¡ALUMNOS MIRONES!
CARTA A QUIEN ESTÁ LLAMADA UN DÍA A GOBERNAR
UNA ESCUADRA DE NAVES DE LA EDUCACIÓN
DESDE SU PUENTE DE MANDO
N.º 4
Mi querida Lourdes:
Que miren con tal intensidad y demasía que merezcan el calificativo de mirones. Que miren y que pregunten. En tus escuelas el alumno que no pregunta está ocupando un asiento que no le corresponde. Con él, a la calle, que se vaya a otro colegio. Me lo leerás y me lo oirás decírtelo mil veces: un alumno sin preguntas no es de los tuyos. Los tuyos son mirones, son todo ojos si es que son de los tuyos. Y preguntones.
En cuanto a mirones has de conseguir que todo les asombre, como a Daniel el protagonista de El camino de Miguel Delibes, el de los ojos grandes y redondos como los gatos. Sabes que le llamaban y se quedó con el mote del Mochuelo. Te copio de El camino (IV pp. 39-40), por si no lo tienes a mano:
Germán, el hijo del zapatero, fue quien primero reparó en su modo de mirar las cosas atento, concienzudo e insaciable.
- Fijaos –dijo-; lo mira todo como si le asustase.
Y todos le miraron con mortificante detenimiento.
- Y tiene lo ojos verdes y redondos como los gatos –añadió un sobrino lejano de don Antonio, el marqués.
Otro precisó que aún más y fue el que dio en el clavo.
- Mira lo mismo que un mochuelo.
Y con Mochuelo se quedó, pese a su padre y pese al profeta Daniel”. (IV pp.39-40)
Que a tus alumnos les pase lo que le pasaba a Daniel, el Mochuelo, y a sus amigos Roque, el Moñigo, y a Germán, el Tiñoso, que muchas tardes, ante la inmovilidad y el silencio de la Naturaleza, perdían el sentido del tiempo. Mientras tus alumnos no pierdan el sentido del tiempo, en tu colegio, no han acabado de entrar en tus colegios, parecerá que están en otro.
Has de conseguir que tus alumnos disfruten del delicado placer de mirar sin más ni más, de mirar constantemente, pase lo que pase, que practiquen el mironismo. Ese mirar por mirar, que no se sacia nunca. De modo y manera que saquen el partido posible que su edad les tolere a lo que el Centro de estudios coloca ante sus ojos de mochuelo. El mirón, lo comprobarás, lleva el premio en sí mismo como el hueso la fruta. Su mirar por mirar, sin más ni más, con la cabeza vacía de prejuicios, esfuerzos y cuestas arriba, le hará despegar, que le pierdas en el horizonte, por su absorto mirar.
Quizá está descubriendo nuevos mundos, mundos ingrávidos y extraterrenos, como los de los místicos, ¿quién sabe?
En cuanto a lo de oír y escuchar, lo tenemos empinado. Hoy es frecuente que te digan que no te escuchan cuando habrían de decir que no te oyen. Confusión, que no cabe más. Si tus alumnos son todo ojos, también han de ser todo oídos. Esto queda para otra carta.
Te quiere bien,
Carlos Urdiales Recio
Emérito UCJC


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