5/31/2026

NÚMERO 144

NÚMERO 144.  AÑO XVII  

JUNIO,  2026 

 

   NUESTRA ESCUELA SE ADENSA EN SOLITARIO


 En la decadencia general del mundo, de Europa y de España ¿que podremos hacer nosotros, los que no tenemos más voz que la que nos dan las aulas de los colegios a los que acuden niños y muchachos aún no formados. Nos escuchan unos infantes que, por etimología, ni hablan. Al parecer solo predicamos en el desierto, para la arena y las pirámides que, desde que se plantaron, aguantan las tonterías que dicen los guías de turistas y callan, mudas y sordas. El desierto nos atraviesa, en él no hay manera de permanecer.

La pedagogía como ciencia universal, lenguaje que se habla hoy con palabras hechas, está por crearse, está por hacer. Ha habido intentos sueltos en la noche de los tiempos, logros parciales, maestros de una pieza, que llevaban a sus espaldas toda una tradición de cultura.

Tecnológicamente los humanos hemos avanzado mucho, pero moralmente somos un desastre como grupo y como sociedad; uno a uno, desastres, que ya apenas si tenemos conciencia de esta decadencia general.


¿Se puede hacer algo? Sí y mucho, si “el resto” (semejante al “resto de Israel” de que habla la Biblia) que queda de España, se pone en pie, se adensa en cada persona y surge en cada uno de nosotros, los que seamos (pocos, para empezar, luego muchos), al hidalgo que como españoles llevamos dentro y a la matrona española sin par que eran nuestras abuelas. Preguntad a los más viejos.

Es preciso volver a dibujar en el interior de cada uno al español que nos tocó en herencia. En el interior y por fuera, la pieza entera.

Habrá que recordar a Unamuno en la introducción de su Vida de don Quijote y Sancho. Lo que allí nos dice es muy seguro:


Ponte en marcha, solo. Todos los demás solitarios irán a tu lado, aunque no los veas. Cada cual creerá ir solo, pero formaréis batallón sagrado: el batallón de la santa e inacabable cruzada.

 


MAGISTERIO


                          Maxima debetur linguae” reverentia
                                               

          NUEVE  AXIOMAS DIDÁCTICOS

          DE NUESTRA ESCUELA


 9  La declamación


1 En nuestra Escuela se trabaja la declamación y la elocuencia. Con la primera recitamos casi solo versos y con la segunda predominantemente hablamos prosa. Las dos nos importan para la formación personal y social del alumno.

2 Tanto en la declamación como en la expresión oral buscamos una pronunciación clara y correcta; la cadencia exacta en la entonación de una frase y el hacer danzar las sílabas con el ritmo interno de cada palabra y de su conjunto en la frase.

3 De ordinario, con textos clásicos, pretendemos fortalecer el personal pensamiento del alumno, afinar su sensibilidad natural y romper la timidez inicial del aprendiz.


Cicerón en el senado

Demóstenes

                       

4 Cinco elementos llevamos de calle: a) la recta pronunciación, b) la conveniente entonación, c) el sentido del ritmo, d) la expresividad del gesto y e) la compañía de una actitud corporal adecuada.

5 Las poesías que elegimos son clásicas y a la vez populares: de ritmo regular, bien marcado, con pausas parecidas, rima pegadiza y una línea melódica estable. De menor a mayor dificultad, según edades y aprendizaje.

6 Hay versos que han escrito los poetas que nos van como anillo al dedo y prosas que nos parecen trajes cortados a medida para mejor vestir al declamador. Anillo que se han de poner los aprendices y ropa con que vestirse a diario: repetir y repetir, hacerlo suyo.

                            

 

7 Toma en serio la declamación quien la vive por dentro, quien sale del personaje que es y se enfunda en otro valioso. Algo se va a llevar a su casa del otro cuando vuelva a ella.

8 Apréndase de memoria el texto que se va a declamar: el esfuerzo no ha de gastarse en recordar sus palabras sino en su mejor interpretación.

9 Conocer la biografía del autor, las circunstancias en las que compuso su texto y otros datos de su creación, ponen alas al vuelo de la declamación.



                 CARLOS URDIALES RECIO

  Maestro. Profesor de Lengua y  Literatura 

Emérito UCJC






                  

        
             NON SCHOLAE SED STILI

                  No para la Escuela sino para el estilo (9)

              

         Subiendo la escala de Max Scheler


En el último año de nuestra Escuela de Magisterio a los alumnos se nos sugirió la idea de realizar un trabajo a fondo de investigación y precisión. No se nos obligaba. Y tres de nosotros, optamos por uno de los temas sugeridos: “La Escuela lasaliana, escuela para la vida”.


Entre los libros que manejamos uno de ellos era “La Filosofía, hoy” de M. F. Sciacca. Allí encontramos algo que nos marcó ya de por vida y habría de marcar nuestro magisterio inmediato.

Fue como el manto que dejó caer el profeta Elías, en beneficio de Eliseo, tras el arrebato del carro de fuego que lo sacó de este mundo.

En adelante nuestra vida tendría una capa con estrellas, que cubriría toda nuestra existencia futura con un nuevo Estilo y sería una bandera para nuestro magisterio inminente.

El Director de la Escuela, que alentaba y “dirigía” nuestro trabajo, al terminarlo nos dijo que con él habíamos aprendido tanto o más que con la totalidad de las materias del curso. Era cierto.


Lo que encontramos en La Filosofía, hoy, fueron unos agudos análisis de páginas sugestivas de Max Scheler, sobre los valores, su jerarquía y su realización.

En concreto, nos entusiasmó la idea de que el acto más humilde y sencillo de la vida diaria podría dispararse hacia el Absoluto y convertirse en un homenaje perenne a Dios. Toda nuestra persona, sus pensamientos y actos, en el fondo, podrían ir cargados de una inspiración religiosa. Bastaba conque desde el grado ínfimo de los valores al realizar un valor positivo aspiráramos a la realización del valor inmediatamente superior y, siguiendo la escala, ir ascendiendo, de valor en valor, sucesivamente, hasta su cima: los valores religiosos.

Sería una manera de recoger todas las articulaciones de nuestra conciencia en una sola conjunción de voces, de infinitas tonalidades -música polifónica-, que vibrarían desde cuerdas vocales diferentes, pero coincidentes todas en su destino final, Dios.


A través de las cosas más inferiores y acostumbradas serviríamos al Altísimo. Saboreando un café, dando los buenos días, cediendo  el paso… explicando un verso de Lope, (lo que hermosearía el orbe, nos dispondría a favor de los clásicos)….; todo, completamente todo, podría hacernos mejores caballeros cristianos, prestos a serlo…: nuestro mañanero sorbo de café iría cargado desde su modesta acción de una inspiración religiosa. ¡Fantástico!

Entonces entendimos lo que en el ambiente de aquellos años se nos repetía de que “el hombre es portador de valores eternos”.

                                                                             CARLOS URDIALES RECIO

Maestro. Profesor de Lengua y literatura

Emérito UCJC

Corolarios

Primer colorario

El gran estilo venía a vestirnos a nosotros con un manto de estrellas que nos regalaba Max Scheler en 

el texto de Sciacca.

Segundo corolario

Max Scheler y el filósofo de Génova, M. F. Sciacca, en adelante serían amigos nuestros..

Tercer corolario

La existencia nuestra (y pronto la de nuestros alumnos) volvía a saltar desde el estilo al gran estilo.

                                                            







Servimos a un Señor que no se nos puede morir. 

En esto estamos en línea con el duque de Gandía, marqués de Lombay, grande de España 

y III General de la Compañía de Jesús, Francisco de Borja.

Que no se nos diga que hemos de ponernos a tono con los tiempos, 

porque contestaremos que los tiempos se pongan a tono con nosotros. La IA al servicio de la IN, por de pronto.

Nosotros hace tiempo que plantamos nuestros pensamientos y amores no sobre el césped que ha visto marchitar tantas primaveras; 

lo tendimos , como líneas sin peso y sin volumen, lanzados al ámbito eterno, 

a la Límina donde cantan los números su canción exacta y permanente.

No podemos ni queremos renunciar a Platón, a santo Tomás, al de Cusa, a Amós Comenio 

ni a La Salle, ni a Quevedo, ni a Calderón, ni a Unamuno, ni a Benedicto XVI… 

Indigentes y pordioseros de la Cultura, hace años que nos arrimamos a ellos

 y en su pelotón marchamos, a nuestro corto y modesto paso, pero nuestro, 

fascinados enteros por su Lúmina.




 AFDACUARELA                            juniO, 2026

                                                  TEÓDULO   


Tierra y cielo

Sin llegar a los “excesos” del Land Art o Arte de la tierra, que utiliza materiales naturales como tierra y rocas para modificar o “acercar” el pasaje -y para generar fuertes sensaciones-, y sin desear “la fusión de lo terrenal con lo celestial” que dicen los expertos… esta sencilla acuarela -sin árboles, sin ríos, sin casas- pretende hacer sentir la austera belleza de la tierra y el cielo.

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