12/31/2025

NÚMERO 139

        NÚMERO 139.  AÑO XVII  

ENERO,  2026

 

 

   Nuestra Escuela tiene clara su                                              definición de la educación 


Para llegar a la definición de la educación que exige nuestra Escuela un primer recurso como primer requisito de entrada en ella, de ordinario, fue sintonizar con los clásicos que, desde su altura de maestros, la han definido con alguna feliz precisión.

Nuestra Escuela exige que sus educadores al menos se acerquen a la definición de educación que podría habernos dejado Platón:



"La educación es el intento de que el hombre se acuerde de lo que al entrar en este mundo tenía olvidado."
  

 

Pero a nuestra Escuela se puede entrar repitiendo a Kant cuando afirma que:

 


1724-1804

"La educación tienes por fin el desarrollo en el hombre de toda perfección que su naturaleza lleva consigo"

Le valen, pues, las siguentes:

✨La educación es la manera elegante que tiene la perfección de señorearse del hombre.

 El educador es el alquimista que desentierra el oro oculto dormido en la entraña del hombre por ser hombre.

La educación es el sacro oficio que talla sobre la pétrea carne mortal la estatua invisible de la perfección que el hombre lleva en promesa ya en su sangre, nervios y huesos”.

 

Nuestra Escuela acepta repetir en esto a Comte, que la define a lo socialista y cristiano como:

           

     

     1798-1857
"La única manera de aprender a vivir para otros por el hábito de hacer prevalecer la sociabilidad sobre la propia personalidad"                                                                                 

 

La educación, señor mío, ni más ni menos, se reduce al arte empinado y fatigoso de trocar el pobre yo soberbio en gentil elegancia y generosidad cristianas; un lento aprendizaje de vivir para los otros, domando la natural egolatría con el látigo de luz de la sociabilidad.


Cuarta muestra, la archisabida que Locke toma de los griegos

 


         1632-1704

La consecución de un alma sana en un cuerpo sano, 

tal es el fin de la educación.


En verso, como lo haría Lope de Vega, repetimos a Locke:

Formar el alma en templo cristalino, / do habite la virtud, clara y serena, / y en cuerpo fuerte, libre de cadena, / morada hallar al celestial destino; / tal es del sabio arte el fiel camino, / tal fin persigue la enseñanza buena: / que en mente y carne, sin pesar ni pena, / resplandezca el divino ser humano.

 

¡Pozo hondo y de aguas claras es la educación para nosotros! 




MAGISTERIO


                          Maxima debetur linguae” reverentia

 


                                                             NUEVE  AXIOMAS DIDÁCTICOS


DE NUESTRA ESCUELA



    1 No es cierto que a leer se aprenda leyendo. A leer solo se aprende leyendo bien.

    2 La lectura enriquece si la mente cuenta con espacios previos preparados para que aterricen sobre ellos las novedades de las nuevas informaciones. Se precisan unas pistas previas de aterrizaje, contar con un preparado espacio cerebral primero. Sin incorporación de lo nuevo a lo previo, la lectura no pasará de mecánica o dislate.

    3 De hecho, la lectura de los tebeos constituye un factor positivo para la formación lingüística del niño. Lo tenemos constatado: avivan la imaginación, inician en la sorpresa y en los aspectos cómicos de la vida, despiertan curiosidades dormidas y desembocan en la lectura de libros. Son una gimnasia mental.

    4 Los tebeos son una mina en el aprendizaje de la lectura por sus signos gráficos auxiliares de la expresión: líneas rectas, indicadoras de velocidad; curvas, de giro; onduladas de temblor; quebradas de descarga eléctrica; interrogaciones de extrañeza; admiraciones de pasmo; estrellas de dolor; tamaño de la letra como reflejo de la intensidad de la voz o del ruido.

    5 Siempre hay algún libro que particularmente nos va más que los demás, un verdadero libro de cabecera. Hay que dar con el que mejor le va a cada alumno o persona. Será su segunda Biblia o su Don Quijote particular.

    6 El niño se inicia en la lectura con la lectura mecánica. De forma progresiva el profesor le llevará a la inteligencia de cuanto lee, de modo que adquiera insensiblemente el hábito de la reflexión sobre su lectura.

    7
    Se ha de conceder particular importancia a la lectura silenciosa. Prepara para el estudio personal y, de modo remoto, para la educación permanente.

    8 No bastará con que los niños lean. Han de ser capaces de resumir lo leído y citar todas las ideas principales que estaban en el libro. Solo así la lectura será completa y preparará las nuevas.

    9 Cuando llegue el momento se exigirá la rapidez o lentitud adecuadas y la entonación que pueda exigirse según la edad y el curso al que pertenece el alumno.



    CARLOS URDIALES RECIO

    Maestro. Profesor de Lengua y Literatura. 

    Emérito UCJC  

                 

     

    _____________________________

                      ¡Dios criador, qual marauilla! No se qual es achesta strela!
                                

      El Auto de los Reyes Magos. Mediados del XII_____________________


               




ESTILO     ESTILO 

            

                       NON SCHOLAE SED STILI

No para la Escuela sino para el estilo (4)

             

 Partimos de carriles 

Nosotros trabajamos la expresión escrita y pretendemos que cada alumno dé con el estilo literario que, a medida, se ciña como una seda a su cuerpo y a su alma, de forma que vista a su persona entera y venga a ser expresión del caballero o la dama que Dios soñó que fuera.  Siguiendo la axiología de Max Scheler cultivamos este valor de estilo inicialmente literario, en sí, con plena y voluntariosa dedicación, pero siempre en función de la realización del valor superior: el Gran Estilo propio de la persona singular.

 Por eso, le vamos a tener un tiempo inicial haciendo ejercicios de carriles, enumerando objetos, sus cualidades ciertas y las acciones que constate que son su cortejo. Le iniciamos el carril y le lanzamos a que lo siga:

En la frutería de mi calle hoy se pueden comprar: manzanas... 

Las frutas que compramos son así: las manzanas, sanas y olorosas... 

En la frutería entras y las frutas las miras, las eliges...

 

                                                                       A la redacción es bueno que la preceda la inmersión en la realidad concreta del tema que trata. Se lo adelantamos a los alumnos unos días antes de hacerla. Para que vayan familiarizándose con él y amontonando observaciones que pueden servirles.

A los días de una excursión a las montañas, la redacción tendrá por tema precisamente la montaña.

Los carriles puede que sean estos:

La semana pasada en la montaña vimos piedras, tomillo...

Lo que vimos en la montaña era así: las piedras, duras; el tomillo, oloroso... 

Y hacían esto: las piedras habían rodado, el tomillo perfumaba...

Nos contentamos con que la redacción quede así, hecha entre todos o por separado, cada uno la suya:

 

* La semana pasada en la montaña vimos piedras, tomillo, pinos, fuentes, conejos y aves que ponen sus nidos muy altos.

** Lo que vimos en la montaña era así: las piedras, duras; el tomillo, oloroso, los pinos enormes, la fuente fría, el conejo asustadizo y el águila planeadora. 

*** Y hacían esto: las piedras rodaron, el tomillo perfumaba, los pinos se movían al viento, la fuente manaba agua, el conejo se escondía y las águilas volaban altísimas.

No se roza el buen estilo, como no se roza una valiosa obra de arte, sin que a quien alcanza ese minúsculo punto de tangencia no le visite y palpe el Misterio y de algún modo la Divinidad, que nos envuelven con su luz increada.

 

CARLOS URDIALES RECIO

Maestro. Profesor de Lengua y literatura

Emérito UCJC

                              _______________________________________________     

¡Agora primas la he veída;   
                              poco tiempo ha que es nacida!
                            

  El Auto de los Reyes Magos. Mediados del XII_____________________






                       AFDACUARELA                                   ENERO, 2026

                                                           
                                                                               Teódulo


         







 Es hermoso contemplar el jardín, aunque sea un tanto primitivo, las cuatro estaciones del año y verlo cambiar con el paso de los meses. El jardín que yo he contemplado durante una década, verde en primavera y verano, amarillo en otoño, se vestía de blanco no todos los inviernos. Por eso era un espectáculo -a veces enorme, como cuando la gran nevada Filomena- verlo vestido con el ropaje blanco de la nieve y poder captar su transparencia y sus matices luminosos y opacos, grises y azulados. Y es difícil no caer en la tentación de captar la imagen del jardín nevado y de perpetuarlo poniendo a la fuente de piedra como testigo.

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