NÚMERO 135. AÑO XVI
¡Hay que regresar a Séneca!
La Escuela moderna está exigiendo a gritos que volvamos a la docta afirmación de nuestro paisano cordobés el estoico Séneca: “Non vitae, sed scholae discimus”. Con ella nos estaba diciendo su contrario, el que le dieron en el siglo XIX en Hungría y en Alemania: “Non scholae, sed vitae discendum est”. («Debemos aprender no para la escuela sino para la vida»).Habrá que poner en pie de guerra toda la artillería pesada y la infantería más ligera y decidida para fijar la meta: la VIDA (mayúsculas, y así, viento en las velas): mar y meta en el que la Escuela ha de desembocar o no es Escuela.
¿A qué clase de vida se encaminan hoy las Escuelas? ¿A una vida mediocre y aburrida que busca como meta última una bobada de felicidad, a una mercantilista propia de espabilados, a una vida que no pase de sonajeros estados de bienestar, a una tranquila de muelle comodidad...?
No hace tanto tiempo que decíamos muchos de nosotros que “estábamos contra la vida cómoda”. ¿Ha dejado de ser una meta lo que fue no hace tantos años para jóvenes idealistas un lema de vida?
Una neblina algodonosa ha venido desdibujando la magna realidad del Reino de la VIDA. Ya no aspiramos a su plenitud y alto vuelo, sino a las migajas de un pan lechuguino de cuatro canteros que es el que nutría a los mejores estómagos de los nuestros, laboratorios de cultura y de vida.
Todo un alarde literario y poético nos será menester o erraremos el camino.
Desdibujada la meta, ya no hay camino que seguir ni que inventarse si no ha de dar la Escuela con su mejor horizonte y logro.
Nos falta y urge hoy tocar la “realidad” de la Vida, su concepto, mejor, la intuición de lo que la VIDA es. La hemos dejado en un rincón de los Evangelios, aquel en el que Dios mismo nos dejó dicho: “Yo soy el camino, la verdad y la VIDA”.
¡Un velo de neblina hoy no nos la deja descubrir en toda su grandeza y nitidez! Descubierta hoy o mañana la esencia y entraña de la VIDA, todo será coser y cantar.
Y volveremos a decir, desde la Escuela, con Séneca y ya en triunfo y por derecho, con toda razón: “Non scholae, sed vitae discimus”.
👬🚝 MAGISTERIO 🚝👬
👬🚝 MAGISTERIO 🚝👬
Hablando de la relación maestro/alumno, La Salle emplea un verbo atrevido: chérir. Chérir significa querer, amar, con el matiz de tiernamente. Así debe amar el maestro al alumno.
Se supone que la ternura viene, en este caso, por la edad tierna del alumno, con quien el maestro ha de ser padre y madre, además de hermano mayor. Si quiere que el alumno avance, ha de amarle, ha de hacerle sentir que quien le está enseñando las cosas de la escuela es alguien que le quiere.
Es el sentido del término, un tanto atrevido o poco frecuente en aquellos días de comienzo de la Modernidad, hace trescientos años, cuando se tendía a considerar este quehacer como un ministerio más domesticador que otra cosa. Ahí está el vigilar y castigar, de Foucault, para mostrarlo.
Por eso expresa algo tan atrayente a todo maestro: su alumno debe sentirse amado. Él deberá amar, a su vez, y entregar su amor en las manos de Quien lo ha hecho posible y diariamente lo enciende. Cuando se vive así, este ministerio tiene sentido, identifica, hace pasar del verbo trabajar (de maestro) al de ser (maestro).
… Lo cuento porque recientemente me he encontrado con un autor o un libro que invita a ir más allá. El autor es M. Recalcati y su libro La hora de clase (por una erótica de la enseñanza), y de lectura recomendable.
El caso es que, de la mano de este autor vuelven aquellos términos griegos que el Psicoanálisis emplea, con un sentido muy preciso: eromenos y erotes.
El primero, eromenos, se refiere a quien es amado; el segundo, a quien ama. Se diría que son como dos participios: pasivo y activo. (Los antiguos griegos, por cierto, en su modo especial de considerar la sexualidad, lo aplicaban específicamente a las relaciones homo).
Desde La Salle a Lacan (o a Recalcati, que tanto da en este caso): lo que este distingo aporta es que, además de sentirse amado, es imprescindible que el alumno aprenda a amar. Que además de amado, vaya haciéndose amante, vaya aprendiendo y ejerciendo el amor. Entonces queda completo este círculo virtuoso.
Se entiende, sin mucha más palabra. La educación consiste en que el alumno aprenda a amar las cosas, se especialice ilusionadamente, alcance el gusto por tal o cual tema, materia, habilidad, profesión. Que sienta nacer el amor, dentro de su vida.
Si lo expreso ahora, en estas páginas, es para proponer y proponerme una pregunta: a lo largo de mi vida en este ministerio ¿me he sentido llamado, tocado, por el amor en algo que estaba aprendiendo? Es decir: ¿me ha entusiasmado, o al menos ilusionado un poco, alguna ciencia, algún sector de las ciencias, el conjunto de los saberes desde alguna perspectiva, algún trabajo de consistencia, algo? ¿En qué me he especializado y por qué?
Sí. Esta pregunta me ayuda a poner orden de calidad en mi formación, en la conciencia de mi identidad, en el sentido de mi compromiso con mi vida o con la compañía que he escogido. Ayuda mucho a relacionar la ilusión de vivir y la ilusión de saber, de conocer, de ir más allá de las apariencias o de las trivialidades. Es un examen de amor, nada menos.
Porque me surge una duda angustiosa: si no he ayudado a que surja el amor por algo, tal vez mi vida como maestro no haya tenido o esté teniendo mucha calidad. Y eso, aunque me haya esforzado por querer y respetar a mi alumno, creyendo que bastaba.
¿Qué pensar, por ejemplo, del maestro de ciencias sociales que no entusiasma a su alumno con las posibilidades del conocimiento de las dinámicas sociales? ¿Qué, de la maestra en idiomas que no entusiasma con el dominio de la comunicación a través de otros códigos que el puramente doméstico? ¿Qué del gramático, el esteta, la psicóloga, la gimnasta…, que no…? O esto otro: ¿qué pensar del maestro de religión que no consigue despertar interés vital por el conocimiento y el compromiso con aquello que presenta?
Despertar el amor: no es ninguna broma, no.
PEDRO MARÍA GIL LARRAÑAGA
Maestro, teólogo
"el artificio fundamental para enseñar todo a todos,
enseñar con solidez, no superficialmente,
no con meras palabras"
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El misterio de la existencia no siempre se les manifiesta a los filósofos de buenas a primeras. A veces el amanecer a ese profundo misterio es paulatina. Es el caso del filósofo de Münster, el alemán Peter Wust (1884-1940).
De él escribe Alfonso López Quintás esta página deliciosa:
“A lo largo de toda su vida Wust entendió la inmediatez con la tierra en la que viven los hijos de los labriegos como un don. Y si bien se leen sus obras, se observa que el tema de la vecindad con la naturaleza se deja oír una y otra vez como motivo guía que orienta y da sentido al conjunto. Recordando en su lecho de muerte sus largas marchas de escolar a través de los campos, escribe: `El paseo diario de ida y vuelta a través de la montaña entre Rissenthal y Whalen ponía mis mejillas frescas y encarnadas, despertaba mi apetito, daba agudeza y luminosidad a mis ojos, elasticidad a mi cuerpo y capacidad de asimilación y afán de saber a mi espíritu (mi alma se hizo contemplativa y piadosa ante el misterio del ser. Estos paseos para ir a clase de latín dieron a mi fantasía todavía virgen tal vez más alimento y estímulo que todo el mundo libresco de las universidades que más tarde habría de frecuentar´. Con toda objetividad, sin el menor indicio de exaltación romántica, Wust habla muy a menudo de la “sabiduría y el estilo de la aldea”, ámbito humano de privilegio en que las cosas mismas son piadosas por mantenerse fieles a su ser originario”.
(Cfr. López Quintas, A..: Pensadores cristianos contemporáneos
BAC, 274, Madrid, 1978)
🍁💥NUESTRO LEMA💥🍁
AFDA saluda a nuestro nuevo pontífice León XIV.
Le alargamos la mano. Estamos dispuestos a seguir camino adelante, con él y con San Agustín, a quien veneramos y leemos, en pro de una evangélica sabiduría y de una justicia social que abra las puertas de una paz duradera.
Con León XIV “tenderemos puentes”, nueva expresión que hacemos nuestra para seguir llevando el lúmina de nuestro lema al límina de nuevos amaneceres.
Teódulo GARCÍA REGIDOR
La buganvilla, que es más bien hoja que flor, siempre me encantó. Quisiera que fuera hoy la flor que invitara a pasar un verano lleno de color y de alegría. Y puede hacerlo porque esta planta también se llama veranera. El sol radiante y el mar de fondo son también expresión de este verano ya próximo que deseo a todos feliz.














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