ACOA Y YO (i)
Hace ahora 11 años que me jubilé. Casi toda mi vida docente ha transcurrido con personas jóvenes o jóvenes adultas. No obstante, he sido animador de un grupo de adultos desde 1982 hasta 2025. Este grupo se apellidaba catecumenal y ha sido un lugar de vivencia y maduración de la fe cristiana. Pero la lejanía de la mitad de sus miembros de la otra mitad y los duros achaques de la edad hacían muy dificultosa, si no casi imposible, las reuniones. Las pasadas navidades “cerramos” la vida del grupo. De todos modos, guardamos un recuerdo inmejorable
Desde hace unos cinco años se me encomendó animar, que no dirigir, otro grupo de mayores, ahora de tercera edad, que había sido creado por un hermano de La Salle hace más de treinta años, cuando todavía estaban en plena madurez.
Huelga decir que aquel grupo de matrimonios de cuarenta y tantos años, numeroso y con personas muy valiosas, es ahora un conjunto de mayores que rondan desde los setenta y muchos hasta bien pasados los noventa años. Este grupo fue “bautizado” con el nombre de ACOA. Su significado es Arte, Cultura, Ocio, Amistad. Esta sigla no tenía nada de religioso, a pesar del carácter de su fundador y de los lugares donde nació: el Instituto de Ciencias Religiosas “San Pío X” y la Parroquia de San Patricio. Pero cultiva lo religioso como una de sus prioridades.
Yo he asumido la animación del grupo cuando había pasado su “edad de oro” y cuando el contenido de las letras de la sigla ACOA podían hacerse realidad fácilmente: la “juventud” de sus miembros posibilitaba viajar, moverse con facilidad, emprender acciones de varios tipos, …; la presidenta del grupo, Conchita Lozoya, que lo ha sido casi desde el principio, puede dar fe de ello. Ahora el grupo se ha reducido y ha envejecido considerablemente, y eso dificulta las actividades que eran iniciativa de alguno de sus miembros hoy son muy difícil recuperar debido al escaso número de miembros que participa y al simple hecho del problema de la movilidad.
Pero no todo son datos negativos en ACOA. Se mantiene el grupo porque sus participantes encuentran sentido en lo que hacen y se sienten satisfechos con ello. Tiene tanta importancia el hecho de venir y juntarse con sus compañeros como el contenido de los temas que cada semana se exponen. Esto lo hemos experimentado con la introducción de una actividad llamada “Coloquio”. Se trata de un tema que introduce el coordinador con un hecho o con un texto concretos, plantea algunas preguntas y luego deja libertad para hablar, asentir o disentir, emitir su opinión, aportar datos y experiencias y… aprender a dialogar. Y esto les hace sentirse a sí mismos como sujetos con opinión y con palabra, como alguien que, al menos en el grupo, todavía cuenta… ya que posiblemente la soledad o cierta minusvaloración, cuando no marginación, en el hogar hace que uno “se reserve” su palabra y su opinión.
Y, aun así, no es esto lo que más motiva la asistencia al grupo de mayores: es el hecho mismo de poder encontrar un lugar donde verse, donde hablar, donde encontrar a personas que, como ellos, están viviendo sus mismos problemas o gozando de sus mismas alegrías. Es también el hecho de poder salir de su pequeño recinto o de su soledad obligada y saberse grupo con identidad, objetivos y proyectos comunes. Es dejar por algún tiempo un ambiente que puede tener síntomas de acabamiento o de “muerte” y gozar paradójicamente de otro ambiente de vida. Pues las relaciones creadas “contribuyen al apoyo emocional, a la estimulación cognitiva y a la socialización como evitación de la soledad. También es importante la participación en actividades sociales o de ocio: así mantienen la relación y la conexión con su entorno. Y también la apertura a las necesidades de los otros y el compromiso con los marginados (con la ONG Proyde, por ejemplo).
Eso es lo que Mari Tere, “joven” de 98 años, que acude sola con su andador desde su cercano domicilio, expresó el otro día cuando dialogábamos sobre lo positivo que les aportaba el grupo: “Es que este grupo es fuente de vida”, decía. ¡Toda una excelente definición! ¡Toda una manifestación de optimismo!
Teódulo GARCÍA REGIDOR
Maestro, profesor del Centro Universitario La Salle
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