o arados que enseñando a los chicos lo que no les hacía falta: así, como suena, sin falta de aparato crítico, que lo hay porque estoy citando textualmente.
Lo que importa es caer en la cuenta de qué es lo que enseñaban aquellos frères. ¿Cuál podía ser su programa, su plan de estudios, para provocar tales efectos en la sociedad francesa de la época y en cierto tipo de ilustrados?
Respuesta: el de la Guía de las Escuelas, plan en el que no había ninguna asignatura, en el sentido que hoy damos a ese término. ¿Entonces? ¿Sin asignaturas, qué programa podía proponer la Guía?
En las Escuelas de La Guía se enseñaba y aprendía a leer, escribir y las cuatro reglas, más el catecismo. Merece la pena fijarse bien, porque ¿cómo una escuela así podía sacar a los chicos del trabajo del puerto?
Los Hermanos –porque los
Frères Ignorantins eran ellos, claro- se dedicaban a enseñar
solamente lo dicho: leer/escribir y las cuatro reglas. Pues bien:
preguntémonos si entre esas dos cosas hay algún común denominador;
si se encuentran en alguna fuente común, si se parecen en algo o si
aportan algo parecido cada una por su lado en la formación de los
chicos de la época.
En cuanto tengamos un poco de experiencia de la escuela, damos con la respuesta. Y, con sorpresa, vemos que se trata de algo magnífico.
Resulta que el lenguaje y la aritmética son los dos rostros de la lógica, elemental o superior. La lógica proponía y propone analizar la realidad en sus elementos, clasificarlos, intercambiarlos, ordenarlos distintamente según objetivos distintos. Significaba, en este sentido, considerar la realidad de la vida desde el punto de vista de su descomposición en unidades elementales para poder intervenir en ella haciendo planes y evaluaciones. Que es de lo que tratan o a lo que sirven las cuatro reglas. ¿O no?
Porque los saberes, las asignaturas, son de dos tipos: de contenidos y de estructuras. Los de estructuras son precisamente lo que los frères enseñaban: lenguaje y aritmética. Los de contenidos, son todos los demás: su aprendizaje depende de su dominio de las estructuras, es decir, de la capacidad lógica de los alumnos. Y sin la lógica, los contenidos eran memoria, domesticación. En 1770 los Hermanos enseñaban lógica, no contenidos.
En fin. Ya se entiende. Estaba
naciendo la escuela moderna. Así lo entendían también
Voltaire y su corresponsal. Sólo que ellos lo reservaban a otros
grupos sociales. Entendían el valor de aquella escuela básica,
desde luego, pero la consideraban inoportuna para sus beneficiarios.
En su lugar, en lugar de aquella capacidad básica de conocer y
expresar, lo que debía hacerse era memorizar destrezas, reproducir
órdenes o costumbres, obedecer, en suma, a quien hubiera pensado y
programado.
Por eso, al oír lo de los 400 o 500 millones me venía, como a tanta otra gente, la pregunta de qué estamos enseñando, pues, si no dominamos la lógica elemental.
¿No será que hay por ahí más de un La Chalotais vestido de Jefe de Departamento, Profesor de Didáctica, especialista en cualquier cosa, técnico informático, miembro de Consejo Escolar, lector de suplementos semanales de cualquier periódico, entendido en museos, entrenador de fútbol o responsable de pastoral?
Sería terrible, y si además se creyera miembro de una escuela cristiana, a no decir.
Es una buena idea, sí, ésta de los 400 o 500 millones.
PEDRO MARÍA GIL LARRAÑAGA
Maestro, teólogo
DIDÁCTICA
En nuestra Escuela, con Juan Amós Comenio,
entendemos por Didáctica:
"el artificio fundamental para enseñar todo a todos,
enseñar con solidez, no superficialmente,
no con meras palabras"
(14) EDUCAMOS
Sin reducirnos a meros espectadores
Efectivamente, pretendemos educar y no quedarnos es ser meros catalizadores en el proceso de crecimiento de nuestros alumnos.
En nuestra Escuela el maestro no es un puro espectador que señala al alumno desde fuera lo que le conviene en distintos momentos de su desarrollo. En nuestra Escuela el educador no es un agente expectante de la actuación de las posibilidades de sus alumnos que son los llamados a crecer. Esto sería una traición al concepto mismo y a la esencia de la educación.
No suplimos al alumno, es cierto. Él es quien se educa. Él es el que opta por su crecimiento hacia su propia y social luz ideal.
Pero fuera de las aulas de nuestra Escuela, el alumno está de continuo recibiendo deseducaciones que ha de compensar con la ayuda del esfuerzo propio y de su educador. Este puede y debe emplear acentos gravísimos respecto al toque de atención que el caso precise, pero, sobre todo, ha de entusiasmar al alumno con ideales que le apasionen y salven de la trivialidad y de el acanallamiento suicida de su entorno. Es su gran tarea: romper el cielo y que le llueva al alumno el diluvio de su dignidad y la realidad de la grandeza del Señor al que ha de servir.
Y personalmente presionar el acelerador del esfuerzo del alumno en esa dirección. Nuestra Escuela piensa que nada educa tanto como el ejemplo del propio esfuerzo del educador, que no se queda en ser mero catalizador en el proceso de un crecimiento. Educa él. Es el educador de sus alumnos.
CUR
Maestro. Profesor de Escuela de Magisterio
Emérito UCJC

Apuntes que tomamos cuando éramos estudiantes
de la Escuela de Magisterio (1961 y ss.)
y conservan su nervio o lo depuraron.
Por nuestra clases de magisterio pasaron hombres eminentes por su pensamiento, su ciencia o meramente su hombría. Tomamos nota. Aprendimos de ellos. Uno que vino varias veces fue don Luis Morales Oliver. En esta ocasión nos habló del Emperador. Tomamos nota de lo que nos dijo.:
CARLOS I
La vida humana sólo puede medirse por la intensidad de su latido interior...
...Hispaniza su vida, hispaniza sus reinos, y llega a defender, en presencia del Papa, el volumen universal de la lengua hispánica...
... Nada de escisiones. En Aquisgrán, en Worm, en todos los momentos cruciales de su vida, reaparece su decisión inamovible de defender la Catolicidad.
... Él mismo decía que se preciaba más de ser hombre de bien que emperador, pues los hombres de bien eran pocos y los emperadores muchos. Fue caballero, humano, amigo de cumplir su palabra, defensor... magnánimo en las victorias, como en Pavía; humilde ante el desastre, como en Argel. Supo rezar, supo acudir a Dios en los sinsabores, supo ofrecerle la gloria de sus trofeos...
... Y ahora, cuando de nuevo se ha oído el doblar de las campanas y en el monasterio escurialense repercutían sus repiques, flota otra vez entre el timbre de sus voces la lección de una vida que supo marcharse en silencio para aprender mejor la modulación de las campanas invisibles.
CUR
Maestro. Profesor de la Escuela de Magisterio La Salle
Emérito UCJC
Pedagogía que me ha marcado de por vida
Que todo trabajo eficaz es un trabajo duro
Santa Susana, mi primera escuela lasallana, era una escuela gratuita. En el Madrid de la posguerra, que era el mío, educaba a unos alumnos que la iban a dejar con más o menos 14 años. La clase social a la que pertenecíamos buscaba en la Santa Susana de La Salle una seria formación humana y cristiana, española, y la preparación óptima para una vida laboral temprana. Los discípulos de La Salle tenían fama de hacerlo bien. Prestigio bien ganado. De los talleres de imprenta que para huérfanos habían creado en un colegio en Madrid, al iniciarse la República, al menos el 90% de los linotipistas procedían de él. Eran los mejor preparados. A Santa Susana en mi tiempo acudían los bancos, en busca de muchachitos preparados para botones y las oficinas de empresas madrileñas, para dar con adolescentes acostumbrados al trabajo duro y bien preparados.
Y es que entonces con una libertad hoy envidiable el colegio fijaba sus estudios en función de lo que le pedía la Sociedad. Había que soltarse a leer y a escribir (de su origen francés mantenían en alto los lasallanos el hábito de la “composition française”), trabajar la aritmética razonada (la tradición en esto era su fuerte), resolver problemas, llevar libros de contabilidad, saberse la historia de España de Bruño, aprender suficiente Geografía, el catecismo de corrido sin lapsus, dibujo lineal y artístico, hacer caligrafía inglesa, Historia Sagrada, poco más. Todo a punto y bien sabido y presentado: cuadernos impecables, como loros lo que había que saberse de memoria. A diario, tarea de casa, por si no bastaba lo trabajado en el colegio.
Y para este horizonte, una gran motivación religiosa, de gran calado, feliz, abierta. Todo por la España que estaba naciendo y por el Reino de Dios que se nos estaba anunciando tras tres años de público silencio por el terror rojo, en que habíamos perdido hasta el decir ¡adiós!
En los desmayos o su amenaza se nos recordaba el refrán: “Ata bien y siega bajo, aunque te cueste trabajo”. Al menos yo lo entendía sin explicaciones.
En la Santa Susana de entonces se nos estaba envolviendo en una atmósfera de pensamientos magnánimos y entusiastas, de no importanos el trabajo duro, de atender con eficacia los altos fines, de ser recios, sufridos y algo espartanos en todo.
El profesor de nuestra primera clase, 57 alumnos, que era director del Colegio y podía dejarla y marcharse a Madrid sin que nadie se relajara lo más mínimo, era el alma de todo. “La escuela es el maestro”, aprendimos más tarde. Lo habíamos experimentado por adelantado. El Hermano Julián era cercano, eficaz y cariñoso, por más que en una encuesta lo calificamos de duro y severo. Maestro lasallano cabal.
Carlos Urdiales Recio
Maestro. Profesor de Escuela de Magisterio
Poema magistral genial
Me manda mi maestro cordial Carlos Urdiales Recio
que le envíe un poema genial
sobre la profesión magistral...
y aquí se lo mando, aunque sea tarde y mal.
Maestro fui,
maestro soy,
siempre me gustó enseñar.
¡Maestro, oh, maestro,
quién diera la lección
del Padre Nuestro
que los panes y los peces multiplicó.
En la profesión he sido diestro,
creo que es la más sublime
del mundo entero,
y mucho lamento
no haber seguido siéndolo
tras la jubilación.
Ahora estoy escribiendo
MIS MEMORIAS DE UN MAESTRO.
Adiós, adiós, con Dios os dejo.
Maestro, poeta, periodista, juglar
💥ESTILO💥 💥ESTILO💥
El mundo de la inteligencia
Hoy es muy raro ver, fuera de los patios o corrales de algunas casas rurales y de los museos, aperos de labranza.
Pero, si hay una herramienta vieja, pero que muy vieja, entre las que han dado de comer al hombre durante siglos, esa es el arado.
Lo tenéis en pantalla.
Hace más de cinco mil años que se creó en Mesopotamia. Empezó siendo una madera larga a la que se había fijado otra más corta en ángulo. La corta se hundía en la tierra para removerla y de la larga tiraba normalmente algún animal de carga.
El
arado en las tierras de labor levanta la tierra, la remueve, abre
surcos y, al aumentar con ello la porosidad del terreno, favorece el
crecimiento de las semillas.
Vayamos al mundo intelectual, más nuestro que el del labriego, en el cual las cosas que nos circundan vemos que permanecen opacas, mudas, entregadas a sí mismas, como vueltas sobre sí mismas, quietas, impermeables. No salen de sí. Están, solamente están y se mantienen en su ser. De suyo, nadie las mueve.
Por delante tenemos una gran tarea, hermosa, donde las haya.
Nuestro estilo nos exige echar mano del arado, hoy afilado de tecnologías.
No ha de dejar de hundirse en toda realidad el arado de luz de nuestras mentes y la reja de la cálida antorcha de nuestro corazón. Y hacer esto con la tenaz voluntad de abrir un mundo que se nos presenta cerrado, el intelectual.
Si pensamos de verdad y a fondo, advertiremos que cuanto tenemos a mano y a desmano está pidiendo a gritos que alguien lo abra en surcos para una siembra de estrellas. Entonces será total, cósmico.
El
mundo sigue siendo el mundo que es, el que está opaco y mudo ante
nosotros. Y para pasar a su plenitud de ser espera que hundamos en él
el arado de luz de nuestra mente. Solo así aparecerá, por obra y
gracia de nuestro esfuerzo de ciencia y de cultura, lo que guarda
dentro: todo un cosmos de maravilla y sentido, infinitamente más
hermoso y cierto que el de su presencia muda y quieta.
Es otro mundo, el maravilloso mundo de la inteligencia
El alumno de nuestra Escuela
busca la obra perfecta
🐡🐡🐡Su escafandra, ya antes de conectar con el bachillerato internacional, era la “Teoría del conocimiento”.
💼💼💼Sus ojos atentos siguen cada palabra valiosa del profesor y en ellas reconoce las huellas frescas que ha de seguir como si fueran la senda de un bosque fascinante que termina en el castillo encantado de la Sabiduría.
👞👞👞Cada entonación, cada pausa, cada gesto de su maestro es para él un signo sagrado que interpreta con devoción casi religiosa.
👪👨👩Tales conocimientos contrastados dilatan su orbe mental y con ellos cumple el lema de su vida: “Con cada nueva luz, nuevos horizontes, tot lumina, tot limina”.
💥💢💥Sabe que la perfección es un horizonte inalcanzable, pero también comprende que el viaje hacia ella es lo que verdaderamente importa.
👣👟👣Cada paso que da, cada esfuerzo que invierte, lo acerca un poco más a su objetivo, pero también lo enriquece con la experiencia misma del proceso.
CUR
💥NUESTRO LEMA💥
"El niño debe ser envuelto en una atmósfera de sentimientos audaces y magnánimos, ambiciosos y entusiastas. También convendría fomentar en él un poco de violencia y un poco de dureza".
(Teoría de la inteligencia creadora, José Antonio Marina, Anagrama, Barcelona, 1993)











.jpg)






.jpg)






.jpg)





No hay comentarios:
Publicar un comentario