EXTREMADURA, 2018
Trujillo, Plasencia y Cáceres nos recibieron en nuestro noveno encuentro, en mayo del 2018. Nos hospedamos en Trujillo, y desde allí se organizaron las visitas a Plasencia y a Cáceres.
En la primera tarde nos desplazamos a Huertas de ánimas, pueblo natal de nuestro compañero Martin, a poco más de dos kilómetros. Nos sorprendió al centro de interpretación, quizá pudiera llamársele museo etnográfico, que con la colaboración de voluntarios se había venido construyendo desde hacía varios años. Cientos de ejemplares auténticos: muebles antiguos, vestimentas pintorescas, herramientas artesanas, aperos de labranza, expuestos con maestría en el que se supone sería su ambiente original. Excelente trabajo, digno de ser visitado y que para nuestro grupo supuso una verdadera sorpresa. Nuestra felicitación a quienes tuvieron la feliz idea de realizarlo y siguen esforzándose por mejorarlo, y a cuantos están contribuyendo con su desinteresada y generosa aportación.
De regreso, en el hall del hotel, una nueva sorpresa: la intervención de una agrupación artística, que nos ofreció con la mayor profesionalidad un concierto de cantos y bailes regionales. Enhorabuena, Martín, por lo acertado del programa. La cena, en un sencillo restaurante de Huertas al que nos desplazamos tras el concierto.
El segundo día nos trasladamos en autocar a Plasencia. Pudimos disfrutar la belleza ornamental y extraordinarios vestigios históricos que esta bella ciudad, puerta del valle del Jerte, declarada por la Unesco patrimonio de la Humanidad, ofrece: sus bien conservadas murallas, su acueducto medieval, sus edificios religiosos, como las catedrales vieja y nueva, el convento de Santo Domingo; iglesias como las de San Nicolás, el Salvador, el Santuario de la Virgen del Puerto, patrona de la ciudad; y edificios civiles, como el Palacio Episcopal y su corredor-mirador, los palacios Carvajal y Maribel, el Parador Nacional -antiguo convento de los dominicos-, además de su excelente plaza de toros. La contemplación de los pasos de Semana Santa, en la exposición permanente del convento de San Francisco Javier, frente a la Casa del Deán, resultó particularmente interesante. El almuerzo, en uno de los restaurantes de la Plaza Mayor, desde el que podía observarse la figura del popular autómata, conocido como el ‘abuelo Mayorga’. Por la tarde nos llegamos hasta Cuacos de Yuste y visitamos el monasterio donde pasó retirado sus últimos años el Emperador. El regreso a Trujillo atravesando el Parque Nacional de Monfragüe nos permitió disfrutar de su gran riqueza paisajística.
Al día siguiente nos llegamos a Cáceres y disfrutamos de esta ciudad monumental. Desde su Plaza Mayor, donde la guía contratada para la visita nos hizo una introducción previa, atravesamos el Arco de la Estrella, y nos dirigimos a la Plaza de Santa María, donde se ubican la Catedral, que le da nombre, el Palacio Episcopal y el del Mayorazgo. Pasamos luego a la Plaza de San Jorge, y desde allí a la de San Mateo. En ambas pudimos saborear siglos de historia y admirar la sólida construcción de los edificios. El largo paseo por el interior del recinto amurallado colmó sobradamente nuestras expectativas. Ya de nuevo en la plaza, el almuerzo en uno de los restaurantes de la Plaza Mayor nos dio pie para, a los postres, llevar a cabo el tradicional brindis y los discursos siempre presentes en nuestros encuentros.
Tras regresar a Trujillo, dedicamos la tarde a recorrerlo, a visitar entre otros monumentos la magnífica iglesia de Santa María la Mayor y a admirar el excelente porte de las casas señoriales. Breve descanso en la Plaza, junto a la estatua ecuestre de Pizarro, y un largo paseo hasta la base del castillo. Curioso el que en una de sus torres restauradas esté presente el escudo del Atlético, y más sorprendente aún la resistencia física que demostramos tener -no podíamos sino seguir al maestro, Carlos Urdiales, que iba abriendo camino- para superar sin demasiado problema las empinadas cuestas. La cena, al aire libre en unas mesas instaladas en el exterior del restaurante Nuria, en uno de los extremos de la Plaza Mayor, y a los postres unos emocionados versos de Antonio Montero. Extraordinaria la imagen, tras caer la tarde, de los edificios iluminados.
MADRID, 2019
En la primavera del 2019 volvió a ser Madrid testigo de nuestro encuentro. Si en del 2013 nos desplazamos a Griñón y en el 2016 lo hicimos a Segovia, en esta ocasión el desplazamiento tuvo lugar primero a Aranjuez y otro de los días a Alcalá de Henares y Guadalajara. En el primer día del encuentro realizamos la visita al Museo de Historia de Madrid, y recobramos fuerzas en Casa Hortensia, restaurante asturiano donde nos sirvieron un suculento almuerzo. Dimos también un paseo por la zona de Palacio, visitamos con detenimiento la Catedral de la Almudena y descendimos a la cripta, donde tuvimos un recuerdo para los compañeros ausentes.
La visita a Aranjuez, en el segundo día, resultó entretenida. Hizo un tiempo excelente, lo que nos permitió visitar con tranquilidad los jardines del Palacio y la Casita del Labrador. La comida, en La Rana Verde. Después, un agradable paseo por el río en una embarcación contratada para el grupo.
Y en el tercer día, primero a Alcalá
de Henares, donde tras
visitar
la Universidad, la Casa de Cervantes y el antiguo Corral de Comedias
disfrutamos de un excelente almuerzo en la Hostería
del Estudiante.
Un paseo por
la ciudad, para bajar la comida. Y de
nuevo al autocar, para llegarnos a
Guadalajara.
Allí admiramos el Palacio del Infantado y visitamos la concatedral
de Santa María, entre otros monumentos históricos.
Maestro. Doctor en Ciencias de la Educación
Emérito UCJC

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