ESPAÑA, ¿NACIÓN, PATRIA, IMPERIO?
De siempre pretendí que en nuestros Encuentros de Primavera tuviéramos un espacio, más o menos académico, propio de pensadores. Nos nacieron filósofos, amantes de la Sabiduría. Nos iniciaron desde niños en la Sabiduría. En ella militamos.
Es
cierto que AFDA nos trabaja, purifica y unifica el pensamiento. Mucho
es algo.
Fracasé en mi pretensión y propósito de los Encuentros.
En una docena de temas habríamos de estar de acuerdo, profesarlos como Dios manda y, desde nuestros altavoces, lanzarlos al viento y al mundo.
Uno de ellos es el concepto y la realidad de España.
Pudiéramos partir de que sobre el tema de España nada se pierde. Todo, una vez que fue, mantiene su peso histórico. Se puede “transformar” (Ley de Lavoisier): “Podrán los encantadores quitarnos la aventura, pero no el ánimo”, que siempre será español, mientras existan españoles. La Historia es cruel a ratos, pero de alguna manera, vuelve. El invierno siempre da paso a la primavera, que volverá a reír.
Evolución. De la tribu, primer nacionalismo elemental, de los grupos, se pasó a un nacionalismo de las ciudades. Se dio en Grecia. Luego vino el Imperio Romano, idea romana del Estado. En la Edad Media surgen los pequeños nacionalismos medievales. Por encima de ellos se instala un poder supranacional: el formidable de la Cristiandad. En la Edad Moderna la autoridad monárquica es muy fuerte y desemboca en centralizadora. La Revolución francesa produce la primera participación (teórica) del pueblo en el Estado.
Entre nosotros la unificación de los Reyes Católicos culmina con la Guerra de la Independencia, en la que se lucha abiertamente por España, por lo que heredamos y hemos de transmitir, por el estilo español de vida.
Últimamente hemos caído en España en el complejo de Edipo, que mató a su padre y se casó con su madre: el padre es aquí España y la madre la región. Mientras, Europa y Occidente se están suicidando con el tema del aborto. Dos muestras de que estamos en pleno invierno. Ahí quedan.
Lo nuestro es el Imperio -Isabel la Católica, Velázquez, Cervantes, Santa Teresa,-. Nacimos para católicos, es decir, universales, católicos y elegantes. Una muestra desde el arte: el cuadro de la rendición de Breda. Nos pueden reducir a menos que a la Península, pero lo nuestro como patria es “la unidad de destino en lo universal”, el imperio. No todas las naciones son unidades de destino. En Europa solo Rusia (que se extendió hacia Asia) y Gran Bretaña (dispersa en cuatro continentes). Solo Portugal y nosotros (Hispanoamérica) llevamos la civilización fuera de Europa a América, a Europa y al mundo).
Somos nación (materia); mejor, patria (forma), y nuestra vocación es el destino universal y eviterno. Proclamémoslo o no, somos radicalmente imperio.
Carlos Urdiales Recio
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“ Aquí la alma navega
por un mar de dulzura, y finalmente”

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