Soluciones radicales para la educación
Lo que no es de recibo en educación ni en un mundo en marcha es sentarse sobre una piedra y ver pasar al amigo y al enemigo al borde del camino. Ellos en marcha, nosotros, quietos, piedras, paralíticos.
Como se decía en nuestro pregón del mes pasado el escuadrón ha de ponerse en marcha y salir a rescatar el sepulcro de Don Quijote o lo que haga falta para que la educación sea educación de verdad y no se nos dé ni demos gato por liebre.
Volver a la Escolástica, a su fondo y métodos. La compañía de escolásticos como Santo Tomás, Anselmo de Canterbury, Guillermo de Ochkam, Pedro Abelardo, Duns Escoto, San Buenaventura, San Alberto Magno etc. no es mala compañía. No se les ha de ver desde fuera y a distancia, sino, tras seguir nuestro convencimiento de que “solo los apasionados llevan a cabo obras verdaderamente duraderas y fecundas”, meterse en sus adentros serios y sólidos y ¡crear!, adivinar lo que ellos hubieran hecho en nuestros días y concreta circunstancia orteguiana.
Y quien dice la Escolástica puede también decir, por ejemplo, Iohannes Amos Comenius, padre de la Didáctica, que el caso es que “procuremos vivir en continuo vértigo pasional” del brazo y tras la mente de una alta pedagogía contrastada como eficaz. Estos grandes maestros del pensamiento y de la acción educadora esconden para entregar al epidérmico y superficial que no los trabajó a fondo, una talla que merece la pena descubrir en su esencia y hacer propia. No es un secreto que hay que descubrir, es una voluntad inteligente de tomar tras ellos el timón de la nave y darle rumbo activo, no de parcheo y reactivo, ni de cumplir del todo, pero solo cumplir, ni de llenar con oficio de profesionales el espacio de profesores-educadores, no. Por las bravas e inteligentemente, lo que hay que hacer es abrir mares, proa que estalla y rompe mares, haciendo realidad singladuras viejas o nuevas.
"el artificio fundamental para enseñar todo a todos,
enseñar con solidez, no superficialmente,
no con meras palabras"
CI-LA SABIDURÍA
🍁🚜 ESTILO🍁 🍁ESTILO 🚜🍁
(I/II)
Arrebatemos
a los socialistas la S de la sigla que les nombra, PSOE, que les viene más que holgada. Nosotros, los cristianos, somos auténticos y
reales socialistas.
Más que nadie. Mientras se escribían los Evangelios ya nos
llamábamos “hermanos”
y lo éramos de hecho. Éramos un “Cuerpo”.
Nuestra cabeza era y es el mismo Cristo Jesús. Él, que le había
dicho a Pedro que era piedra sobre la que “edificaría
su
Iglesia”,
nos hizo Cuerpo suyo, “su
Ecclesia”
( su
ἐκκλησία).
Todos
juntos, cristianos, del santo al pecador, formamos la Iglesia de
Jesús. Hasta a las ovejas que no son de este aprisco abrazan los
generosos brazos de la Iglesia de Jesús. Desde luego, Iglesia son
los que le cantan al Cordero ya en la Gloria eterna y feliz de Dios,
los que bautizados militamos sobre la Tierra y clamamos al grito de
¡Maranaza! (μαραναθα:
El Señor Jesús viene). Los que vengan detrás de nosotros estarán
convocados para integrar y formar parte de la Gran Asamblea, de la
Iglesia.
Cada uno de nosotros, como en el cuerpo humano, tiene su función dentro de esta Asamblea y ha de cumplirla en bien de todos: unos hablan, otros escuchan y oran, algunos marchan y abren caminos, otros palpan y comprueban las huellas divinas en las cosas. Como en el cuerpo, que no todo son brazos ni piernas ni lengua ni oído ni pecho que ama ni estómago que digiere… La imagen es paulina.
Un formidable dogma nos nombra, socializa y compacta: La Comunión de los Santos. Es uno de los más hermosos y fecundos que nos regaló el Cielo. Por él sabemos que nos salvamos en cadena. Tiras del rampojo y se te viene el racimo entero. Racimos entraremos en el Reino de lo Cielos. La uva que se desgaje de la Asamblea, solo esa verá las tinieblas exteriores y la muerte eterna.
En la Escuela se ha de mantener viva la llama social o encenderla si no lengüetea vigorosa en la sociedad en la que vive. Si la Escuela lo es para la vida, como quería Séneca, le ha de caracterizar el ancho estilo social cristiano, el de la cultura cristiana, que es decir, universal, el cual nos exige una ilusión colectiva.
No romper la armonía del Universo
Paul Claudel fue un diplomático, un dramaturgo y un poeta que enriqueció su espíritu con numerosos viajes y con prolongadas estancias en lugares tan dispares como EE,UU., China, Praga, Francfort, Hamburgo, Roma, Río de Janeiro, Tokio…
Adoptó
un lema que quería tener por la columna vertebral de su vida. 
El autor de La “Anunciación de María” fue a la Biblia a encontrarlo y se detuvo en un versillo de tres palabras. El versículo de la Biblia advierte que no se haga ruido, que se va a cantar un salmo. No es momento de mostrarse revoltoso ni de alborotar. Que suene y se oiga solamente la música: Ne impedias musicam!
Paul Claudel miraba al Firmamento y se maravillaba del admirable orden que gobierna toda la obra de Dios. Todo es armonía (Ya los pitagóricos aseguraban que, en su marcha, los astros ordenados producen una “música extremada”, aunque nuestros oídos no alcanzan a escucharla). La Creación entera canta la gloria de Dios. La Historia, también, tiene su música y un sentido.
La Providencia teje la inmensa alfombra persa, de la que ahora sólo vemos el revés. Él, Paul Claudel, cristiano, poeta, de por vida, no debería romper esa armonía del Universo, de la acción de Dios en el mundo: Ne impedias musicam!
Que la verdad acabará venciendo, que “vencerá la verdad”, en nosotros, en principio, es un deseo. Deseamos que venza, en nuestro mundo, en nuestro entorno, en todo. Cuanto hacemos que merezca la pena se reduce a un bracear hacia la verdad de toda realidad. Hicimos nuestro hace ya años el lema del cardenal Newman: Ex umbris et imaginibus al veritatem.
Pero también es una afirmación. Cuando termine la representación del gran teatro del mundo, lo que hayan sido medias verdades, declaradas mentiras, vanidades, brillantes pompas de oropel, sombras y meras imágenes etc. se desprenderán del árbol de su apariencia, hojas de otoño, y ocurrirá el triunfo de la Verdad (mayúscula inicial), que es Dios, y de las verdades (minúscula inicial), meras imágenes, símbolos y participación de su esencia.
BARCAS
Casi difuminado su perfil, como si temieran una descarga de las nubes; casi desaparecido su color, como si los años lo hubieran desgastado; casi temerosas de la oscuridad, pero mirando al horizonte luminoso … las barcas, silenciosas, esperan.
Teódulo GARCÍA REGIDOR
















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