EN NUESTRA JUVENTUD
nos mantiene en vuelo en senectud
CHARLES DU BOS
El parisino Charles Du Bos, escritor y crítico literario, nos quedaba un tanto lejos. Nos era menos familiar. Leímos lo que escribió Moeller sobre él. Nos chocó que empezara diciendo lo que había escrito en su Qu´est-ce que la litterature:
“Nací a los diecisiete años. Es cierto que el registro civil me enseña que a este nacimiento le había precedido, el 27 de octubre de 1882, la venida al mundo de un niño que llevaba mi nombre...”.
Nos interesó su pensamiento, sus lecturas y la presencia en su vida de personas de singular talla.
Su acercamiento a Bergson le despertó a la vida del alma. Desde entonces,
“jamás he dudado en ningún momento, de la existencia del alma… jamás lo he puesto seriamente en duda. Probablemente, esto se debe al hecho de que el despertar de la vida del espíritu se ha producido en mí bajo las especies de Bergson, es decir, del hombre que ha refutado toda doctrina tendente a ver en el pensamiento una simple función del cerebro”.
Esto le aproximó a artistas que vio testigos del mundo espiritual: Keats, Giorgione, Botticelli, opulenta triada muy suya que le hacen ingresar en el cosmos de la belleza, como quien entra en religión.
Italia le proporcionó su belleza pictórica, primer cuarto del siglo XVI, fruto consumado para él del XV. Un viaje a Venecia le descubre a su adorado Giorgione. Le deslumbra su “paz colmada y soberana”.
Nos interesó sobre manera lo seria que le era la literatura:
“No es otra cosa sino esta vida misma cuando, en el alma de un hombre de ingenio alcanza su plenitud de expresión… Sin la vida la literatura carecería de contenido; pero, sin la literatura, la vida no sería más que un salto de agua carente de sentido, que uno se limita a mirar, que uno es incapaz de interpretar. Frente a este salto de agua, la literatura cumple las funciones de la hidráulica: capta, recoge, conduce y eleva y transforma las aguas...”
Los escritores verdaderamente grandes eran para él los mensajeros de este mundo siempre el mismo que desde “la secuencia temporal más inmutable, bruscamente nos entreabren lo intemporal”.
Charles Moeller,
Literatura del siglo XX y Cristianismo,


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