NÚMERO 142. AÑO XVII
la santa tradición
Estamos por los clásicos. Estamos con Quevedo escuchando con los ojos a los muertos y viviendo en conversación con los difuntos. Estamos con Virgilio. Ahora con su Eneida, mientras arde de nuevo la Troya del siglo XXI, la que nos toca vivir.
Como en la Troya de Eneas, en la nuestra no es solo una ciudad la que arde, arde una civilización, una memoria histórica una forma de habitar el mundo. En una sola noche, las murallas de la Troya de Eneas ceden, el humo oscurece el cielo limpio, pasa su esponja de nube que quiere borrar el recuerdo de lo que fue grande. Eneas comprende que no hay defensa posible, que no se trata de salvar las piedras sino de salvar el alma de Troya, lo más profundo y frágil.
En ese instante Virgilio nos ofrece un gesto grandioso. No va a huir solo de aquel fuego infernal. Carga con su padre. Es un peso, le resta agilidad. Ha de hacerlo. El poeta se dice y el orbe entero contiene la respiración: “Et sublato montes genitore petivi. Y, habiendo cargado con mi padre, me dirigí hacia los montes.»
En la Eneida tenemos nuestro espejo. En él nos miramos. Con Quevedo escuchamos con los ojos a los muertos.
De lo que en Educación fue históricamente nuestra Troya salvaremos el alma.
MAGISTERIO |
3 En cuanto los niños se han soltado un poco en la escritura es posible hacerles escribir verdaderas redacciones: frases sencillas, enumeraciones.
4 Se parte de carriles de nombres, adjetivos y verbos: Mi clase tiene profesor, mesas, dos puertas… La lluvia es fina, tenaz… La manzana huele, rueda… En estos primeros pasos no habrá que buscar originalidades. Que el alumno descubra que la nieve es blanca puede ser un hallazgo que celebrar.
5 La enumeración enriquece el vocabulario del alumno, desarrolla su espíritu de observación, le lleva a puntuar debidamente y hasta puede conseguir con ella poesía. La enumeración es una figura literaria.
6 Eugenio d´Ors nos lo dijo y dejó dicho para nosotros: “Redactar, redactar, redactar; del redactar provienen después privilegios y primacías”.
7 Una de las claves de nuestro trabajo de la expresión escrita es la morosidad: montaje pieza a pieza, selección, articulación minuciosa, orden de tiempos y de espacios.
8 En Europa el único sistema sistemático y graduado para el aprendizaje completo de la expresión escrita es nuestro Sistema Redacta. Lo premió con elogios el Colegio de Doctores y Licenciados de Madrid en 1988.
9 Deslizarse por los clásicos, copiarlos, recopiarlos, imitarlos, volver sobre ellos: son una pista de despegue para levantarse a los logros personales de la expresión escrita.
Palabras y personas (I)
Propósito de buena conducta de un anciano,
en otro tiempo maestro
Es de sobra sabido de casi todos los maestros y maestras, cuando se toman su profesión como cosa propia, tienden a vivir con el dedo índice enhiesto y mirando un poco por encima a todos los demás mortales. Es una pena, pero es así.
Se lo va dejando su profesión: viven señalando cómo son y cómo deben ser las cosas a personas que todavía no lo saben. Por eso lo del dedo, que señala dónde está la verdad, y la mirada en picado, de arriba hacia abajo.
En realidad, así debe ser, mientras se es maestra o maestro. No son amigos de sus alumnos. No pueden serlo, porque la amistad supone cierto nivel de igualdad, y en el diálogo educativo esa igualdad no puede existir, por principio.
Un paréntesis: otra cosa es, ciertamente, el amor entre maestro y discípulo. Incluso, como decía La Salle, el amor tierno. Debe amarse tiernamente, como padres y madres o tal vez hermano, pero mayor. Pero nunca ese amor puede suprimir el desnivel entre uno y otro de sus polos. Nunca.
Pues bien. Resulta que, en cuanto nos descuidamos, introyectamos tanto el dedo como la mirada y salimos a vivir con aires de quien conoce todas o casi todas las claves y está ahí para señalárselas a gentes que no llegan a ellas.
Claro que, cuando un maestro tiene, además de su profesión, otros ámbitos de vida, otras experiencias fuertemente identificadoras, entonces puede superar con cierta normalidad las deformaciones de su quehacer diario. Lo uno le enseña a enseñar y en lo otro aprende a pertenecer. Juntos los dos, enseñar y aprender, la vida del maestro tiene sentido, coherencia, equilibrio, unidad. Entre los dos.
El problema aparece cuando lo otro, es decir, esa otra vida en la que el maestro se sabe necesitado y perteneciente, cuando esa otra vida no tiene tanta densidad. Cuando no pesa tanto, cuando no contribuye a aplomar su vida, entonces el maestro vuela por los vacíos, dejando tras de sí un aura, entre encantadora y ridícula: es buena persona, sí, pero se imagina que todo está ya dicho y hecho. Y que él o ella están ahí para recordárselo a todo el mundo.
Entonces habla, examina, programa, evalúa, propone, recompone, difunde, vocea, escribe… cosas que en parte son verdad y en parte no. Son verdad en cuanto vienen de una experiencia honesta, larga y contrastada. Pero no lo son por cuanto que les falta el punto de sospecha, duda, debilidad, escucha, esperanza, inexactitud… de todas las cosas de la vida.
Sin darse cuenta, trata como alumnos a cuantos encuentra. Y no se da cuenta porque tal vez en su vida no ha ejercitado otra manera de relacionarse. Se ha hecho de tal manera uno con su profesión, que su propia persona se ha reducido a muy poco.
Pedro Gil
Maestro, teólogo
|
Saltamos al Primer ensayo del bachiller |
(Etapa nº 4. Final)
Deslizado el aprendiz de escritor por carriles, que enumeraron nombres, calificativos y verbos; ejercitado reiteradamente en los tres enfoques que abrazan la totalidad de los frentes de su necesaria expresión personal y social; interiorizados los enfoques científico, fabulador e intimista, le lanzamos a algo que no sobrepase la medida del músculo expresivo alcanzado. Le pedimos un primer ensayo.
🎇 No le lanzaremos sino a lo que pueda dominar con soltura, por más que pensemos que ya puede volar solo.
🎇🎇 De propósito le haremos pasar por obras de arte maestras, hitos del arte clásico, expresiones literariamente cimas.
1. Detenida lectura literaria. Le sugerimos La noche, como tema. Le pasamos la Noche serena de Fray Luis, como punto de partida. Que la lea, se entere con detalle de su autor, lugar y momento de su composición, estilo, vocabulario de la oda, estructura, valor literario, etc.
2. Otros poemas. Que busque él o le ponemos nosotros a tiro -trabajamos con él- otros poemas literarios valiosos como La noche oscura del alma, La noche de la fe de San Juan de la Cruz, el Nocturno de Borges y el de Gabriela Mistral o del venezolano Osorio, el Crepúsculo de la tarde de José Zorrilla, La revelación de Pemán, La noche de los que se separan de Rosalía de Castro, un par de Rimas de Bécquer, A media noche, de Salvador Rueda, Noche de Todos los Santos de J.R.J., Anoche cuando dormía de A. Machado, la Oda a la noche de Borges... No mucho más. Le pueden dar pistas originales y descubrirle que la noche varía a la luz de silenciosos candiles o de faros poderosos.
De todo tomará nota escrita. Es su primer ensayo, serio, riguroso.
3. Estudio de la noche desde la lengua “calderilla”. Se dedicará luego al estudio de la palabra noche: raíces, etimología, derivadas, modismos, refranes...
4. Estudio de la noche en las artes. Buscará la noche en la Biblia y en la Historia que trabajó como bachiller (Noche triste, Noche de San Bartolomé, de San Daniel). La noche en el teatro: Shakespeare, Lope, Pemán... En las Bellas Artes: iconografía, mitología, pintura y escultura (la Adoración de los pastores, la Ronda de noche, el Martirio de San Lorenzo del Tiziano, los Fusilamientos del 3 de mayo de Goya, la Catedral de Ruán de Monet, la Noche estrellada de Van Gogh, la Noche de Miguel Ángel. La noche en la música: Nocturnos, Chopin, Debussy etc. Lo tendrá delante, tomará notas.
5. Redacción final personal. Cierra su “meditación-estudio monográfico”, en el que ha hecho detenidamente suyas las intuiciones felices de los grandes artistas de la noche. No es que las vaya a sintetizar. Su página final, el documento que abrocha su ensayo ha de ser la expresión escrita de su experiencia personal enriquecida con las experiencias de la Humanidad en sus momentos cumbres. En él hablará desde su “yo profundo”. No buscábamos una redacción más, ni tampoco una obra de arte digna de la historia de la literatura; pretendíamos solamente un primer ensayo cifra.
Trabajos de este rigor y hondura, tras la frecuentación con obras maestras del arte, que duda cabe que preparan el Gran Estilo educador de la persona a que tiende nuestra Escuela. Experiméntese y se verá que no proponemos algo que se lleva el viento.
Este camino no es como el de Villarmentero, que en Castilla oí decir que no iba a ningún sitio: corona un estilo y facilita el Gran Estilo.
CARLOS URDIALES RECIO
Maestro. Profesor de Lengua y literatura
Emérito UCJC

AFDACUARELA ABRIL, 2026
Se fue el invierno
El invierno siempre nos ofrece la textura de las tierras de Castilla y su color. Tierras de color ocre pálido o pequeñas laderas de un verde incierto. Tierras que han estado cubiertas por la nieve, pero que pronto ofrecerán pequeñas flores amarillas, rojas amapolas dispersas o el violeta de las flores de los cardos. Y el suelo será todo verde hasta que llegue el verano y madure la mies. Son tierras con humildes piedras cenicientas y apenas arbolado. Son los campos de Castilla que esperan esparcir los olores –“tomillo, romero, salvia, espliego…” que sintió y cantó Machado.









No hay comentarios:
Publicar un comentario