LEGUA
La legua fue palabra utilizada como medida de distancia que, según el sistema español antiguo equivale a 5572,7 metros. Dice la RAE que su origen quizá sea prerromano y que ha evolucionado de leuga a legua. Antes que Miguel Delibes, esta palabra aparece en el Lazarillo, libro que comienza en Salamanca y acaba en Toledo y en el que Lázaro recorre las provincias de Salamanca, Ávila y Toledo. Muchas leguas son esas.
También en el Quijote, en uno de los capítulos más conocidos de la novela. Quizá el más conocido. Ante los molinos de La Mancha, don Quijote en esta ocasión cree que son gigantes. Entiendo yo que en otras ocasiones don Quijote había visto molinos donde había molinos. Pero esta vez probablemente tenía un pico de locura y por eso lo que veía eran gigantes. Y le dice así a Sancho: “Aquellos que allí ves —respondió su amo—, de los brazos largos, que los suelen tener algunos de casi dos leguas”. Es decir, que según don Quijote, alguno de aquellos gigantes tenía los brazos de casi 11 kilómetros. Una exageración propia de la mente de don Quijote.
En Miguel Delibes, la legua aparece en Viejas historias de Castilla la Vieja: (...) a tres leguas de mi pueblo (...). Y en El último coto en una de sus primeras páginas: Dos leguas al sur de Santa Espina.Viejas historias de Castilla la Vieja es un libro más antiguo en el que además el escritor se centra en las viejas tradiciones de un pueblo. Pero El último coto se publicó en 1992 y es un resumen de los últimos años de caza de Miguel Delibes. Curioso.
Por tanto la legua, que es una medida que cambia según los países, es una palabra, esta sí, en desuso. No se perderá del todo en cuanto se guarda en libros como El Lazarillo, El Quijote, 20.000 leguas de viaje submarino o El último coto. Al menos eso la salvará de su olvido.
JORGE URDIALES YUSTE
Doctor en periodismo. Profesor
Especialista en Miguel Delibes

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