CARTA A QUIEN ESTÁ LLAMADA UN DÍA A GOBERNAR
UNA ESCUADRA DE NAVES DE LA EDUCACIÓN
DESDE SU PUENTE DE MANDO
N.º 3
Mi querida Lourdes:
Otro empeño, que ha de salirte del cerebro y a la vez del corazón, y que has de tener grabado en tu frente, como el faro que en ella se colocan los mineros, que les ilumina la oscura noche de sus galerías de las minas que trabajan, es que tus colegios sean verdaderos centros de estudios.
Que todo se descubra por primera vez, que todo sea auroral, de amanecer. Nos afanamos, se afana – estudio=afán- el colegio, profesores y alumnos a la par, en lo que está descubriendo. Investiga con afán y descubre con esfuerzo y alegría. Dale que dale a la piqueta de la investigación o a la escobilla de arqueólogo que limpia con reverencia y paciencia, según el tema.
Así, por ejemplo (y aplícalo tú a toda materia de estudio) en religión o en literatura, para tus alumnos se está escribiendo la Biblia; el renglón en el que están se acaba de escribir. Prescindirán de Pitágoras y estarán formulando el teorema que llevará su nombre, pero que el colegio, centro de estudios (alumnos y profesores), lo está montando, con tanteos y aún titubeos, pero, al final, de manera precisa. No aprenderán de memoria lo que los entendidos han dejado dicho sobre El gran teatro del mundo, de Calderón. Leyéndolo, trabajándolo, estarán asistiendo a su primera representación. Aplaudirán, les hará pensar, les estará confirmando en cosas que ya sabían y enseñando novedades de asombro...
Esto es un ejemplo. Pídeme más, si los precisas.
Y a quien no esté dispuesto a que al taller al que acude -tus colegios – sea para él un centro de estudios, profesor o alumno, no te duelan prendas: no le admitas en tu centro. Puede que esté hecho para otro, no para los tuyos. Y si lo tienes dentro, échalo, con educación y buenos modales, pero que se vaya.
Tus escuelas son centros de estudios, no otra cosa, manantiales que borbollonean ciencia, de la que se afanan y se apropian sus alumnos. Han de estar siempre al filo del amanecer, como has de querer tú que estén.
El día va a ser espléndido, ya verás. El manantial dará en arroyo, luego en río y desembocará en el mar de la sabiduría, que es su empeño y final.
En el próximo correo te escribiré sobre la Sabiduría, como meta. En línea con el judío de Yale, Robert Jeffrey Sternberg, amigo de la Institución.
Carlos Urdiales Recio
Maestro. Profesor de
Escuela de Magisterio


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