Si en el último AFDA, el 143, nos decía Apuleyo que se le iba el día en un soneto, hoy sabemos que hasta hace poco era el abuelo que intenta dormir a sus nietos, que no los duerme sino que los desvela por lo que cuenta y cómo lo cuenta.En “La piel de la serpiente otras veinte aventuras sorprendentes” espigamos una muestra:
LA ARDILLA Y EL PAJARITO
Estaba una ardilla
subida en un pino
cascando piñones
con sus dientes finos,
y llego piando
un pájaro lindo
que, pica que pica,
le dijo al oído:
- Me das uno solo
de tus piñonicos
y me lleno el buche
y me hago tu amigo?
- Bueno, si tú quieres,
yo quiero, acerico
de plumas calientes
y listos ojillos;
pero no te rompas,
por favor, el pico.
Y desde ese instante,
el pa-pajarillo,
como si del cielo
se hubiera caído,
se quedó a su lado
dándole cariño,
pues estaba sola
la ardilla del pino.
Y es que la amistad,
queridos bambinos,
vale más que el oro,
la plata, el platino,
los montes, los valles,
la tierra, los ríos,
los encantamientos
y los piñonicos.
¡Oye, oye, oye…
que os habéis dormido!

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