142 Magisterio: Carta a una nueva timonel (II)



 ¡Imperativos en la Escuela!

CARTA A QUIEN ESTÁ LLAMADA UN DÍA A GOBERNAR

UNA ESCUADRA DE NAVES DE LA EDUCACIÓN

DESDE SU PUENTE DE MANDO

N.º 2

     Mi querida Lourdes: 


Si de algo estoy seguro, que no he dejado de tener en mente y me ha servido para salvar mil pedruscos que en el camino me puso la vida, es el verso de Shelley que dice "If winter comes, can spring be far behind?". Es elemental, lo confieso. Pero los humanos disponemos de pequeños elementos que salvan, como hay semillas minúsculas que terminan en lanza de olmo que en su disparo de árbol recio arañan las nubes. ¿Estamos en el invierno? Esa precisamente es la señal de que la primavera está próxima. 
Cuelga de tus ojos el verso de Shelley. No dejes de ver nada sino a través de ese su cristal. Espera siempre la vuelta de la primavera, que volverá a sonreír y reír.  
Que sea ese verso para ti un “imperativo”, no la mera bobada que informa que tras el invierno llegará la primavera. 

 

De esto quería escribirte precisamente, además de dejarte esa flor del verso del romántico inglés, que puede perfumar toda tu existencia y acción.  
Cuando en mi anterior correo te sugería que entraras en las clases de tus colegios, te lo escribía con la intención de que en tus centros docentes consiguieras que no cayera la mera lluvia que “informa”, que no llovieran sobre ellos, aunque sea como chuzos, “principios”, meras informaciones, tan claras como agua de lluvia que tú quieras, sino “imperativos”. Es cierto que nunca los “principios” serán demasiados y siempre será función de la Escuela enseñarlos.  
De un cerebro alemán aprendí la distinción entre “principios” e “imperativos”, Karl Rahner. Esto me hizo llevarlo a la Escuela y si la Escuela entre nosotros ha de educar, como quería Séneca “Non scholae, sed vitae”  (Séneca, Carta a Lucilio, 106, 12), habrá que convertirla en un manantial borbolleante de “imperativos”. 
Las clases en las que solo se imparten “principios” (informaciones) pueden resultar más o menos interesantes y hasta entretenidas y curiosas, pero  tienen la amenaza  de, a la larga, dar en soporíferas, trabajosas, aburridas, opacas, neutras… En las que brotan y se amasan “imperativos” hay una alegría en las que baila la sorpresa, se rinde la voluntad, se disfruta y uno sale nuevo, como quien a medida de lo tratado acabase de descubrir mundos formidables.  
Te apunto la sustancia de lo que el alemán llama “principios” y lo que él llama “imperativos” con unos ejemplos. Volveré sobre el tema, en el próximo correo, particularmente si has dado con Karl Rahner, sobre este punto. 

 

1. Principios: El profesor explica y los alumnos trabajan informaciones sobre la materia de estudio: nombres y datos científicos, fechas, batallas, obras y juicios ajenos… se mueven en el área de los “principios”. Se pasa por unos y por otros, se colocan en el espacio cerebral debido, se examina uno…: misión inmediata cumplida; el tiempo los desdibujará y olvidará. 

 

2. Imperativos: Hoy ha dejado de serlo, ha pasado a “principio”, pero un tiempo del siglo pasado el ¡Arriba España! era un imperativo, como lo fue en el siglo XIX, guerras carlistas, el Dios, Patria, Rey. Ponían en pie y en marcha a la persona entera. Como el profesor de ciencias que va descubriendo con sus alumnos -auroralmente, como por primera vez- las leyes de la gravedad, de la naturaleza… O el de Historia, que pasea inmerso en otra época o escucha las Coplas de Jorge Manrique que embelesan y se están diciendo por primera vez… 

 

En los años 30-40 hubo “movimientos”, felices y nefastos, pero “movimientos”, como el comunista, el fascismo italiano, la Falange española… Hoy, excepto para reducidos círculos, no los hay. Por eso, en nuestras sociedades cunde el aburrimiento, la falta de entusiasmo, el desinterés, la abulia… el aislamiento, la dispersión e impera la neutralidad y avanza el suicidio, todo es anodino y triste, una niebla nos envuelve, que no nos deja ver la realidad en triunfo y viva.  
Corto aquí. Este correo se hizo demasiado largo. Hablaremos sobre principios e imperativos en nuestro próximo encuentro y de algún modo en correos próximos. Tengo otras muchas cosas que decirte. Con ellas, no faltará nunca mi abrazo para ti. Te envidio. Tienes ante ti un gran horizonte.

Carlos Urdiales Recio

                          

Maestro. Profesor de Escuela de Magisterio

Emérito UCJC



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