144 Heidegger (IX)

                            

 

El ser olvidado de la Edad Media

y el olvido de Heidegger 

de la teología medieval


En la última entrega vimos cómo Heidegger comenzaba su reconstrucción de la historia de la metafísica como la historia del olvido del ser. Ya desde la Antigua Grecia, su sentido originario quedó adulterado por una subordinación a lo ente, de tal manera que preguntarse por el ser se identificó con un preguntar acerca de todo “lo que es”. Aristóteles consumó este giro al hacer de la metafísica la ciencia del ente en cuanto ente, buscando dar una respuesta al problema del cambio en el mundo. Esto le llevó a identificar el ser con la sustancia, aquello que permanece bajo toda mutación, y que constituiría la causa de todo cuanto existe. La Edad Media recogió el proyecto legado por Aristóteles al hacer de la metafísica una pregunta por las causas primeras, y que consiguió materializar en la idea Dios.

El Dios medieval es caracterizado como creador. En Él se reúnen todas las perfecciones del ser de lo ente, siendo Él mismo su máxima expresión: el ens perfetissimum. Estamos, para Heidegger, ante una hipóstasis de lo óntico: el ente es sacado de su inmanencia mundana y transformado en trascendente, al situarlo más allá del plano donde acontecen las existencias de nuestro universo. Es así como la filosofía medieval consiguió sincretizar el mundo de las ideas platónico con la idea de sustancia aristotélica. El error aristotélico de hacer del ser algo inmanente es corregido al situarlo de vuelta al plano trascendente, pero se trata de una trascendencia viciada por la inmanencia del ente, de forma que ya no habría espacio para el ser en cuanto tal.

Sto. Tomás de Aquino

 


 Si bien la lectura de Heidegger del pensamiento medieval es interesante y pertinente para comprender el transcurso de la metafísica en su historia, lo cierto es que no hace justicia a la verdadera comprensión  del ser medieval. Simplemente acudiendo a Tomás de Aquino, encontramos que de ninguna manera es Dios ente, aun entendiendo por ello el ente perfecto. Todo lo contrario, Dios es, ante todo, el acto de ser subsistente por sí mismo (Ipsum Esse Subsistens). Si para Heidegger el ser se define por ser precisamente lo no-ente, lo que no puede ser cosa, así también El Aquinate entendía a Dios, no como un “algo”, sino precisamente como el acto de ser en toda la creación. Si bien el acto es productor de entes, por ello mismo no puede compartir con él su cualidad de “ente”, pues Dios es precisamente aquello que queda más allá de lo ente. Heidegger también parece obviar la tradición teológica en la misma Alemania medieval, donde figuras como el Maestro Eckart y Nicolás de Cusa pensaron a Dios como aquello más allá de la lógica finita del hombre, que siempre se encuentra, en palabras del Cusano, “a este lado del muro del paraíso” (La visión de Dios, p. 50). 


Nicolás de Cusa

 


Maestro Eckart
    

¿Y si los medievales tuvieron una mejor comprensión del ser de lo que Heidegger creía? ¿Y si ellos también se dieron cuenta de la naturaleza contradictoria del ser, que, sin ser ente, es fundamento del mismo? Puede que la elaboración de la pregunta por el ser pase por acudir de vuelta al medievo. Mas, para ello, antes habría que acabar con muchos prejuicios que ocultan ante nuestros modernos ojos el tesoro de mil años de pensamiento.

 

Nicky Arnell León

Fin de carrera de Filosofía

Universidad de Málaga

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