CUENTOS DEL ABUELO |
En un país muy lejano había un rey que vivía en un suntuoso palacio. El rey era muy rico Tenía todo lo que una persona podía desear.
Una tarde de otoño paseaba el rey por sus jardines. Algo que se movía entre las ramas de un frondoso sauce le llamó la atención.
Medio escondido observó a un duendecillo que tatareaba una pegadiza y preciosa canción.
El rey se sorprendió, pero el pequeño y misterios personaje inclinándose respetuosamente le tranquilizó. i
- Ya sé que Su Majestad tiene de todo, pero pídame lo que desee con todas sus fuerzas.
El rey se quedo sorprendido y al momento contestó al duendecillo.
- Pues me gustaría le dijo que en mi palacio todo fuese de oro, que todo lo que yo toque, que todo lo que yo toque, se convierna en oro: quiero oro, oro, todo de oro.
- Si ese es su deseo mayor – le contestó el duendecillo- le será concedido al instante. Ya lo tiene concedido.
Al rey le gustaba comer bien y en abundancia. Sobre la mesa del comedor había toda clase de sabrosos alimentos, las mesas, los platos, los cubiertos, los vasos, todo, todo, hasta los manteles se habían convertido en oro.
El rey, llevado de su ambición, lo había tocado todo, transformando todo en oro.
Amiguitos que estáis escuchando este cuento de los abuelos no sé si adivináis lo que en la cena de esa noche sucedió en el lujoso salón comedor del palacio.
¡Qué barbaridad, qué tristeza, qué tristeza! Aquellos apetitosos y ricos alimentos cuando los tocaba el vanidoso y glotón rey para comérselos, se convertían en trozos de brillante metal dorado, se convertían en trozos de oro puro. Todo, todo al tocarlo se transformaba en oro. Era el rey más rico del reino.
Impaciente y temeroso acudió rápidamente al jardín para buscar al duendecillo.
Lo llamó a gritos. Hasta que por fin oyó la canción que salía de entre las ramas del suace.
El rey arrodillado, suplicante y llorando amargamente rogó que todo volviera a ser como siempre.
Ante tanto sufrimiento y viendo el hombrecillo que el arrepentimiento del rey era sincero, perdonó su loca ambición y todo volvió a ser como antes.
El rey cambió su forma de ser, de pensar y de hacer las cosas y en adelante fue un rey bueno, muy bueno.
Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado.
¡¡¡Los cuentos del abuelo!!!

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